martes, 28 de julio de 2015

El pintor de Flandes, de Rosa Ribas

Paul Van Dyck, joven y talentoso pintor adoptado por la familia de Anton Van Dyck y probable hijo bastardo del mismísimo Rubens, trabaja en el taller del maestro como alumno aventajado pero sin grandes esperanzas de reconocimiento. Paul desea convertirse en maestro y volar solo, que se tenga en cuenta su gran talento, pero teme que su orígen ilegítimo le perjudique en su carrera. La oportunidad de hacer algo diferente le llega cuando Rubens y Anton le presentan a un enviado de don Juan de Tassis, conde de Villamediana, como el candidato perfecto para llevar a cabo una gran y misteriosa obra pictórica en España. El ambicioso e inocente Paul se traslada al Madrid de 1622, a la casa palaciega de Villamediana, Correo Mayor de Felipe IV con ansias de desbancar a Olivares del puesto de valido real, y maneras de galán rompecorazones. Villamediana le encarga que pinte un lienzo de unos treinta metros de ancho que escinifica un peculiar banquete de Herodes con la cabeza decapitada del Bautista según los esbozos de Rubens. Paul pronto empezará a sospechar que el encargo es peligroso y está rodeado de secretos y complots para ganarse en favor de Felipe IV incluso a costa de la precaria paz con ingleses y franceses. 

"Paul no se sentía ni especialmente perspicaz, ni creía haber entendido todavía los usos de la vida en el Madrid cortesano, tan diferentes de la vida burguesa y hacendosa de Amberes. Pero calló, discreto sí que era. El conde hizo una pausa, tras la cual volvió a preguntarle:
-Así pues, ¿lo has reconocido?
-Por supuesto -respondió en un arranque de orgullo-, es el difunto Rey de Francia, Enrique IV, el padre de la Reina Isabel.
-Nuestra Reina -añadió el conde."


El pintor de Flandes fue la primera novela que publicó Rosa Ribas, la magnífica autora de La detective miope, la saga de novelas policíacas de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor, Don de lenguas o El gran frío, entre otras. Y pese a ser su opera prima está escrita con la fluidez y la elegancia propias de su personal estilo. Se trata de una novela de época, con misterio histórico, en la que conviven con mucha gracia personajes reales con otros de ficción, tejiendo un entramado de secretos y luchas de poder alrededor de un joven pintor, todavía inocente, consumido por las dudas y el dictado de su conciencia. 

Rosa Ribas construye con cariño la figura ficticia de Paul van Dyck, hermano adoptivo de Anton e hijo ilegítimo de Rubens. Dotado para el arte pictórico pero condenado a debatirse siempre entre las dudas, entre la nostalgia de sus seres queridos, de sus paisajes de la infancia, la autora lo coloca en medio de una conspiración política del Madrid de los Austrias. Amena, entretenida, y con la sensibilidad característica que Ribas sabe imprimir a sus personajes, El pintor de Flandes es una historia que convence y que intriga. Sin trampas, sin bruscos giros imprevistos, pero con buenas pinceladas originales y alguna sorpresa, al lector le agradará esta visión novelada de Rubens, Felipe IV, la infanta Ana María, Carlos Stuart o del Conde Duque de Olivares, entre otros.

Lector, una historia amena y entretenida con la buena prosa de Rosa Ribas.


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El pintor de Flandes

sábado, 25 de julio de 2015

Gerona, de Benito Pérez Galdós

En el invierno de 1809-1810 las cosas iban muy mal para España, todos querían mandar. En lugar de aunar fuerzas contra el invasor francés —un ejército profesional y eficaz de unos 300.000 hombres, según apunta Galdós—, andaban los políticos enredando por ver quién tenía más poder y se salía con la suya. Gabriel, que se ha incorporado en el ejército central después del horror de Zaragoza, va camino de Cádiz acompañado de su buen amigo Andresillo Marijuán, también procedente de otra guerra pesadillesca: el sitio de Girona. Gabriel cuenta, en este episodio nacional, la experiencia en primera persona de su compañero Andrés Marijuán en la toma de Girona por los ejércitos franceses, cómo sitiaron la ciudad durante meses condenando a la población (militar y civil) a la hambruna y la desesperación. Los gerundenses, arengados por el formidable general y gobernador Mariano Álvarez de Castro, resisten siete meses sitiados. 

