jueves, 16 de abril de 2015

Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon

Durante la noche en la que el joven Monty Brewster está celebrando con sus amigos (el club de los retoños de los más ricos de la ciudad de Nueva York) su 25 cumpleaños, recibe recado de que su abuelo acaba de morir dejándole en herencia un millón de dólares. Monty está más que feliz por despedirse de su modesto empleo en el banco de la familia y dedicarse a vivir cómodamente, pero el destino tiene otros planes para él. Al día siguiente de recibir su herencia, un bufete de abogados se pone en contacto con él para notificarle que su tío Sedgwich acaba de morir dejándole una fortuna de unos siete millones de dólares. Sin embargo, el excéntrico tío Sedgwich odiaba al abuelo de Monty y las cláusulas de su testamento son bastante peculiares: si Monty quiere heredar los siete millones de su fortuna deberá deshacerse del millón de su abuelo en el plazo de un año; no podrá disponer de ninguna propiedad una vez vencido ese plazo y deberá dilapidar el dinero con cierta moderación y bajo unas estrictas restricciones morales. El joven Brewster decide aceptar el desafío póstumo de su tío y se lanza a deshacerse de su fortuna a contrarreloj. Pero pronto se dará cuenta de que no resulta tan sencillo hacer desaparecer un millón de dólares sin ganarse la burla de sus conocidos, el sarcasmo de los empresarios y banqueros, la acerada crítica de las crónicas de alta sociedad, el desprecio de otros y la profunda preocupación de sus verdaderos amigos. 

"Me parece bien que tenga la inteligencia de cambiar un mísero millón por esta otra suma, y le admiro por ello; pero me parece que olvida usted las condiciones establecidas en el testamento de su tío (...) ¿Se da cuenta de que no le será fácil gastarse un millón de dólares sin infringirlas de un modo u otro, perdiendo así las dos fortunas."


George Barr McCutcheon publicó Los millones de Brewster en 1902 bajo seudónimo para ganarle cien dólares a su editor: se había apostado con él que el nombre del autor no era decisivo en la popularidad de una novela (por aquel entonces, el autor ya era conocido por su saga de Graustark). Pero con autor famoso o sin él Los millones de Brewster tuvo su merecida acogida por el público, que supo apreciarla y disfrutarla como la ingeniosa y divertida comedia que es.

La historia de cómo Brewster debe dilapidar un millón de dólares en un año (es un neoyorquino de familia rica en los años veinte del siglo XX) plantea algunas cuestiones en las que a primera vista el lector no había pensado: la burla de las personas que le rodean (¿cómo puede ser tan inepto en los negocios?), la crítica (¿cómo puede ser tan despilfarrador?), el desprecio (¿cómo puede ser tan tonto como para no pensar en su futuro? ¿Así respeta la memoria de su abuelo?), la incomprensión de sus amigos más queridos, que sufren por su salud y su obsesión despilfarradora, o el descubrimiento de algunas verdades (¿Le quieren por quién es o por su dinero?¿Le querrían igualmente si fuese pobre?). Pero sobre todo, esta carrera de Brewster en pos de la bancarrota es una demostración de quién es él en realidad. George Barr McCutcheon construye a un héroe valiente, sincero, fuerte y demuestra al lector que la valía de su personaje no tiene por qué basarse en el espíritu puritano y estadounidense tradicional de self-made man (el éxito a través del esfuerzo y el trabajo) sino que también es posible por el proceso contrario, el de perder todo el dinero/éxito. 

Divertida, entrañable, ingeniosa y muy inteligente, esta estupenda comedia plantea cuestiones y situaciones que encantarán al lector. Impredecible y llena de humor, recuerda muchas veces ese estilo encantador de las películas de Ernst Lubitch o, entre otras, a El millonario de Ronald Neame (protagonizada por Gregory Peck y basada en un relato de Mark Twain). 

Lector, no podrás dejar de leer hasta el final intrigadísimo por cómo será capaz Brewster de salir victorioso de semejante aventura.


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Los millones de Brewster

lunes, 13 de abril de 2015

La señorita Hargreaves de Frank Baker

Norman Huntley, un joven estudiante de órgano en la catedral de la localidad de Cornford, pasa unas despreocupadas vacaciones en Irlanda con su amigo Henry Beddow. Por un excéntrico capricho de este último, el postrer día de su viaje visitan la espantosa iglesia de Lusk en donde oyen hablar por vez primera del reverendo Archer. "Querido reverendo Archer" pronuncia Norman casi distraído. Y ese el inicio de la peculiar existencia imaginaria de la señorita Hargreaves, una extraña anciana, alegre, jovial, amante de la música y la poesía, que viaja a todas partes con un loro llamado Mr. Peppush, una perrita llamada Sara y una bañera con historia propia. La vida se complica para Norman y Henry cuando de vuelta en su convencional y tranquila ciudad de provincias descubren que su invención les ha enviado una breve nota anunciándoles su pronta visita a Cornford para disfrutar de la compañía de sus queridos amigos. El problema es que Connie Hargreaves no había sido, hasta la fecha, más que un pasatiempo, una invención de los amigos para pasar el rato durante sus últimas horas en Lusk ¿Cómo es posible que exista de carne y huesos?

