lunes, 20 de octubre de 2014

Zaragoza, de Benito Pérez Galdós

A finales de 1808, tras fugarse de los franceses que le tenían prisionero, Gabriel llega a Zaragoza para participar en la defensa de la ciudad contra los ejércitos franceses invasores. Por intermediación de don Roque, el chico conoce a la familia de don José Montoria y en seguida traba amistad con el hijo pequeño de éste, Agustín. Agustín Montoria es un muchacho culto y sensible que debería ordenarse sacertode en cuanto acabase la contienda pero, tal y como le confiesa a Gabriel, se ha enamorado perdidamente de María Candiola y no piensa más que en casarse con ella al final de la guerra. El problema es que María es la única hija de uno de los personajes más odiados por José Montoria, un viejo prestamista, avaro y despreciable, cuyo mayor pesar es el de que se le mueran aquellos que le deben dinero. Un amor desgraciado, o eso parece, en medio de una ciudad asolada por la brutal destrucción de una guerra a sangre y fuego. Dicen que Zaragoza no se rinde, ¿pero a qué precio? Casa a casa, calle a calle, palmo a palmo, los sitiados se desangran para salvar su tierra de la invasión francesa.

"Los hombres quedaban por docenas estrellados contra el suelo en aquella línea que había sido muralla, y ya no era sino una aglomeración informe de tierra, ladrillos y cadáveres (...) Siguió pues la resistencia, sustituyendo los vivos a los muertos con entereza sublime. Morir era un accidente, un detalle trivial, un tropiezo del cual no debía hacerse caso."


Benito Pérez Galdós recoge en Zaragoza uno de los episodios más sangrientos y dramáticos de la guerra de la independencia española (1808-1814); y uno de los episodios en los que lo histórico prevalece sobre lo narrativo. La defensa de Zaragoza ante el asedio de las tropas imperiales francesas, aunque heorica y numantina (jamás mejor dicho) fue una masacre en la que murió más de la mitad de la población de la ciudad por causas directas o indirectas de la guerra. Galdós situa allí a Gabriel de Araceli, su protagonista, quién luchará hasta las últimas consecuencias con las tropas sitiadas y asistirá en primera línea a las heroicidades de autoridades y pueblo llano.

Galdós vuelve a entrelazar diversos hilos argumentales de ficción y no ficción: la guerra, las heroicidades de personajes (reales o inventados), la historia de amor de Agustín y María, la locura de Montoria y Candiola... De nuevo vuelve a destacar el buen pulso del autor para realizar vivídos retratos, como el de Palafox o el de Candiola, por ejemplo, y su magnífica narración de las escenas de acción bélica. Aunque esta vez quedan al margen comentarios políticos o sociales, escenas cómicas o costumbristas, o las intrigas amorosas del protagonista, Benito Pérez Galdós consigue atrapar al lector de principio a fin con su magistral tono narrativo y ese crescendo ininterrumpido del sitio de la ciudad. Profundamente dramáticos, los hechos de la defensa y la toma de Zaragoza a principios de 1809 llenan de horror y consternación la mirada y el alma de Gabriel de Araceli que, pese a ser ya veterano en batallas, confiesa no haber visto jamás arrojo y masacre semejantes.

Lector, un episodio que deja sin aliento y que conmueve, aunque está no sea precisamente por los avatares de Gabriel si no por el horror de la guerra.
Aquí iré enlazando las reseñas de los participantes de la Lectura Conjunta de Zaragoza:

jueves, 16 de octubre de 2014

El herbario de las hadas de Sébastien Perez, ilustrado por Benjamin Lacombe

En 1914, el todopoderoso Rasputín envía a Aleksandr Bogdanovitch, uno de los científicos más brillantes de su secreto Gabinete de Ciencias Ocultas, en busca del elixir de la inmortalidad. Bogdanovitch deja atrás a su esposa Irina, bailarina clásica, y a su pequeña hija Helena, y se adentra en los encantados bosques de Brocelianda, en la Bretaña francesa. Guiado por las instrucciones de la curandera del pequeño  pueblo de Paimpont, el entusiasmado explorador se adentra cada vez en la espesura de Brocelianda en busca de plantas curativas y milagrosas. Pero lo que empieza siendo una expedición botánica pronto deriva en sendas más inesperadas y mágicas: Aleksandr Bogdanovitch se topa con especies de seres vivos nunca antes catalogadas.