"Sucedía en Sevilla una cosa que no sorprenderá a mis lectores, si, como creo, son españoles, y es que allí todos querían mandar. Esto es achaque antiguo, y no sé qué tiene para la gente de este siglo el tal mando, que trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles, al modesto audacia y al honrado desvergüenza."


Avisa al lector Gabriel que como está escribiendo estas memorias en su madurez, y que algo ha aprendido por el camino, referirá el episodio del sitio de Girona retocando el hablar tosco y sencillo de su compañero Andresillo Marijuán. Y aunque la narración es vívida y en primera persona del conmovedor protagonista, el lenguaje de este episodio nacional es semejante a los anteriores. Un episodio muy semejante a Zaragoza en el sentido de que de nuevo Galdós enfrenta al lector con los horrores más crudos de la guerra: niños muertos literalmente de hambre, niños enterrando con sus propias manos a sus hermanitos pequeños, centenares de cadáveres por las calles, desesperación, locura, crueldad... 

El problema de Gerona es que en ocasiones se hace algo tediosa, como en sus tres capítulos dedicados íntegramente a las ratas de la ciudad (por muy metáfora que sea de las guerras napoleónicas, es insoportable y repugnante) o sus casi cinco capítulos sobre la locura que asalta a don Pablo Nomdedeu cuando se trata de dar de comer a su hija enferma por encima de las necesidades de cuatro pobres niños, o el larguísimo parlamento agónico y alucinado del buen doctor en su lecho de enfermo (¡un capítulo entero!). Seguramente, Gerona adolece de la falta de novedad (el lector ya vivió un sitio angustioso y terrible con Zaragoza y este episodio es un poco más de lo mismo) y de líneas argumentales secundarias de peso que sostengan su número de páginas (a diferencia de Zaragoza, en este episodio no hay más línea narrativa que las desventuras de Andrés Marijuan y sus niños). O quizás, simplemente, sea esa ausencia de Gabriel y sus cuitas amorosas, aderezando la acción, el espionaje, la guerra y el ir y venir de tantos y tan geniales personajes secundarios ficticios o reales.

Sin embargo, Gerona vuelve a ser otro de los episodios nacionales más conmovedores, donde el punto de ternura lo ponen sin duda los niños, junto con alguna pizca de sentido del humor que muchas de las veces se torna escalofriante (como un baile de sardanas esperpéntico en medio del agotamiento bélico más absoluto, o la narración de las aventuras de los más pequeños entre las balas de cañón como si fuesen inmortales). Destaca, especialmente poso de tristeza para el lector, el olvido al que la Historia de nuestros días ha relegado a los héroes de Girona: "(...) preguntó a don Mariano que a dónde se acogería en caso de tener que retirarse. El gobernador le contestó. "al cementerio". Aquí no hay más remedio que vencer o morir (...). Se le llena a uno la boca diciendo ¡Viva Gerona y Fernando VII!, le parece a uno que ya está viendo las historias que se van a escribir ensalzándonos hasta las nubes". Pues muchas no se escribieron. 

Lector, pese a ser uno de los episodios nacionales más flojos hasta la fecha, siempre comparado con el resto de la primera serie, resulta una lectura apasionante y conmovedora.

Notas curiosas:

De nuevo Galdós huyendo de maniqueísmos y respetando a las personas por encima de las guerras "En honor a la verdad, debo decir que los franceses entraron sin orgullo, contemplándonos con cierto respeto, y cuando pasaban junto a los grupos donde había más enfermos, nos ofrecían pan y vino."

