lunes, 24 de noviembre de 2014

Matar a un ruiseñor de Harper Lee

La mayor aventura de aquel año para Scout acabó con el brazo roto de su hermano mayor, Jem. Todo empezó durante el verano más caluroso de la pequeña población de Maycomb, Alabama, en el que Scout y Jem conocieron al pequeño Dill. Cómplices de correrías, habían jugado a desafiar el miedo que les causaba la leyenda sobre su vecino Bo Radley, encerrado en su casa durante años por un padre y un hermano crueles. Por aquel entonces, Atticus había sido designado por el juez Tate para defender a Tom Robinson de los cargos de agresión y violación de una mujer blanca, un caso que sabe perdido de antemano porque, en 1932, en la pequeña y conservadora población sureña de Maycomb, la segregación racial sigue muy presente. Scout no entiende mucho de lo que está pasando, ni siquiera entiende por qué tiene que ir a la escuela al final de ese primer verano, pero su padre Atticus le asegura que no podría seguir siendo quién es si no hubiese aceptado ese caso. Jem, a un paso de hacerse mayor, comprenderá que el horror, la maldad y la injusticia, no moran precisamente en la casa de los Radley sino en el interior de los hombres libres que caminan por Maycomb.

"-Atticus, ¿tú defiendes nigros? -pregunté a mi padre aquella noche.
- Claro que sí. Y no digas nigros, Scout. Es una vulgaridad.
-Es lo que dice todo el mundo en la escuela.
-Desde hoy lo dirán todos menos una.
-Bien, si no quieres que me haga mayor hablando de este modo, ¿por qué me mandas a la escuela?"



Matar a un ruiseñor, ganadora de un premio Pulitzer en 1961, es la única novela de Harper Lee (Alabama, 1926). Seguramente inspirada en la infancia y en el padre de la escritora, es, sin duda, una de las historias más hermosas y extraordinarias de la literatura estadounidense. El personaje de Atticus Finch, ese hombre íntegro y bueno, que educa a sus hijos en la tolerancia y respeto, que conmueve hasta las lágrimas simplemente con levantarse las gafas por encima de la cabeza, ha entrado en la leyenda de los héroes imperecederos.

"La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia individual."

En el corazón de una Alabama sumida en la Gran Depresión, la segregación racial, la hipocresía, la ignorancia y la pobreza constituyen los ingredientes de un drama que sacude los cimientos del pequeño pueblo de Maycomb. Solo un hombre, Atticus Finch, héroe a su pesar, tendrá la voluntad y la templanza para empezar a abrir camino a la luz y la justicia. Aunque, ya sabéis lo que dicen, que un hombre bueno nunca está solo.

Parte de la belleza y la sutil delicadeza de esta historia reside en la elección de Harper Lee de la voz narradora de una niña, Scout, la hija pequeña de Atticus Finch. La inocencia de la mirada de Scout dota a toda la narración de un punto de vista velado por su condición infantil, por la incomprensión de lo que está sucediendo a su alrededor y por la ternura de una niña que adora a su padre. La autora cuenta de esta forma con la complicidad de un lector al que le hace el regalo de poder leer entre líneas (el goce de una doble lectura), que ve más allá del velo inocente de Scout y que a la vez aprecia la cándida narración de unos hechos y unas circunstancias abominables, en contraste. Harper Lee cuenta con la mirada adulta del lector para interpretar pero también para comprender y para disfrutar de una historia magníficamente contada.

"-De modo que tú no eres realmente un amanegros, ¿verdad que no?
-Claro que lo soy. Hago lo que puedo por amar a todo el mundo... A veces me encuentro en una situación difícil... Hija, no es un insulto que a uno le den un nombre que a otro le parece malo. Ello le demuestra a uno lo mísera que es la otra persona, y no le hiere."