"21 de mayo de 1914
Pero las leyendas que me han explicado sobre el bosque de Brocelianda me devuelven la esperanza. Evidentemente, no creo que encuentre duendes, ni criaturas mágicas, pero en aquel bosque debe haber alguna cosa que justifique la fama y las historias de las que hablan."


El herbario de las hadas es el hermosísimo diario de expedición e investigaciones del botánico ruso Aleksandr Bogdanovitch. Como ya supondrá el atento lector por el título de esta reseña, las sobrenaturalmente maravillosas ilustraciones de Benjamin Lacombe son culpables de la belleza de esta edición de Edelvives. Pero también es cierto que la historia y el texto, elaborados también por Sébastien Perez, contribuyen con su inquietante suspense a convertir este libro en pura magia.

Esta historia, en forma de diario de expedición escrito en primera persona por su protagonista, un botánico presionado por el oscuro Rasputín de los últimos años de la Rusia zarista para que encuentre el elixir de la inmortalidad, se acerca con delicada precisión al descubrimiento de un universo escondido en un bosque de leyendas mitológicas. La prosa de elegante cadencia y evocadora sencillez de Sébastien Perez y de Benjamin Lacombe (ambos son responsables del texto), dota a la aventura de un halo romántico a la vez que reviste de una sorprendente verosimilitud las palabras de un científico derrotado por la naturaleza más misteriosa. Delicada como sus ilustraciones, la historia discurre por caminos de seda mientras se adentra, cada vez más, en el reino de lo desconocido.

Lector, una edición extraordinaria, de museo, que esconde mucho más que esa belleza a simple vista de sus ilustraciones.


Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
El herbario de las hadas

martes, 14 de octubre de 2014

Ganadoras Mugs and Books (II)

Reunidas las juezas Marilú, Mientras Leo y una servidora, y tras una ardua deliberación de varios días y muchas tazas, tenemos el placer de anunciaros (sin orden significativo) las tres fotos ganadoras de Mugs and Books (II).
De verdad que en esta segunda edición os habéis superado con creces y todas las fotos eran muy buenas. Ha sido complicado quedarse solamente con tres.

Y esas tres han sido...

Las ganadoras

Porque no siempre la hora del té es igual en todas partes, ni la literatura que le acompaña.


Porque las tazas también abren delicados y hermosos mundos de fantasía.

Quizás este año no haya conseguido el Nobel de Literatura, pero podemos sentarnos a tomar un té con él y sus gatos a ver si hay más suerte en el futuro.

Ruego a las tres damas ganadoras que me envíen cuando puedan un correo a serendipia.monica@gmail.com con su dirección postal para que pueda hacerles llegar el detallito sorpresa de premio.

Y como nos ha resultado tan difícil elegir tan solo tres de las muchísimas y estupendas fotos que habéis presentado a concurso, nos ha parecido justo que conociérais nuestras finalistas. Aunque sin premio, reciben especial mención del jurado...


"El cerebro de Andrew" de Lecturalia



"Hojas de hierba" de Ana Blasfuemia



Muchas gracias a todos los participantes por haber salido a jugar un ratito con entusiasmo y tan buenas ideas. Gracias por salir a jugar cuando os llamo ;-)

Y gracias a mis dos juezas sobornables y encantadoras, Marilú y Mientras Leo, que, aunque han estado jugando al escondite entre ellas, ocultándose los correos, han conseguido que parezca sencillo y divertido elegir entre tan buenas tazas y literatura.