En Gerona encontramos una explicación del dicho "A cada cerdo le llega su San Martín" (ver capítulo II)

Fantástico el ingenio y la clarividencia de don Benito cuando pide, en una reflexión sobre las guerras imperialistas, una policía de las naciones (¡Está pidiendo una ONU en 1875!). O una imagen que muchos lectores reconocerán de una película de Charles Chaplin, El gran dictador: "Verdad es que parte de la responsabilidad corresponde al mundo, por permitir que media docena de hombres o uno solo jueguen con él a la pelota". 

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El final de Gerona es estupendo, con la llegada de Gabriel a Cádiz y la sorpresa que allí se encuentra. Por no hablar de Amaranta, cortejada, nada más y nada menos, que por Lord Byron.


Otras reseñas de Verano Galdós:

jueves, 16 de julio de 2015

La lista de mis deseos, de Grégoire Delacourt

Jocelyne está casada y tiene dos hijos, que son ya mayores, han volado del nido, y ella se ha quedado sola con su marido y sus mentiras. Jo hace tiempo que ha comprendido que todos mentimos, incluso a nosotros mismos, para no herirnos ni herir a los demás. Hace años que es propietaria de una pequeña mercería tradicional de su pequeña ciudad y en sus ratos libres escribe en su blog, diezdedosdeoro. A veces sale a comer o se toma un café con las hermanas Daniéle y Françoise, las propietarias de una peluquería cercana a su negocio. Las hermanas siempre juegan a la lotería, sueñan con ganar algún día, y convencen a Jo para que compre un boleto ¿Cuántas probabilidades tenía de ganar? Muy pocas, pero sucede. Jo gana algo más de dieciocho millones de euros y entonces llega la hora de dejar mentir ¿Qué puede comprar con ese dinero? ¿La felicidad? ¿Puede conseguir que vuelva su madre, que su padre recupere la memoria, que sus hijos vengan a casa más a menudo? ¿Qué es lo que realmente necesita? ¿Se puede comprar con dinero?

"Tenía aquello que el dinero no podía comprar sino tan solo destruir. La felicidad."


La lista de mis deseos es la segunda novela de Grégoire Delacourt, una profesional publicitaria que ya había ganado varios premios de prestigio, el Prix Marcel Pagnol y el Prix Rive Gauche, entre otros, con su primera novela L'écrivain de la familie. Nada sorprendente teniendo en cuenta la belleza de su prosa, sus frases cortas, cristalinas, llenas de una sencillez tan pura como los sentimientos que describe. Y es que La lista de mis deseos es precisamente eso, una historia sobre las pequeñas grandes cosas de la vida, las rutinas que esconden un amor extraordinario o la felicidad más inesperada. Delacourt reflexiona sobre las grandes pasiones del ser humano a partir de sus gestos más cotidianos.

Que no se deje engañar el lector por sinopsis coquetas, por portadas bonitas o por comentarios desafortunados, La lista de mis deseos es una historia inesperada narrada con una precisión y una belleza que conmueve hasta las lágrimas. Es la historia de Jo, única entre millones por su suerte pero igual a tantísimas mujeres por su corazón. Valores añadidos que disfrutarás de esta lectura, además de la bonita manera de contar de la autora y la esperanza que se mantiene a flote, pese a todo, son algunos de sus personajes secundarios, el blog de la protagonista y la recuperación (¿parábola?) de la solidaridad (valor ancestral) y de las labores tradicionales que sin darse cuenta Jo va hilando a través del mismo.

"Sí, creo que todo lo que viene del pasado no está pasado de moda. Hacer las cosas tú misma es muy bonito; dedicarle tiempo es importante. Sí, creo que todo va demasiado deprisa. Se habla demasiado deprisa. Se reflexiona demasiado deprisa, ¡cuando se reflexiona! Se envían correos electrónicos, textos sin releerlos, se pierde la elegancia de la ortografía, la amabilidad, el sentido de las cosas."

