jueves, 11 de febrero de 2016

La pieza que faltaba, de Antonia Romero

Eva es enfermera pero hace meses que con sus contratos precarios apenas gana para pagar el alquiler de su apartamento en Madrid. Cualquier esfuerzo por malvivir es bueno antes que volver a casa de una madre que no la quiere bien. Pero cuando Eva acepta convertirse en la dama de compañía de la anciana y adinerada Carmen Grimaldos no sabe dónde se está metiendo. La riquísima señora Grimaldos no solo es insoportable y antipática sino que además la envía en misión imposible a Barcelona: debe conseguir que Ander Izarra, su hijastro y socio en la cadena hotelera que ha heredado de su difunto marido, abandone el piso de su padre para que ella pueda trasladarse a vivir allí. La historia de odio entre Ander y Carmen es larga, apasionada y misteriosa ¿Qué pinta Eva en medio de ese enfrentamiento de voluntades? Pues ni ella misma lo sabe. Por suerte, una ex-diseñadora de zapatos y su hija adolescente, un ama de llaves, un abogado y el mejor amigo de Ander no van a darle ni un momento de respiro para arrepentirse de su aventura. 

"Me encontré con la felicidad sentada en un chiringuito de la playa. Se parecía a Romy Schneider."


"En realidad, no son los demás los que nos colocan en el sitio en el que estamos (...), somos nosotros."

Para una historiadora, uno de los muchos encantos de leer a Jane Austen son las frecuentes referencias temporales que enmarcan sus novelas. No solo son de un delicado y magnífico costumbrismo de la época Regencia sino que además recrean una sutil habilidad para situar personajes y acción donde corresponde a través de detalles, paisajes y diálogos. En el caso de Orgullo y prejuicio, por ejemplo, me gustan las casacas rojas y las referencias a los movimientos de tropas y destinos de los soldados ingleses movilizados contra Bonaparte; las consecuencias del conflicto internacional para los ingleses en general y para los habitantes de la campiña en particular; la situación socio-económica de la pequeña nobleza de la época; los problemas de una muchacha joven soltera, los entretenimientos, etc.

A estas alturas os estaréis preguntando porqué os estoy dando la brasa con Jane Austen en una reseña sobre una novela de Antonia Romero. A Antonia y a Jane las separan unos cuantos años pero, al igual que la escritora inglesa, Antonia demuestra en La pieza que faltaba su buen pulso a la hora de enmarcar con precisión e ingenio a sus personajes en este momento exacto del siglo XXI: crisis económica, jóvenes profesionales con trabajos precarios, desahucios, hipotecas asesinas, destrucción de empleo, emigrantes forzosos, series televisivas, música contemporánea, redes sociales, referencias literarias... incluso la moda del running. Porque si en tiempos de Austen era "una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa", en la época de Antonia Romero la verdad universalmente reconocida es que la futura esposa tiene una excelente educación y muy pocas probabilidades de encontrar un empleo digno.

Antonia Romero encaja a la perfección en la realidad más cercana una trama con tanto ritmo y complicidad que intriga y convence al lector desde el primer capítulo. Puede que sus personajes se muevan por los motivos ancestrales shakesperianos (celos, amor, envidia, odio, remordimientos...) pero lo hacen con mucho encanto por las costumbres y el marco socio-económico de este siglo. Por eso La pieza que faltaba, además de romántica, es costumbrista, crónica de ficción actual y genial.

"-¿Qué soñaste anoche, Rochester?
-Soñé que me querías."