También te gustará: Galería de Mugs and Books (II)

lunes, 13 de octubre de 2014

Lectura conjunta de "Zaragoza": capítulos XVII a XXXII

El horror cae sobre Zaragoza, una ciudad invadida por la muerte y la barbaridad más descarnada y brutal de una guerra que no puede ser ganada. Pero pese a los miles de muertos que yacen por doquier sin recibir siquiera sepultura (tanto caídos en la batalla como los afectados por una terrible epidemia), pues todos los brazos útiles son necesarios para seguir la defensa de la ciudad, los supervivientes siguen gritando consignas de que antes muertos que rendidos. Los ejércitos franceses consiguen entrar en la ciudad pero tienen que disputarsela con los defensores casa por casa, calle por calle. Se inicia entonces una guerra espantosa nunca vista por Gabriel, una guerrilla a través de los tabiques de los edificios, de sus sótanos, de sus habitaciones. Y entre tanto horror y tanta muerte, ¿quedará todavía esperanza para el amor de María y Agustín? ¿Se salvará Gabriel de las balas, se escapará de las fiebres altas de la epidemia que asola la ciudad? Zaragoza está perdida, y aún así resiste.

"Por el Coso desfilan los últimos combatientes, aquel uno por mil que había resistido a las balas y a la epidemia. Son padres sin hijos, hermanos sin hermanos, maridos sin mujer. El que no puede encontrar a los suyos entre los vivos, tampoco es fácil que los encuentre entre los muertos (...)."


Seguramente sean estos últimos capítulos de Zaragoza los más oscuros y llenos de espanto y horror que ha escrito Benito Pérez Galdós entre los seis Episodios Nacionales anteriores. La descripción de la defensa final de la ciudad es desgarradora, brutal, espantosa. Gabriel afirma que incluso los propios franceses, al fin vencedores, al desfilar por las calles quedan horrorizados por tanta muerte y destrucción. Galdós no hace concesiones: más de 50.000 muertos, apenas ha sobrevivido un uno por mil de la población zaragozana. 

En plena carnicería, en la defensa ya desesperada del capítulo XVIII, no he podido menos que preguntarme ¿realmente era patriotismo y valentía o cabezonería suicida e irresponsable de unos pocos que arengaban al resto? Tanta masacre, tanto sufrimiento, tantos muertos ¿Dónde estaba el límite para rendirse? Muy tenue es el velo que traspasa Galdós en Zaragoza, pues aunque en sus primeros capítulos pone en evidencia la valentía y el patriotismo de los sitiados, poco a poco, a medida que la narración (y el horror) avanzan, el pesar por el despilfarro de tantas vidas hace mella en Gabriel.

¿Qué os han parecido estos últimos y tremendos capítulos de Zaragoza? A mí me gustaría destacar la locura que afecta a dos personajes: don José de Montoria, que sigue delirando sobre recuperar la ciudad gracias al arrojo de los valientes, pese a que ha pagado el mayor de los precios para un padre; y el tío Candiola, que sigue preocupadísimo por recuperar sus posesiones (incluida una vajilla y una palmatoria) y cuyo mayor pesar es que se le están muriendo aquellos a los que prestó dinero. Dos locuras totalmente distintas, pero locuras al fin y al cabo, delirios de locos que aligeran la carga dramática que soporta el lector con los capítulos finales de Zaragoza.

Sin embargo, y pese a su locura, fijaos en una de las frases de Jerónimo Candiola: "¿Y qué saca Zaragoza con llevar su defensa hasta el último extremo? A ver, ¿qué van ganando los que han muerto? Hábleles Vd. a ellos de la gloria, del heroísmo y de todas esas zarandajas (...) Concedo que haya alguna resistencia; pero no hasta ese bárbaro extremo."

viernes, 10 de octubre de 2014

El largo funeral del señor White de Eugenio Prados

El señor White vive en una enorme casa a las afueras de la ciudad de la que pocas veces osa alejarse demasiado desde que una decepción en su juventud acentúo su ascetismo. La noche de su setenta cumpleaños, mientras repasa con minuciosidad la lista de sus últimas voluntades y disposiciones para su correcto entierro, se da cuenta de que precisa de un testigo fiable que anote las que serán sus últimas palabras en la tierra. Súbitamente preocupado por este detalle, decide publicar un anuncio en el diario local para contratar al testimonio que habrá de perseguirle por la casa, libreta y lápiz en ristre y el mejor de los oídos, para captar esas postreras palabras para la eternidad.