Lector, una sorpresa inesperada por su belleza y su sencillez a la hora de tratar temas complejos y tan absolutos como la felicidad y lo que no puede comprar ni todo el dinero del mundo.

También te gustará: El despertar de la señorita Prim (próximamente en Serendipia); La amaba

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lunes, 13 de julio de 2015

La chica de las fotos, de Mayte Esteban

Alberto Enríquez y Lucía Vega, dos famosísimos actores a punto de estrenar su última película, deciden tomarse unos días de descanso en un hotelito con encanto en el diminuto pueblo de Grimiel. Además del respiro, han pactado con sus agentes y un desalmado paparazzi unas fotos "robadas" de ambos en actitud cariñosa para aparentar una relación que les suponga publicidad gratuita para la película. Pero algo se tuerce en todo el montaje y nada sale como Alberto y Lucía tenían planeado. Lucía se encuentra con una vida de sencillos placeres en la quietud del pueblecito a la que le va a resultar muy difícil renunciar, y Alberto se topa con algo totalmente inesperado: Rocío, una chica extraordinaria que parece inmune a sus encantos. Cuando el mundo de los actores colisiona con la sencilla y temerosa vida de Rocío todo salta en mil pedazos ¿Cómo rehacer una vida después de haberla dinamitado hasta sus cimientos? ¿Dónde está el límite entre vida pública y privada de los actores? ¿Hasta dónde llegan las mentiras entre bambalinas para promocionar una película?

"-La vida es como barro. La vamos esculpiendo día a día, ¿no crees?
-En la vida -dijo mirándolo-, los errores se quedan. No admiten retoques.
-No estoy de acuerdo. Siempre se puede volver a empezar. Desde el principio.
-Eso no es verdad. Cuando te equivocas con alguien ya no hay vuelta atrás. Se acabó. Nada se parece a lo que era -dijo ella, adentrando su mirada en la oscuridad de la lluviosa noche.
-Cambia entonces al personaje."


La chica de las fotos es la novela finalista del III Premio Digital HQÑ de este año, y la sexta novela que leo de su autora, Mayte Esteban. Los que pasáis habitualmente por Serendipia ya sabéis que no soy lectora de romántica pero sí que me encantan las novelas bien escritas (¡¿Y a quien no?!) y la prosa de Mayte Esteban, para mí, siempre es sinónimo de calidad; no importa el género en el que se adentre, la rigurosidad de su escritura, la gracia de sus construcciones gramaticales, la personalidad de su estilo son ya su marca distintiva.

Empecé a leer La chica de las fotos pensando que me encontraría con una novela divertida y ligera, de esas tan agradables que se devoran en verano o cuando nos hace falta algo simpático que nos arrope en los malos momentos, pero me encontré mucho más. Tropecé con unos personajes estupendos, muy alejados de tópicos y clichés (sobre todo en el caso de los dos actores, que podrían haber sido el prototipo de divos insoportables, y no), unos diálogos llenos de ingenio y chispa, y la riqueza de unas reflexiones y paralelismos que llevan a esta historia más allá de la anécdota: la similitud entre los cotilleros y maledicencias de un pueblo pequeño, ese etiquetar y deformar los hechos sea verdad o mentira lo que se cuenta de la persona, y los rumores de la prensa rosa y los montajes de paparazzi y seudo-periodistas sensacionalistas. Mayte Esteban no solo cuenta una historia divertida sobre dos personas que se enamoran en las peores de las circunstancias, sino también una fábula sobre las mentiras, los mentirosos profesionales y la exposición a la maledicencia a la que todos estamos expuestos (unos más que otros, eso sí) y de qué manera destruyen nuestra vida y nuestras relaciones con las personas a las que queremos.