Poco puedo contarte más, lector, sin desvelar cosas de las que después me arrepentiría (como, por ejemplo, la extraordinaria escena final del capítulo 15). Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, es una magnífica historia, entre otras muchas cosas, sobre la hipocresía, la conciencia de clase, la segregación racial en EUA durante la Gran Depresión, el sentido de la justicia de los niños, el vínculo entre pobreza e ignorancia, o la diferencia que puede marcar un solo hombre bueno pese a no ser más que una gota en el océano. Y te advierto, lector, de que esta novela es un regalo para el alma, emoción en estado puro, un libro bello y lleno de luz pese al dolor que contiene. Con su prosa sencilla y sus extraordinarios personajes, Matar a un ruiseñor entra, por méritos propios, en la lista de los imprescindibles.

Lector, dos palabras: Atticus Finch.

Nota: Atención a la acerada crítica de Harper Lee contra la calidad de la enseñanza pública estatal en la década de 1930. La profesora de Scout le prohíbe que lea y gasta el presupuesto escolar en cartulinas para colorear.

Nota (II): No se pierda el lector el brillante el rapapolvo de Harper Leer sobre la hipocresía estadounidense en el capítulo 26: la profesora de Scout explica a sus alumnos qué diferencia hay entre la Alemania de Hitler, que es una dictadura y por eso confina impunemente a los pobres judíos en guetos, despojándoles de todos sus derechos, y la democracia de Estados Unidos, en donde todos los hombres son iguales ante la ley y jamás ocurriría un caso de racismo y persecución semejantes. Por supuesto, en esas fechas, sobre todo en los estados sureños, la segregación racial era acérrima y los derechos de las personas afroamericanas brillaban por su ausencia en plena y flamante democracia.

Nota (III): Leí esta novela traducida al castellano pero compartí lectura con Letras con la sopa, quién la hizo en versión original y me advirtió de la minuciosa caracterización lingüística que llevó a cabo Harper Lee para cada uno de sus personajes (la cadencia del inglés de los sureños, la manera propia de hablar de los afroamericanos de 1930, las concesiones al lenguaje infantil de Scout, etc.). Para mi alivio, mi edición de Círculo de Lectores no había hecho experimentos extraños con los diálogos y, a falta de un reflejo más fiel pero a riesgo de una distorsión ridícula, la traducción es íntegra en castellano reglado. Gracias, Círculo de Lectores.

Nota (IV): Cerré este libro profundamente emocionada y con un nudo en la garganta. Esta ha sido una de las reseñas más difíciles de escribir ¿Cómo explicaros que se pone la piel de gallina cada vez que intento hablarle a alguien de Atticus Finch? (por cierto, mientras leía y por los siglos de los siglos, Attiucs siempre será Gregory Peck).


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Matar a un ruiseñor (libro)
Matar a un ruiseñor (película)

jueves, 20 de noviembre de 2014

Delicioso suicidio en grupo de Arto Paasilinna

Onni Rellonen es un director gerente de empresa de casi cincuenta años a la espera de que la administración venga a embargarle su casa de verano junto al lago. Su último negocio ha ido a la quiebra, como su matrimonio y su vida. Rellonen cree que la única salida digna que le queda es el suicidio. La mañana siguiente a la festividad de San Juan amanece luminosa y radiante, pero Onni está convencido de su propósito y para ello se va en busca de un lugar tranquilo para pegarse un tiro. Cuando finalmente encuentra un hermoso granero abandonado, resulta que está ocupado por un hombre con intenciones de colgarse de una de las vigas hasta morir. Rellonen llega justo a tiempo de impedir el suicidio del coronel Hermanni Kemppainen, lo que a su vez le disuade de suicidarse él mismo. Juntos, pasan las vacaciones en la casa de verano de Rellonen y traban una sólida amistad. De pronto son conscientes del centenar de personas que se suicidan cada año en Finlandia y, tras mucho debatir, deciden hacer un club de ayuda a los suicidas. Pero no para disuadirlos de su empresa, sino para acompañarlos hasta el final. Y así comienza la peripecia de un grupo de suicidas que recorre Europa en autocar en busca del mejor de los acantilados para poner fin a sus días.