Desde el principio, la trama apuntala bien dos misterios a través de los cuales el lector va a acompañar a Eva, su inocente y agradable protagonista: la historia de odio entre Ander y Carmen, y los mensajes directos de Twitter que se intercambian un hombre (Rochester) y una mujer (Jane) desconocidos. Dos preguntas que se convierten en el poderoso motor de una historia que fluye con elegancia y mucha gracia, que atrapa, interesa y se disfruta. Además de su costumbrismo del siglo XXI y la intriga que plantea, La pieza que faltaba sobresale de entre las novelas de su género por sus sólidos protagonistas: los personajes de Antonia Romero son tan carismáticos, tan brillantes, tan cercanos al lector, tan coherentes, que una entiende a qué se refiere exactamente la autora cuando se etiqueta a sí misma como "una escritora de personajes". A mí me ha sorprendido (aunque ya debería haber estado advertida después de La tumba compartida o Los muertos no aceptan preguntas) la facilidad de conectar con todos ellos, la complicidad de los caracteres y las pocas ganas que tienes de perderlos de vista cuando terminas de leer La pieza que faltaba

Muchos otros son los atractivos de esta estupenda novela pero dejo al lector que los descubra por sí mismo. En esta pequeña reseña he querido comentar los aspectos que más me han gustado de La pieza que faltaba y señalar que además entretenida, divertida, romántica e intrigante, lleva la garantía de la estupenda prosa que caracteriza a su autora. 

Lector, una novela romántica, costumbrista, actual, realista, acogedora, simpática... es decir, unos personajes y una historia donde te mudas a vivir unos días y no quieres que se termine la estancia.

Ah, y tiene Banda Sonora ;-)


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La pieza que faltaba

lunes, 8 de febrero de 2016

Bienvenida a este mundo, pequeña de Fannie Flagg

"Elmwood Springs, Missouri, no alcanza en absoluto la perfección, pero en comparación con los demás pueblos podría decirse, sin ponerse sentimentales ni inventar mentiras, que se aproxima a ella." La vecina Dottie emite un programa radiofónico diario desde la sala de estar de su casa, en donde siempre hay pasteles y galletas recién horneadas para todos; la pobre Tot ha rehecho su vida, los Nordstrom preparan las mejores comidas caseras, el correo se reparte en bicicleta, las noches templadas los vecinos se saludan desde sus porches mientras toman limonada... Una vida sencilla y sincera de quienes se sienten satisfechos con ellos mismos y los lazos de su comunidad. Muy lejos de la vida desordenada y estresante en el Nueva York de los años 70 de la estrella emergente de la televisión Dena Nordstrom. Dena, una joven originaria de Elmwood Springs que hace años que no ha vuelto por el pueblecito natal de su padre, lidia con una úlcera de estómago mientras sus escrúpulos y su integridad entran en conflicto creciente con su ambición de conseguir presentar el telediario de máxima audiencia de Norteamérica. Su vida, a años luz de sus parientes de Elmwood, ha entrado en una peligrosa espiral de mentiras y de bloqueo emocional parece empeorar a medida que aumenta su éxito profesional.

"Si no fuese porque tiene la inscripción WDOT en letras doradas y negras en la ventana delantera, el órgano en el cuarto de estar, la antena de radio en el jardín, y también porque es una parada de autobús interurbano y alberga un parvulario en el porche trasero, y porque en ella vive una perra que todos los años recibe una felicitación del presidente de Estados Unidos, podría decirse que es una casa normal y corriente."


Los lectores que conocen a Fannie Flagg (Alabama, 1944) por ser la autora de Tomates verdes fritos en el Café de Whistle Stop, novela que fue llevaba al cine por Jon Avnet con el título de Tomates verdes fritos, no se sorprenderán si les digo que Bienvenida a este mundo, pequeña tiene todo el encanto sureño de los pueblecitos idílicos de los años 40 y 50 en Norteamérica. Aunque esta vez, Flagg contrapone los valores de la entrañable comunidad de Elmwood Springs, Missouri, al despiadado mundo de los medios de comunicación de Nueva York en los años 70, cuando el caso Watergate fue la punta de lanza del cambio periodístico que estaba experimentando el llamado país de la libertad. Y en esta comparación tan brutal y desigual, crece la historia de Dena Nordstrom, una mujer totalmente incapacitada emocionalmente, pese a su increíble escala de valores, que debe reconciliarse con su pasado para afrontar cualquier futuro. Aunque lo cierto es que los personajes rurales de Flagg (como la tía Elner, Dottie, Macky y Norma, entre otros), porque son genuinos y únicos, ganan por la mano el interés y la simpatía del lector hasta el punto de deslucir y dejar en segundo plano a la -a veces algo insoportable- Dena protagonista. 