En La chica de las fotos el lector va a encontrarse con una Mayte Esteban segura de sí misma y fiel a la personalidad de su prosa. Con su estilo elegante y fresco, su lenguaje directo, su sensitiva mirada al interior de sus personajes y su desenfadado sentido del humor, la autora vuelve a ofrecer al lector una literatura de evasión que enamora por su buena construcción y sus estupendos protagonistas.

Lector, una novela divertida y sincera que te cautivará.


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La chica de las fotos

jueves, 9 de julio de 2015

Tierno bárbaro, de Bohumil Hrabal

Bohumil Hrabal (Moravia 1914 - Praga 1997) recuerda el tiempo en el que vivió junto a su vecino, el pintor y poeta Vladimír Boudník, un hombre genial y extravagantemente exagerado que comprendía la vida de una manera tan propia que resultaba difícil convivir con él. Eran tiempos de juventud en Brno, de caer borrachos de cerveza y conversación, de descubrimiento de las vanguardias artísticas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Era tiempo de compartir copitas de licor de Boudník, de acabar arrestados por el ejército acusados de espías mientras pintaban paisajes muertos en el bosque. Tiempo de comprensión, de humor negro, de encontrar respuestas, pero sobre todo tiempo compartido con uno de sus mejores amigos, Boudník, quien se suicidó en diciembre de 1968, al poco de que los tanques soviéticos ocuparan las calles de Praga.

"Nietzche se preguntó dónde estaban los bárbaros del siglo veinte... ¡Vladimír! ¡Claro, eso es! ¡Vladimír! Un bárbaro del siglo veinte que navega por las aguas frías del arte y las aguas calientes de la ciencia, como dijo Dalí. Vladimír..."


Señala la contraportada de la edición de Galaxia Gutenberg de Tierno Bárbaro que Bohumil Hrabal escribió este pequeño libro en 1973, cuando su obra todavía estaba prohibida en Checoslovaquia por el gobierno que había puesto en el poder el régimen soviético tras acabar con la Primavera de Praga a fuerza de tanques. Hrabal tenía casi sesenta años, vivía solo en su casa en el bosque de Kersko y estaba invalidado por los comunistas para ejercer ningún tipo de empleo. Se entiende entonces la pátina de nostalgia y ternura con la que el autor checo vuelve atrás la mirada y rememora sus años jóvenes junto al excéntrico y enloquecido Vladimír Boudník.

"Con leche desnatada hacía nata, con hollín de carbón brillantes, con un gorrión el ave Fénix, a un tullido lo convertía en un corredor de carreras, siempre que había poco de algo echaba su talento para demostrar que omnia ubique y que en lo mínimo está el máximo, que cada punto en el mundo es el centro del jardín del paraíso, mientras que los jardines colgantes se convierten despacio en ruinas y polvo y en ese polvo se contiene toda la belleza, en una pizca de tierra todo empieza de nuevo..."

Tierno bárbaro es un hermoso homenaje a Boudník pero también el retrato tamizado por la luz de la nostalgia de unos años en los que la intelectualidad exploraba nuevas fórmulas de pensamiento y arte fluía a placer por sus primeras vanguardias europeas. Y como telón de fondo de las correrías de Hrabal y Boudník, de los retratos costumbristas originalmente contados, las tensiones políticas y militares de Checoslovaquia y la Unión Soviética de aquella mitad del siglo XX. Rituales de amistad, desequilibrios mentales, retrato de un pueblo, Tierno bárbaro es un recuerdo personalísimo, con la prosa a borbotones de Hrabal, con su peculiar don de tornar increíble y fantástica incluso la rutina y el cansancio, de una amistad que precisaba de sus propios rituales y de un tiempo de incertidumbre que podría haber tenido cualquiera de los desenlaces posibles (e imposibles) en la malograda Primavera de Praga.

Lector, perfecto para iniciarse en el personalísimo estilo narrativo, lírico y evocador, de Bohumil Hrabal.