"Se precisa secretario. Persona responsable y con buen oído. No es necesaria experiencia. Incorporación inmediata. Gran gratificación. Urgente. Señor W."

Al día siguiente de la publicación una multitud se agolpa a las puertas de la mansión del señor White. Todos han leído su anuncio y parece ser que no han acabado de entender qué está buscando exactamente el futuro difunto.


"Para el señor White la muerte no era tanto el saber que uno iba a morirse, o de qué se iba a morir, sino el cómo lo haría. No había nada que le preocupara más que fallecer perdiendo la compostura, con horribles aspavientos y gritos desesperados. Esas formas no iban con su personalidad. Él quería una despedida limpia y serena, dejando todo atado y bien atado en lo terrenal para poder abrazar sin preocupaciones lo celestial."

Para los lectores que ya conocen a Eugenio Prados y están precavidos sobre el buen hacer del autor, resulta difícil imaginar que esta breve historia les haya sorprendido. Pero si es la primera vez que leen a Prados no podrían haber tenido un mejor principio que El largo funeral del señor White. En mi caso era la primera vez que me asomaba (llena de curiosidad) a la prosa del autor de Lugares en donde olvidaste tu alma y creo que es una oportunidad inmejorable para acercarse al estilo elegante y preciso, de tintes británicos, de Eugenio Prados.

El largo funeral del señor White es un relato largo que bien podría haber dado pie a una novela por su magnífico planteamiento, sus sólidos personajes y la originalidad algo morbosa de su trama e iniciales acontecimientos (genial el destino de los primeros candidatos a ocupar el puesto de secretario del señor White). Si bien es cierto que a veces resulta un poco vacilante, que podría haber sacado más de tan estupendo arranque argumental, y que precisa de un poquito de edición (¿y quién no?) se trata de un debut notable que promete ratos de muy buena lectura en el futuro. Y poco más puedo contar sobre esta historia sin desvelar algo grave (¡pecado del lector!) así que nada más añadiré. 

Lector, una magnífica oportunidad de descubrir la prosa de Eugenio Prados. Seguro que repites con el autor.

También te gustará: Lugares donde olvidaste tu alma; Los crímenes mudos; La tumba del niño

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El largo funeral del señor White

miércoles, 8 de octubre de 2014

Ya lo dijo Thomas de David Orell

Alguien que espera en la noche, bajo una farola, durante tanto tiempo como soporta ese ir perdiendo la esperanza. Un reflejo que especula sobre posibilidades. Un héroe que sigue allí después de que aparezcan los créditos de la película de su proeza. Aquel ritmo inquietante de how sweet the sound mientras se espera al amor de su vida. Un armagedon desencadenado...

Una pequeña colección de relatos breves que llevan la máxima de concentrar lo bueno y lo mejor en pocas líneas y mucha literatura.

"Corre libremente, sonríe y exprésale al mundo entero que eres un hombre nuevo, y no temas que no te seguiré."



Ya lo dijo Thomas es un libro de relatos de David Orell que resulta toda una sorpresa, para lector menos precavido, por la frescura de sus puntos de vista y ese toque personalísimo, y un poquito surrealista, de la imaginación y prosa del autor. Rigurosamente bien escrito y con el punto fuerte de unos protagonistas inesperados, Orell se beneficia de la inmediatez de la técnica del relato breve para introducir al lector con contundencia y sin tiempo para tomar aire en el meollo de una historia inesperada. Y aunque los toques fantásticos le favorecen, al lector no le pasará por alto el buen pulso de David Orell a la hora de crear personajes de carne y hueso.