Al igual que ocurría con Tomates verdes fritos en el Café de Whistle Stop las principales bazas de esta historia son los personajes sureños: excéntricos, encantadores, fuertes, de moralidad intachable y espíritu indomable. Flagg vuelve a construir un pueblo, una comunidad, a la que el lector tiene ganas de mudarse después de un día duro en la jungla de asfalto. Sin duda, las novelas feelgood no son un invento de este siglo y las historias y los personajes de Fannie Flagg, con sus tartas caseras, sus galletas recién horneadas, sus cafés en buena compañía, sus porches acogedores, sus familias adorables y sus mujeres extraordinarias, es un buen ejemplo de la calidez acogedora que pueden albergar ese género de novelas.

Lector, una lectura agradable que emociona con la calidez de otros tiempos y pueblecitos sureños.


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Bienvenida a este mundo, pequeña

jueves, 4 de febrero de 2016

La señorita Pym dispone, de Josephine Tey

La señorita Lucy Pym se convierte inesperadamente en una celebridad literaria inglesa cuando su ensayo sobre psicología popular —escrito como protesta por las tonterías que se ha cansado de leer en los manuales de los supuestos expertos en el tema— se convierte en un best seller. Algo cansada por sus múltiples compromisos derivados de su inesperado éxito editorial acepta encantada la invitación de su amiga de la infancia, Henrietta Hodge, para pasar unos días en la escuela de educación física para señoritas de la que es orgullosa directora. Lucy en seguida se acomoda al agradable aunque intenso ritmo de la escuela apenas unos días antes de los exámenes finales y no tarda en caer rendida a los pies —convenientemente enfundados en zapatillas de ballet— de las encantadoras alumnas. La señorita Pym aprovecha para analizar sus caracteres y ejercitar sus dotes psicológicas, pero en seguida se gana el cariño de las chicas y se sorprende alargando su estancias unos días más, hasta el fin de las clases... hasta que una poco acertada decisión de Henrietta agita los ánimos y pone al descubierto que la vida en el internado no es tan idílica como parece y que el comportamiento de muchas de las alumnas es, como mínimo, ciertamente inquietante.

"Y quizá se debiera al hecho ineludible de que cualquier psicóloga que se precie no se permite juguetear con conceptos tan pasados de moda como puedan ser las premoniciones, pero aquella noche no pareció escuchar la voz del pequeño diablillo bienintencionado que le susurraba en sus ya adormecidos oídos: "Márchate, Lucy. Vete mientras todo va bien. Márchate de aquí.""


La señorita Pym dispone es una entretenida novela de suspense psicológico que transcurre en un, aparentemente, encantador internado para señoritas situado en plena campiña inglesa en los años cuarenta del siglo XX. Sin embargo, no espere el lector profundas reflexiones y análisis sobre el carácter de los protagonistas porque la señorita Pym, a través de cuyos ojos vemos a los personajes, está bastante verde en eso de calar las verdaderas intenciones de sus congéneres. Seguramente todo sea culpa de su bienintencionada inocencia porque hasta que Bollito de Nuez (mejor no preguntes, lector) no le apunta varios datos inquietantes, ella no ve más que chicas encantadoras por todas partes. Vamos que otro gallo les cantaría a las niñas del internado si fuese Gervase Fer quien destapase el pastel. 