"El enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin. La melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza, que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave. Tal es el peso de la congoja, que muchos finlandeses ven la muerte como única salida a su angustia."


Delicioso suicidio en grupo es una divertida novela de humor negro sobre las intenciones suicidas de los finlandeses, pero también una magnífica y certera reflexión sobre los motivos que impulsan a las personas a dar ese paso y el mayor mal que sola nuestra sociedad actual: la soledad.

El humor de Arto Paasilinna es un humor limpio y respetuoso, que deriva con frecuencia hacia el sarcasmo y la ironía, y resulta brillante en la descripción de personajes y sus estupendos diálogos. Paasilinna crea dos protagonistas maduros, cansados, sin nada que perder, que todavía buscan una excusa para seguir en pie y seguir luchando. Encuentran uno en el otro, un amigo incondicional que por fin les escucha y les comprende, y un objetivo común: ayudar a otras personas tan perdidas como ellos. El autor reflexiona sobre la idea de que la mayoría de personas no pensarían en quitarse la vida si tuviesen alguien que les comprendiera, alguien que de verdad les escuchara. Pero en la sociedad de las redes sociales, paradójicamente, donde la comunicación es más sencilla y global que nunca, pocos son los que están dispuestos a escuchar.

Lector, una historia distinta que se lee con una sonrisa en los labios y la esperanza de encontrar un final feliz cuando acabe el camino; porque a veces es más la riqueza de ese camino que la importancia del lugar al que queremos llegar.

Nota: Atención al misterio del lago y las botellas, te encantará.

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Delicioso suicidio en grupo

lunes, 17 de noviembre de 2014

En picado de Nick Hornby

Maureen es una mujer en la cuarentena que vive con su único hijo, ya adulto, en estado vegetativo desde su nacimiento. Martin es un famoso presentador televisivo que acaba de salir de la cárcel por haber mantenido relaciones sexuales con una menor; su mujer y sus hijas no quieren ni verle, y su agente ya no puede conseguirle ningún empleo. Jess es una joven enloquecida, a menudo arrastrada por las drogas, el alcohol y la insoportable certeza de que su hermana y mejor amiga ha desaparecido para siempre. JJ es un músico norteamericano que acaba de ser abandonado por su novia y por su mejor amigo, con el que además tenía un fabuloso grupo de rock; ahora trabaja repartiendo pizzas en Londres. Es Nochevieja y en la azotea de Topper´s House estos cuatro personajes se encuentran en las circunstancias más incómodas: todos ellos han subido ahí con la idea de suicidarse. "Pero como suicidarse en un acto íntimo, y cuatro son multitud, mientras comen las pizzas de JJ postergan matarse hasta el día de San Valentín". Y así comienza una relación, una no-amistad imposible, de cuatro personas desesperadas en busca de un motivo por el que seguir viviendo.

"Cuando estás triste -realmente triste, triste como para subir a lo alto de Topper's House-, lo único que quieres es estar con otras personas que están tristes."


Nick Hornby (Maidenhead, 1957), autor de Alta fidelidad y Juliet, desnuda, entre otras novelas, se adentra en las tortuosas sendas del suicidio para narrarnos una historia a cuatro voces, centenares de palabrotas, quintales de soledad y mucha desesperación. Todo ello narrado desde el testimonio particular de cada uno de sus cuatro protagonistas (atención al excelente trabajo de caracterización de las voces) y siempre acusando cierta deriva hacia el delirio y el humor más negro.