También te gustará: La librería más famosa del mundo

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Tierno bárbaro

lunes, 6 de julio de 2015

El ganso salvaje, de Mori Ōgai

En el corazón del Tokio de 1880, la bella Otama no ha tenido suerte en el amor pero su tierno corazón siempre ha estado rebosante de amor por su anciano padre, de quien nunca se ha separado desde que nació. Súbitamente solos, desamparados, y con ciertos apuros económicos, Otama acepta ser la amante del señor Suezō de manera que a su padre no le falte de nada y pueda vivir con la paz y la comodidad que se merece a sus años. Suezō, un mezquino prestamista que trata con desprecio a su mujer y a sus hijos, se sorprenderá vencido por el amor y la ternura cada vez que mire a Otama, a quien respetará y procurará una buena vida. Sin embargo, esa vida acabará siendo demasiado tranquila, demasiado aburrida, y, un día, la joven y resignada Otama cruza la mirada con Okada, un estudiante de medicina atractivo y romántico que llenará de esperanza a la hermosa concubina. 

"Otama no se había casado. Suezō envió a una persona para hacerle saber que un importante empresario quería convertirla en su amante y, pese a que al principio se negó, como era una chica de carácter débil, decidió conocer a quien sería su amo en Matsugen para poder cuidar de su padre."


Autor: Mori Ōgai
Traducción: Sachiko Ishikawa
Editorial: Chidori Books
Colección: Grandes Clásicos
ISBN (ePUB): 978-84-942880-0-5
ISBN (mobi): 978-84-942880-1-2
Precio: 5,50 euros


El ganso salvaje es una obra de madurez de Mori Ōgai, seudónimo de Mori Rintarō (1862-1922), que la publicó por vez primera en capítulos entre los años 1911 y 1913. Mori Ōgai, samurái, médico, científico, militar, erudito, traductor, crítico, filósofo y escritor, fue uno de los autores que más contribuyó a la renovación del lenguaje literario japonés en una época en la que —como bien explica Margarita Adobes en la introducción de esta magnífica edición de Chidori Books de El ganso salvaje—, el país se hallaba inmerso en un acelerado tránsito de sus estructuras feudales a la modernidad del cambio de siglo, a una apertura a Occidente que sin embargo mantuvo el firme anclaje de sus tradiciones intactas. En este contexto y teniendo en cuenta el bagaje y la extraordinaria experiencia cultural de su autor, es en el que el lector encontrará la riqueza añadida de esta novela de Mori Ōgai. Margarita Adobes señala en la introducción:

"A partir de 1909 su producción literaria fue excepcional. Su prolífica actividad como traductor de obras de Wilde, Ibsen, Strindberg, Rilke o Hofmannsthal, junto con su vasto bagaje cultural y su propio temperamento, sin duda, contribuyeron a la intenta experimentación que Mori desplegó tanto en su obra poética como teatral (...). La búsqueda de nuevas fórmulas en el lenguaje literario para hacerlo más flexible y adaptado al japonés moderno que se hablaba en la calle, así como la introducción del novedoso vocabulario contemporáneo (...) fue una constante en la obra de Mori, que logró establecer un camino a seguir para futuros escritores."

Por esta razón, por el entendimiento de Mori de los autores europeos de su época y su esfuerzo por modernizar la literatura japonesa, el lector encontrará en El ganso salvaje una historia llena de delicadeza y ciertas metáforas románticas pero también una novela que recuerda sin lugar a dudas a algunos de los libros de autores contemporáneos occidentales como Zola o Rilke; y, si el lector me lo permite, incluso hace pensar en el espíritu, en ese realismo de la Madame Bovary de Gustave Flaubert, seguramente por la crítica implícita a la sociedad de la época y el reflejo de la filosofía japonesa de ese final de siglo. Evidentemente, se trata de una narración, personajes y escenarios (esas calles del Tokio de 1880) profundamente japoneses, de una belleza y delicadeza propias de la cultura oriental del Japón de finales de siglo (finiquitado el período Edo y los sogunatos, pero con tantas reminiscencias de ambos todavía), pero escrita con una agilidad y una naturalidad que no suele encontrarse en otros autores contemporáneos a Mori.