Josephine Tey (Inverness 1896 - Londres 1952) escribió fundamentalmente novela policíaca y de misterio, género este último en el que se podría encasillar La señorita Pym dispone. Sin embargo, esta estupenda novela no es un thriller negro al uso, o un gran e insondable misterio por resolver, sino que más bien se trata de un entretenido rompecabezas con muchas tazas de té en la campiña inglesa y jóvenes bellezas poniendo a prueba la cordura de la pobre Lucy; donde destaca sobre todo la habilidad de Tey para reflejar atmósferas y sinergias sociales soterradas, tensión y verdades que se callan o se disimulan. Y aunque probablemente el lector resuelva el misterio antes que nuestra atolondrada señorita Pym, el más que agradable encanto de esta lectura (british charming a raudales) está más que garantizado.

Lector, una simpática investigadora con un puzle bastante original que resolver.

Escogí esta lectura tras descubrirla en la estupenda reseña de Rustis y Mustis leen Y no os perdáis tampoco la reseña que acaba de publicar un blog al que me quiero mudar a vivir porque allí nunca hace frío, Las inquilinas de Netherfield


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La señorita Pym dispone

lunes, 1 de febrero de 2016

El gran misterio de Bow, de Israel Zangwill

La señora Drabdump, la viuda fatalista que regenta la casa de huéspedes de Glover Street, en el barrio londinense de Bow, se levanta tarde una mañana de niebla. Solo se ha retrasado unos treinta minutos de su horario habitual pero sube las escaleras hasta el cuarto del señor Constant cargada de malos presagios. Y quizás por la niebla o quizás por la fatal intuición, el señor Constant no se despierta. De hecho, el pobre señor Constant, un buen hombre entregado a las causas más nobles de la lucha obrera de finales del siglo XIX, no se despertará nunca más con niebla o sin ella. La señora Drabdump se apresura a llamar a su vecino, el detective jubilado Grodman, quien dará parte a Scotland Yard en cuanto compruebe que, efectivamente, Constant está muerto en su cama. El problema es que la habitación del difunto se hallaba cerrada por dentro y que el enorme tajo de su garganta no indica que haya sido precisamente un suicidio. 

"-Bueno, ¿qué ha estado haciendo todo este tiempo?
-¿Por qué lo pregunta? ¿Qué debería haber estado haciendo?
-¡Cómo iba yo a saber lo que había sido de usted! Pensé que se trataba de otro asesinato.
-¿Qué? -el vaso de Denzil se hizo añicos contra el suelo-. ¿Qué quiere decir?
(...)
-¿Qué quiero decir? ¡Solo que no habría estado mal si le hubieran asesinado!
-Sin duda tiene usted unas ideas horribles. 
-Sí, pero ciertamente prácticas -replicó la señora Crowl, que no había vivido tantos años con Peter en vano-. Y si no le han asesinado, ¿a qué se ha dedicado entonces?"


El sentido del humor y la visión tragicómica de las obras de Israel Zangwill (Londres, 1864 - Midhurst, 1926) caracterizan a este autor con originalidad e ingenio incluso cuando aborda novela policíaca. Si bien El gran misterio de Bow se presenta como "Una de las soluciones más brillantes al juego del cuento policial" (según cita Jorge Luis Borges), lo cierto es que el lector va disfrutar tanto o más de sus divertidísimos diálogos y de la ironía, el cariño y la sátira con la que Zagnwill describe a sus personajes.

"Al igual que los reyes y los editores, los detectives son difíciles de abordar (a menos que sea usted un criminal, en cuyo caso no verá jamás ninguno)."

"Hay tres razones por las cuales los hombres de genio tienen el pelo largo. Una de ellas es que se olvidan de que les está creciendo. La segunda es que les gusta. La tercera es que resulta más barato, de modo que lo llevan así por la misma razón por la que no cambian de sombrero."

Una viuda nacida para ser viuda, dos inspectores de policía que se odian cordialmente, un poeta de melena desastrada y sin blanca a quien las criadas del barrio de Bow exprimen misteriosamente y sin compasión, dos líderes laboristas enfrentados, la aparición estelar del mismísimo primer ministro William E. Gladstone (minimizado precisamente por los dos líderes obreros) y una bella heroína desaparecida son algunos de los simpatiquísimos y carismáticos personajes que intervienen en este misterio de "asesinato a puerta cerrada". 