Aunque los personajes de esta historia tengan el firme propósito de suicidarse (al menos al principio de la novela) debe saber el lector que Nick Hornby nunca acaba de adentrarse por completo entre las tinieblas morales de tal planteamiento. Es decir, sus personajes piensan que son tan desgraciados que no tienen más remedio que dejar de sufrir, pero aún así, el autor se las compone para que sus voces sigan ostentando mucho humor (negro) y sus diálogos constituyan uno de los mayores atractivos de esta novela por su inmediatez, su ingenio y las réplicas punzantes que se dedican unos a otros. Maureen, Martin, Jess y JJ son desgraciados, sí, y al lector le costará encontrarles una solución para que sus vidas vuelvan a ser felices; pero aunque Maureen tenga toda la razón en estar deprimida, Jess sea gilipollas y loca, JJ esté más desorientado que Belén Esteban en Alba Editorial, y Martin sea despreciable ¿de verdad resulta inevitable su suicidio? Y es que, al fin y al cabo, todos los habitantes de Londres viven más o menos con cantidades similares de infelicidad.

Lector, si esperas una trama y un final dulcificado tipo Hollywood esta no es tu novela. Hornby no da cuartel a sus protagonistas (Maureen seguirá teniendo a su hijo, Jess seguirá siendo gilipollas, JJ, desorientado y Martin, despreciable) aunque, sorprendentemente, no escriba un drama sino una comedia. Una comedia negra sobre cuatro personas sin nada en común excepto sus intenciones suicidas, políticamente incorrecta, desesperada, y sin un verdadero final.

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En picado

jueves, 13 de noviembre de 2014

Agatha Raisin y la quiche letal de M.C. Beaton

Agatha Raisin, una madura ejecutiva londinense sin pelos en la lengua y poco tiempo que perder, acaba de realizar el sueño de su vida: vender su agencia de publicidad a la competencia por una buena cifra y comprarse una casita en los Cotswold, concretamente en el ídilico pueblecito de Carsely. Pero esta precoz jubilación del ritmo apabullante de Londres no acaba de convencer a la dura Agatha, quién empieza a acusar el peso de la soledad de su nueva vida pese conversación climatologica de sus vecinos. Dispuesta a integrarse en Carsely y hacerse popular, Agatha participa en un concurso de quiches. pero cuando el juez de la contienda culinaria aparece enevenado tras haberse cenado su quiche, Agatha no puede evitar involucrarse en la misteriosa vida del difunto y llevar a cabo su propia investigación.

"Agatha afirmó con convencimiento que ella presentaría su preferida: la de espinacas. La señora Cummings-Browne rió. "Si vuelve a reírse así, le soltaré una bofetada", pensó Agatha., más todavía cuando a la risa de la mujer le siguió la afirmación de que la señora Cartwright siempre ganaba."


Tras tropezar con esta novela en Bibliomanía y otros desvaríos y en Rustis y Mustis leen, me pareció que era justo lo que andaba buscando: una novela ligera, divertida, con un buen misterio clásico y esa pizquita de catracter inglés que tanto me gusta. M. C. Beaton (seudonimo de la escritora escocesa de novela histórica Marion Chesney) rinde su personalisimo homenaje a las novelas de Agatha Christie protagonizadas por su Miss Marple. Aunque, en este caso, más que un "Whodunit" es un "¿Pero cómo demonios lo hizo?".

Agatha Raisin dista mucho de ser Miss Marple: no es amable, no es encantadora, no es tan mayor ni perspicaz, y es una londinense en medio del corazón más convervador de los Cotswold. Pero el asesinato, el paisaje de fondo, el espíritu y el encanto de Christie indudablemente están en esta novela. Divertida, muy amena y con la prosa, siempre solvente y eficaz de Beaton, el lector se sumergirá sin problemas en la campiña inglesa para disfrutar del misterioso envenenamiento de un juez de concursos rurales que pese a sus orejas de soplillo estaba hecho todo un donjuan. La figura del detective Billy Wong, las idioteces de Roy, o los constantes guiños de la autora a las novelas de misterio británicas de mediados del siglo XX (la esposa del vicario, el coronel retirado del ejercito, la vecina cotilla, el pastel de riñones, el pub...) son algunos de los buenos ingredientes (además de la misma Agatha Raisin) que contribuyen a hacer de Agatha Raisin y la quiche letal una novela muy agradable.