Aunque no sea una historia autobiográfica, Mori Ōgai narra desde el punto de vista de una experiencia muy cercana a él puesto que sus protagonistas son estudiantes de medicina, y critica y expone una filosofía, una cultura y una sociedad en las que él mismo había crecido y madurado. El personaje de Okada, interesado en la literatura y a punto de marcharse a Alemania, es un ejemplo de esa época de cambio, de ese Japón que se estaba abriendo a occidente a marchas forzadas. El resultado es una historia de finales del siglo XIX que encandila por su naturalidad y su inteligente mirada, por su lectura de la sociedad del momento y del carácter de sus gentes, pero también por sus personajes femeninos y por la tristeza nostálgica que desprenden.

Lector, un clásico de la literatura japonesa que te sorprenderá.

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El ganso salvaje

jueves, 2 de julio de 2015

Cosas raras que se oyen en las librerías, de Jen Campbell

Jen Campbell se crió en un pueblo del nordeste de Inglaterra. Tras estudiar literatura inglesa en la Universidad de Edimburgo se mudó a Londres, donde trabaja en una librería de viejo(1). Y allí descubrió que los compradores de libros tienen sus particulares rarezas. Campbell recoge en este divertidísimo libro conversaciones reales(2) entre libreros y clientes en la Edinburgh Bookshop, la librería Ripping Yarns y algunas otras. Además, Malpaso editorial ha tenido el detalle y el acierto de enriquecer este bombón de libro con algunas conversaciones entre libreros y clientes autóctonas de este país al final de sus páginas. Un compendio de diálogos enloquecidos y descacharrantes que resultan imposibles leer sin caer en la carcajada.

(1) Fragmento biográfico de la editorial.
(2) Sí, sí, habéis leído bien, he dicho reales como la vida misma.


"¿Tenéis Expiación? Pero no quiero un libro con la imagen de la película en la cubierta, por favor. El cuello de Keira Knightley me pone enfermo."


"CLIENTE: Se dice que mil monos con máquinas de escribir podrían acabar produciendo maravillas... ¿lo sabía?
LIBRERO: Sí.
CLIENTE: ¿Tiene algún libro de esos?
LIBRERO: No."

Muchas más veces de las que nos imaginamos, la realidad supera a la ficción. Este es el caso de los diálogos entre clientes y libreros que ha recogido Jen Campbell en Cosas raras que se oyen en las librerías. Los lectores tendremos la tentación de pensar que no es posible, que nadie puede haber dicho eso... pero lo es.

Tengo una amiga farmacéutica que una vez me dijo "Me matan cuando vienen y me dicen "no recuerdo el nombre del medicamento pero eran unas pastillas redondas, pequeñas y blancas"; y se sorprenden de que no sepa cuál es". Todas las personas que trabajan de cara al público deberían escribir un libro con las anécdotas sobre su trato con los clientes, porque la originalidad de la raza humana nunca dejará de sorprendernos. En el caso de Cosas raras que se oyen en las librerías creo que gusta el triple porque somos lectores, adoramos los libros y nos encantan las librerías. Y creo que después de leerlo miraremos con más cariño (si eso es posible) a nuestros libreros preferidos.

Lector, una lectura para disfrutar y reír. Porque sí, porque tú te la mereces. 

Ah, por cierto, seguramente los Monty Python deben estar muy orgullosos de algunos de los clientes que se pasan por la Ripping Yarns.

Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a la magnífica labor editorial de Malpaso y a sus iniciativas, no solo por sus ediciones metaliterarias (me encantó La librería más famosa del mundo) sino también por la calidad de las mismas y por su iniciativa al incluir e-book en la edición física de sus libros. 


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