Lector, para pasártelo en grande con el sentido del humor del ingenioso señor Zangwill. Ah, bueno, sí, y también para comprobar si eres capaz de resolver el asesinato antes de que el autor te cuente la solución.

También te gustará: Pero... ¿quién mató a Harry?; Aquí hay veneno; La señorita Pym dispone

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El gran misterio de Bow

jueves, 28 de enero de 2016

Las tres caras de la luna, de Sally Gardner

Standish Treadwell no es precisamente el alumno más brillante del colegio de la Zona Siete, o eso creen todos. Desde que sus padres desaparecieron por decir la verdad (o por no doblegarse a contar mentiras), Standish vive con su abuelo, del que ha aprendido que pasar por tonto es lo mejor para no llamar en exceso la atención. Pero cuando los Lush se mudan a vivir a la casa de al lado, Standish y Hector Lush se hacen los mejores amigos del universo. Ambos piensan que más allá de las fronteras de su país de esclavos tiene que existir un mundo mejor, la nación de las croca-colas, donde todos viven felices, en tecnicolor, y conducen cadillacs de color azul celeste. Una amistad capaz de llegar hasta el planeta Júniper y desafiar a los villanos de Patria hasta un punto que ningún adulto ha sido capaz de igualar. 

"Un fabuloso cochazo llegó por la carretera, se detuvo, y de él se apeó un hombre vestido con gabardina y peinado con un corte de pelo espantoso (...). Hector sonrió levemente cuando le conté que nos habían preguntado si hablábamos la lengua del bárbero.
-Me pregunto -dije-, si tendría algo que ver con el espantoso corte de pelo que llevaba el tipo de la gabardina.
-Standish -dijo-, ese tipo de la gabardina es nuestro Comandante Jefe.
-¿Quieres decir que ese hombre tan mal peinado es quien gobierna en estas trasquiladas tierras nuestras?
Hector tenía los ojos entornados y pensé que se habría quedado dormido, cuando de pronto soltó una risotada.
-Eres único, Standish. Eres único."


Sally Gardner es una reconocida autora e ilustradora inglesa. Las tres caras de la luna es, hasta la fecha, su novela más importante, que ha recibido numerosos premios del público y de la crítica, así como el reconocimiento de los más prestigiosos jurados literarios del momento. Sin embargo, resulta difícil reseñar detalladamente la conmovedora historia de Standish Treadwell sin restarle al futuro lector ni un ápice de sorpresa. Se trata, sin duda, de una novela que cada uno debe descubrir por sí mismo, a su debido momento, aunque va por adelantado, lector, que merece mucho la pena abrirle la puerta a este Standish.

La clave de la riqueza del universo de Las tres caras de la luna es la complicidad y el sobreentendido que se establece con el lector pasito a pasito; a medida que el lector va comprendiendo que se trata de una distopía (una distopía muy concreta) y empieza a ubicar coordenadas temporales y marco histórico. Y es a raíz de ese entendimiento con el lector que Sally Gardner construye una historia sencillamente grandiosa y conmovedora: la de la amistad de dos niños, la de un engaño insostenible, la de la maldad del ser humano. La clave más terrorífica de la lectura destaca entre líneas: una historia que ya ocurrió y que fue tan escalofriante o más que la ficción que Gardner nos cuenta. Y no voy a desvelar más.

Standish narra en primera persona, con claridad y una sinceridad dolorosa. La autora consigue que la voz de este adolescente suene clara y nítida en la conciencia del lector, con un estilo de frases breves y contundentes y un ritmo sincopado de narración (con pequeños saltos temporales hacia un pasado reciente) que va dosificando magistralmente la información que desvela el espeluznante contexto de la novela. Capítulos cortos que el lector lee ávido de más pistas, de más piezas del rompecabezas, para un ritmo rápido y una tensión sostenidamente in crescendo con dos clímax terribles: el de la comprensión del lector (el dónde y cuándo está Standish, qué ha pasado en realidad) y el del apoteósico final, que no por esperado e imaginado, le resta emotividad y fuerza.