Lector, una divertida y muy agradable novela de misterio que resultará simpática incluso a los fans de la gran Christie.

Nota: No se pierda el lector los continuos guiños a las novelas de misterio de tradición británica, a veces tan sutiles como los apellidos de algunos personajes secundarios (véase a la señorita Butteworth) y otras tan directas como "Ni siquiera la visitó el vicario. En una novela de Agatha Christie el vicario le habría hecho una visita, aparte, claro, de algún coronel retirado y su esposa."


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Agatha Raisin y la quiche letal

viernes, 7 de noviembre de 2014

La luna no está de Nathan Filer

En el verano en el que Matthew Homes tenía nueve años, un horrible accidente del que por siempre se sentiría culpable, provoca la muerte repentina de su hermano mayor Simon. Desde ese terrible momento, es como si Matt dejase de crecer también, como si se quedase congelado en el tiempo por el dolor y el encierro de su alma. Su mente inicia un espantoso descenso a los infiernos, marcado por la ausencia omnipresente de Simon y, lo que todavía resulta más confuso, su presencia en las cosas más cotidianas. Sus padres, desmontados por el dolor de la pérdida, no resultan un punto de apoyo, y pese a que él sabe que algo va mal dentro de su cabeza y de su corazón, Matt intentará tener su propia vida fuera de la casa familiar. 

"Esquizofrenia: (f) Transtorno mental severo caracterizado por la desintegración de los procesos de pensamiento, el contacto con la realidad y la respuesta emocional. Etimología: del griego schizein (dividir) y phren (inteligencia)."



La luna no está es una extraordinaria narración, desde el pensamiento nada convencional de un muchacho bloqueado, de la muerte de un hermano, de su incapacidad para vivir con esa certeza, pero también del descubrimiento y comprensión de un diagnóstico clínico mental. Nathan Filer, investigador de psiquiatría en la Universidad de Bristol y trabajador social, además de documentalista, se mete en la piel de un muchacho esquizofrénico que consigue explicar su historia pese a las trampas de su mente. La narración de Filer es tan creíble, y cuidada hasta el último detalle en su caracterización, que la crítica se ha rendido a su talento.

"Te contaré lo que pasó, porque será un buen modo de presentar a mi hermano. Se llama Simon. Creo que te caerá bien. A mí me cae muy bien. Pero en pocas páginas habrá muerto. Y después nada volverá a ser igual."

Sin embargo, lector, pese a lo que pueda decirse en su contraportada o en sus estupendas críticas, este no es un libro divertido ni con sentido del humor. Es una historia triste narrada con maestría desde un punto de vista único que la hace interesante, distinta, profunda, polifacética. Pero no es divertida. La esquizofrenia no es divertida. El narrador protagonista, Matt, tiene un bloqueo mental y vive con un diagnóstico de esquizofrenia, y nada de lo que dice ni cómo lo dice es divertido. Los tiempos en su narración se superponen, saltan hacia pasado, presente y futuro, se contradice en el mismo párrafo, se corrige, se enfada, cambia su punto de vista, su estado de ánimo, su conciencia, su realidad... Pero no es divertido.

"No hubo llanto tampoco cuando terminé el Mario 64 en modo para un solo jugador, con otro mando enrollado y muerto a mi lado, en el espacio vacío."