David Orell es el administrador del blog Kassius9. Su libro de relatos Ya lo dijo Thomas también cuenta con unos excelentes prólogo y epílogo de la siempre encantadoramente ingeniosa CrisMandarica, administradora de los blogs Detrás de la pistola y Mejor será que corras.

Lector, te quedarás con ganas de más.

También te gustará: 50/30 Historias para el camino

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Ya lo dijo Thomas

lunes, 6 de octubre de 2014

Lectura Conjunta de "Zaragoza": capítulos del I al XVI

En diciembre de 1808 Gabriel entra en Zaragoza junto con don Roque y un par de compañeros más, después de que la ciudad haya repelido con éxito el ataque de las tropas francesas el verano anterior. Al poco de llegar, un contingente de 40.000 soldados imperiales vuelve a sitiar la ciudad con instrucciones de tomarla a cualquier precio. Gabriel toma parte de los preparativos de la defensa y, por mediación de don Roque, cae bajo la protección de una de las familias más ilustres de Zaragoza, la de don José de Montoria. El buen Montoria, algo hiperbólico a la hora de encarar la batalla que está por llegar, es el padre de Agustín, un joven de la edad de Gabriel destinado a ser cura, como buen segundón. Gabriel y Agustín en seguida hacen buenas migas y sirven juntos en el mismo batallón, a las órdenes de Renovales. El pequeño de los Montoria le confía a su nuevo amigo el miedo a morir ahora que está profundamente enamorado, porque aunque su familia espera que se ordene sacerdote, él no ha podido detener su corazón ante Mariquilla Candiola, hija de un avaro prestamista muy poco apreciado por la ciudad y por los Montoria.

"Hay hombres que sólo por perder pierna y media se acobarda y empieza a llamar a gritos a los santos Mártires diciendo que lo lleven a la cama ¡Nada, cobardía y pura cobardía! Como que hoy se retiraron de la batería de Palafox varios soldados, entre los cuales había muchos que conservaban un brazo sano y mondo. Y luego pedían caldo... ¡Que se chupen su propia sangre, que es el mejor caldo del mundo! ¡Cuando digo que se acabó la gente de pecho, aquella gente, porra, mil porras!"


"Zaragoza era una fortaleza de cartón", dice Gabriel. Benito Pérez Galdós inicia su sexto Episodio Nacional con la llegada de su protagonista a una ciudad a punto de vivir uno de los acontecimientos más trágicos de su historia. El lector lo sabe: este sitio no puede acabar bien. Pese a que la Gaceta publica mentiras bien gordas, Gabriel sabe que ningún ejército patrio va a ir a reforzar Zaragoza, están solos ante los imperiales y la suerte está echada.

En esta primera mitad de Zaragoza, Galdós describe con precisión el ánimo de los sitiados y los preparativos de defensa que se hacen calle por calle. Consciente de su valor testimonial, pero sin perder de vista que está escribiendo para deleite y atención de un lector interesado, Galdós vuelve a entrelazar hábilmente la narración histórica con otros hilos argumentales, como el de la historia de amor (en el más puro estilo de Romeo y Julieta) de Agustín y Mariquilla. Así mismo, salpica los retratos de personajes reales (tanto autoridades como del vulgo) con otros personajes de ficción, que a lo largo de la contienda darán siempre un punto de cercanía a la lectura de unos hechos que, en manos de cualquier otro autor, podrían resultar demasiado áridos en una novela.

¿Qué os ha parecido la primera parte de Zaragoza

Personalmente ando algo perpleja ante el estupor de Mariquilla Candiola: la chica se queja amargamente de que toda la ciudad les odia a ella y a su padre, y no entiende por qué, pues ellos son inocentes y buenos y que nunca han hecho nada. Pues chica, teniendo en cuenta que tu padre, además de usurero y avaro, es el único en toda Zaragoza que no ha donado ni trapos viejos para vendar a los soldados; que echó a la calle para que muriesen a dos heridos que la Junta le había encomendado cuidar; y que su única preocupación ante la guerra es que se le mueran los deudores... Pues no sé, guapa, no sé por qué os odian.