Cierto que la idea motora de esta novela podría haber dado para mucho más, que algunas líneas argumentales se quedan solo en agua de borrajas, pero pese a ello, Las tres caras de la luna es una historia original, diferente y que vale la pena leer. Por su contundencia, el estilo narrativo de la autora, el personaje protagonista y su abuelo y por lo sobrecogedor de sus progresivos descubrimientos en el avance de la trama.

Lector, una novela que gusta porque se sale de la mediocridad. Te gustará doblemente si aprecias a los escritores que le suponen inteligencia (y memoria histórica) a sus lectores y encuentran ahí su complicidad literaria.


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Las tres caras de la luna

lunes, 25 de enero de 2016

Aquí hay veneno, de Georgette Heyer

El detestable señor Gregory Matthews comparte la mansión Poplars con su hermana soltera Harriet, una loca del ahorro compulsivo, su coqueta e hipocondríaca cuñada Zoe y los dos hijos de esta, Stella y Guy. Todos en la casa (y fuera de ella) tienen sobrados motivos para tenerle cierta inquina: Zoe —que piensa que heredará la mansión— y Guy están en contra de sus planes para enviar a este último (un desastre andante) a Brasil para que se convierta en un hombre de provecho; Stella no consigue convencerle de que apruebe sus planes de boda con el doctor Fielding; Harriet le tiene por un derrochador; su otra hermana, Gertrude, que vive a unas calles de distancia, es tan insoportable como él mismo; y su sobrino preferido, el odioso Randall Matthews, se ha convertido en su heredero pese a las discusiones que mantiene con él y justo cuando se rumorea sobre sus problemas financieros. Cuando Gregory Matthews aparece muerto en su propia cama con evidentes síntomas de haber sido asesinado, el inspector Hannasyde de Scotland Yard lo va a tener muy difícil para reducir la lista de sospechosos con tantas personas alrededor con excelentes motivos para desear la muerte del patriarca.

"—¡Ah, ya veo! —exclamó Giles y sonrió—. Usted querría que se descubriera el cadáver in situ, con una carta incriminatoria en la papelera, un vaso con restos de veneno en la mesita de noche, y todo protegido bajo llave hasta que llegara usted.
Hannasyde rio a regañadientes.
Bueno, reconocerá que la investigación sería mucho más fácil."


Georgette Heyer (Londres, 1902 - 1974) empezó a escribir para entretener a su hermano mientras se recuperaba de una larga enfermedad y fue su padre quién la animó a publicar. Desde que en 1921 publicó La polilla negra, Heyer se convirtió en una escritora de bestsellers llegando a ser el sustento de toda su familia tras la muerte de su padre. La autora solía recrear casi todas sus novelas en la Regencia, una época en la que se dio cierto relajamiento de las costumbres entre las clases altas, sobre todo si se comparaba con la rigidez de la época victoriana posterior. Sin embargo, no es el caso de Aquí hay veneno, una entretenidísima novela policíaca en el Londres de los años treinta del siglo XX.

Divertida y con una excelente dosificación del misterio y de la investigación policial, Aquí hay veneno plantea el asesinato de Gregory Matthews, un señor tan antipático que hasta el propio lector acabará por tenerle simpatía a todos sus posibles asesinos (que no son precisamente pocos). ¿Por qué recomiendo esta novela? Pues por sus divertidísimos diálogos (y advierto al lector de que el 90% de la novela es dialogada, de hecho podría ser perfectamente una obra de teatro), los simpatiquísimos hilos argumentales secundarios, el ingenio de Georgette Heyer a la hora de construir sus estupendos personajes, el discreto encanto del inspector Hannasyde y, sobre todo, porque es una lectura amable y entretenida que viene muy bien tenerla a mano en un parentésis de lecturas más sesudas o en un repentino ataque de odio hacia la humanidad en general.