Así como en Las normas de la casa Jodi Picoult entraba a fondo en el síndrome de Asperger y sabía sacar partido a la vertiente más desconcertante y graciosa de su protagonista (esa literalidad) sin perder el sentido del humor (ni el respeto); o en el caso de El proyecto esposa de Graeme Simsion, donde volvíamos a encontrarnos con un Asperger que nos sacaba la sonrisa; en el caso de La luna no está, las circunstancias argumentales de la muerte de un niño y el horror que paraliza a su hermano son mucho más dramáticas, y por mucha naturalidad y cariño que le ponga Filer, creo que el lector no encontrará la diversión por ninguna parte.

Lector, una excelente novela que destaca por el talento de Nathan Filer para meterse, con delicadeza y respeto, en la piel de un protagonista narrador enfermo de esquizofrenia.


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La luna no está

lunes, 3 de noviembre de 2014

Mr. Vértigo de Paul Auster

Walt Rawley tenía apenas nueve años cuando el maestro Yehudi le encontró en las calles de San Louis y le propuso cambiarle la vida. "Si vienes conmigo te enseñaré a volar" le dijo. Walt podía tener nueve años, y ser un sucio mocoso huérfano y analfabeto que se ganaba la vida en las calles, pero era lo bastante espabilado como para desconfiar. "Si cuando cumplas trece años no te he enseñado a volar, me podrás cortar la cabeza con una hacha" le propuso entonces con su exótico acento y su mirada oscura el maestro Yehudi. Quizás fue por esa promesa, o quizás porque no tenía nada que perder, pero Walt acepta el trato del misterioso judío y juntos abandonan San Louis para irse a vivir a una aislada granja de Kansas. Su nueva familia, además del maestro Yehudi y sus misteriosas enseñanzas, es una maternal piel roja, ex-actriz en el show de Búfalo Bill, y un etíope dispuesto a entrar en una de las mejores universidades del país. Y es que el hogar, el verdadero, a veces está en los rincones más inesperados de la existencia.

"Ya no quedan hombres como él. El maestro Yehudi era el último de su raza, y nunca más he vuelto a encontrar a nadie que se le pareciese: un hombre que en medio de la jungla se sentía como en su casa. Quizás no era el rey, pero entendía sus leyes mejor que nadie (...). No darse nunca por vencido. No es que él viviese siguiendo este lema, es que él se lo inventó."


Paul Auster vuelve a sumergir al lector en una historia tan extraordinaria como el talento del escritor para darle vida y dimensión. Desde la primera frase, al lector no le queda más remedio que caer rendido, dejarse llevar por la cadencia de uno de los mejores narradores de los últimos tiempos. Porque Mr. Vértigo es, sobre todo, una historia que fluye, que envuelve y que arrulla, que convence y acompaña, que gusta por cómo está contada y por lo que cuenta.

Mr. Vértigo es una historia de aprendizaje, de amistad y de supervivencia. Auster hace viajar a sus personajes por los Estados Unidos de los años veinte, pero también por las miserias de la depresión del 29 y los años de cambio de la década de los treinta. El Ku Klux Klan, las ferias de la América profunda, el crack del 29, el negocio del petróleo, los grandes jugadores de beisbol de la época, las películas...  Un telón de fondo para Walt y el maestro Yehudi (personajes con los que Auster derrocha ternura) que muchas veces es esa América protagonista y circunstancial, cruel y llena de oportunidades, de las novelas del autor.

Si bien es cierto que los personajes de Mr. Vértigo son distintos, encantadoramente excéntricos y adorablemente destinados a cierta tristeza (la hermosa rebeldía de Mrs. Whitherspoon, el coraje de Madre Sue, la visión de Esopo, la personalidad arrolladora y fuera de lo común de los dos protagonistas principales), también lo es que en esta novela lo magnífico es la historia y la forma que tiene Auster de contar: en manos de cualquier otro contador de cuentos habría sido totalmente distinta. El autor derrocha ternura con sus personajes protagonistas

Lector, una novela para disfrutar de uno de los mejores contadores de historias de este siglo, tan solo ligeramente ensombrecida (por ponerle algún "pero") por su excesivamente alargado final.