"Guárdate las explicaciones hasta que te hayas quitado ese sombrero y empolvado la nariz.
No voy a quitármelo. Sólo me quedaré unos minutos.
Te quedes un minuto o una hora, me niego a sentarme y tener que mirar esa discordante atrocidad."

Lector, divertida, entretenida y sin odiosas descripciones. Recomiendo tenerla a mano para casos de urgencia.

Decidí leer esta novela por la buena recomendación de Carmen en Carmen y amig@s.


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jueves, 21 de enero de 2016

Las mil y una historias de A.J. Fikry, Gabrielle Zevin

La librería del señor A.J. Fikry es el único negocio que se dedica a vender libros en la pequeña Alice Island, en Maine. El excéntrico señor Fikry tiene un carácter huraño e intransigente, no participa de ningún modo en la vida social del pueblo, echa sin contemplaciones de su librería a todo aquel que le irrita o sobrepasa la hora del cierre y solo tiene buenas ventas en verano, cuando llegan los turistas. De hecho, es capaz de llevar al borde del llanto incluso a Amelia Loman, la inteligente y experimentada comercial de la editorial Pterodactyl Press, cuando llega a la librería para mostrarle el catálogo de invierno. Todos en Alice Island saben que A.J. Fikry ha tenido un mal año pero hasta la fecha solo un oficial de policía ha sabido escucharle. Las cosas solo parecen empeorar para el librero cuando le desaparece un valioso manuscrito y alguien deja un bebé olvidado en su librería ¿O es posible que esas dos circunstancias no sean, después de todo, tan malas para A.J. Fikry?

"Aunque es un enamorado de los libros y dueño de una librería, A.J. no siente especial aprecio por los escritores. Le parecen descuidados, narcisistas, idiotas y, en general, personas desagradables. Evita conocer a los que han escrito libros que le gustan por miedo a que dejen de gustarle."


Había leído buenas y tibias reseñas antes de abrir Las mil y una historias de A.J. Fikry por eso sabía que el protagonista era un librero y supongo que fue eso lo que me animó a darle una oportunidad pese a las opiniones encontradas de los lectores blogueros. Me he encontrado con una novela distinta, con párrafos brillantes, personajes que desbordaban excentricidad (¿no son estos los mejores?) y un sentido del humor que me ha conquistado. 

La prosa de Gabrielle Zevin fluye con naturalidad y regala al lector algunas reflexiones sobre la vida y la literatura que resultan hermosas para cualquier bibliófilo empedernido. Como, por ejemplo, una de las declaraciones de amor más bonitas que he leído hasta la fecha:

"Cuando leo un libro quiero que tú lo leas al mismo tiempo. Quiero saber qué te parece."

O algunas verdades con las que todos nos hemos encontrado alguna vez con un libro entre las manos:

"A veces los libros no nos encuentran hasta que llega el momento adecuado."

Me han gustado especialmente los diálogos de Las mil y una historias de A.J. Fikry, sobre todo las conversaciones entre A.J. y el agente Lambiase; el carácter peculiar y la evolución del protagonista; la relación entre Maya y A.J. y cómo Maya se va convirtiendo en un Fikry en diminuto. Pero sobre todo he disfrutado de una narración original, nada predecible, y con un buen sentido del humor pese a los claroscuros, es decir, esa visión tragicómica de la vida de Alice Island que nos ofrece Gabrielle Zevin. Sin embargo, aviso al lector de que el final me ha parecido especialmente atroz e innecesario, es mi única pega a esta estupenda lectura.

Lector, una buena historia en la que los libros son protagonistas incluso entre líneas.

También te gustará: La librería encantada; La librería; La librería de las nuevas oportunidades; Cosas raras que se oyen en las librerías

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