Nota: Desde la tercera parte (incluida) hasta el final del libro, Mr. Vértigo se convierte en un larguísimo final. Auster, Walt y Yehudi ya lo han dado todo en las páginas anteriores, ¿por qué alargarlo a riesgo de flojear a ojos del lector? Aunque por otra parte, el universo y los personajes de Mr. Vértigo son tan extraordinarios que todos podemos entender por qué a su autor le cuesta tanto despedirse para siempre de ellos.

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lunes, 27 de octubre de 2014

Nuestra pandilla, de Philip Roth

En plena guerra de Vietnam, el presidente norteamericano Tricky hace unas declaraciones sobre la santidad de la vida humana, incluida la vida de los no-nacidos, que va a meterle en un buen berenjenal. Orgulloso de defender y proteger la vida humana, incluso la de los fetos estadounidenses se topa con la pregunta inesperada de un ciudadano preocupado: ¿Qué pasa con el teniente Calley, acusado por la matanza de veintidós civiles vietnamitas en My Lai? ¿Y si entre sus víctimas había una mujer embarazada? Con su retorcida argumentación de abogado, Tricky consigue tranquilizar las dudas del ciudadano, pero a la mañana siguiente se encuentra con una abierta declaración de hostilidades por parte de todos los boyscouts del país; sus liosas explicaciones sobre la defensa de los fetos ha dado a entender que el presidente está a favor de los actos carnales. Reunido con su gabinete de crisis, luchando contra la sudoración, Tricky baraja distintas soluciones para afrontar el ataque de los boyscouts, que van desde liquidarlos a todos hasta declararse gay en la televisión, pasando por la inculpación de Jane Fonda y Jimmy Hendrix.

"En aquella zanja de My Lai había niños, y sabemos que había mujeres de todas las edades, pero no he visto un solo documento que indique que la zanja de My Lai contenía una mujer embarazada (...).

Resumiendo, si el estado de la mujer "no se notaba", no podría decirse que el teniente Calley hubiese practicado una forma inaceptable de control de la población, y yo podría encuadrar lo que hizo dentro de mi creencia personal en la santidad de la vida humana, incluida la vida de los todavía no nacidos."


Sorprendentemente, Philip Roth publicó Nuestra pandilla a principios de los años 70 del siglo pasado, justo antes de que estallara el escándalo Watergate con la administración Nixon. Y digo sorprendentemente porque esta divertida sátira va precisamente sobre la corrupción moral y política del presidente Nixon y su entorno. La hipocresía de su postura ante las barbaridades cometidas en Vietnam, lo retorcido de su retórica de abogado, la mezquindad de sus asesores o lo inverosímil de las mentiras que contaban para maquillar la verdad son las piezas principales de crítica que Roth sostiene contra la administración Nixon/Tricky.

El resultado es una novela delirantemente divertida que sorprende por la certeza de sus aceradas críticas y porque podría trasladarse fácilmente a nuestro tiempo de intensa corrupción política y moral (por desgracia). Roth realiza un excelente trabajo en la caracterización de los discursos de Nixon/Tricky, retorciendo sin escrúpulos el sentido de cada frase y haciendo gala de una magnífica retórica, siempre dentro de la sátira y la ironía como una parodia de argumentación legal. El diálogo del primer capítulo entre Tricky y el ciudadano preocupado sobre el posible delito de "control ilegal de la población" del teniente Calley (no le preocupa que matase a 22 civiles desarmados sino que hubiese cometido aborto en el caso de que una de las mujeres ejecutadas hubiese estado embarazada) es, sencillamente, genial.

Lector, una sátira desternillante para iniciarse en la prosa más satírica y desatada de Philip Roth por todo lo alto.

Esta lectura forma parte de Leemos a Philip Roth, un pequeño homenaje que Rustis y Mustis leen nos ha animado a compartir con ocasión del Premio Príncipe de Asturias que recibió el autor en 2012.