"Debería intentar transmitir lo que sentía, o de lo contrario, se quedarán con la idea de que este pretende ser un libro gracioso. Y no lo es; es un libro muy serio: es el relato de la cosa más sorprendente que me haya sucedido nunca, algo que modificó el curso de mi vida. De modo que no se equivoquen. Y recuerden que es verdad, que no me he inventado nada... a excepción, claro, de la propia señorita Hargreaves."


Frank Baker escribió La señorita Hargreaves en 1939 y la crítica británica se apresuró a tacharla de hilarante. No sé si el lector encontrará exactamente hilarante esta comedia tan curiosa pero sin duda, no me negará, que su punto de partida (la irrupción en la aburrida y convencional vida de Norman de su invención) es magnífico y prometedor. En todo caso, se trata de una historia divertida, original, ingeniosa y sorprendente.

En la primera parte Baker presenta a sus protagonistas, Norman y Henry, dos muchachos sin nada especial que reciben la visita de una anciana pintoresca y maniática, capaz de viajar con un pequeño zoo a cuestas y su propia bañera. El problema es que esa viejecita, la señorita Hargreaves, no existe; o al menos no existía más que en la imaginación de los dos amigos hasta que pisó el andén de Cornford y decidió hacer una visita a sus creadores. Una situación excéntrica y cargada de humor, que se intensifica con la aparición del padre de Norman, Cornelius Huntley (un librero extraordinario, imposible de no querer) y los equívocos de la situación con la anciana dama quisquillosa en las calles de la pequeña localidad.

"Así termina la primera parte de la historia de la señorita Hargreaves. Ojalá esto fuera todo; ojalá no hubiera una segunda parte por escribir", escribe Baker hacia mitad de la historia. Y el lector no puede menos que pensar "pues, sí, ojalá no la hubieses escrito... así". Y es que en esta segunda parte, la  insoportable indecisión de Norman empieza a hacerle parecer ante el lector como un imbécil pusilánime; y el carácter algo difícil de la señorita Hargreaves la acerca peligrosamente a convertirse en un personaje totalmente odioso ¿Por qué entonces seguir leyendo hasta el final, sin poder mandar a tomar viento al tonto de Norman y a la infame Hargreaves? Pues sin duda por el inolvidable Cornelius Huntley y por la estupenda prosa (divertida, amena, perfecta) de Frank Baker y sus magníficas descripciones:

"Llevaba un delantal verde de una tela fuerte y tenía maneras de sepulturero. O sea, cuando te miraba era obvio que te estaba relacionando con la tierra y calculando si cabrías en el hoyo."

"La señora Cutler, una mujer magra con una mirada que podría extraerle su pasado a un pisapapeles..."

Lector, a Frank Baker no se le puede dejar de leer ni siquiera en el caso de que decidiese escribir sobre las homílias a los corintios.


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martes, 7 de abril de 2015

La señorita Mackenzie de Anthony Trollope

En el Londres de mediados del siglo XIX, Margaret Mackenzie, una mujer en la treintena que ha dedicado su vida a cuidar de su hermano enfermo, recibe una cuantiosa herencia a la muerte de este. Inesperadamente acomodada, libre y soltera, Margaret decide ser feliz y se traslada de Londres al agradable pueblo de Littlebath. Aunque su inexperiencia social le dificulta su integración en un primer momento, la inteligente y sincera Margaret pronto se verá arrastrada a consideraciones sobre ser una dama y la falta de libertad que ello le supone. Muy pronto sus tribulaciones sociales pasarán a un segundo término pues, para su sorpresa, la señorita Mackenzie va a ser cortejada por nada más y nada menos que tres pretendientes: su primo John Ball, el socio comercial de su hermano Jonathan Rubb y el reverendo Jeremiah Maguire. Ninguno de los tres oculta que sus planes matrimoniales se fundamentan en su interés por el dinero de Margaret, pero ella está dispuesta a encontrar algo de romance y amor, pese a su edad, para decidirse entre uno u otro de sus pretendientes.

"-Usted siempre tiene miedo de todo -dijo la señorita Mackenzie.
-Por supuesto; hay que tener miedo. Una dama soltera no puede salir ni hacer todo lo que quiera como lo puede hacer un hombre o una mujer casada.
-Que un hombre no sé, pero creo que una mujer soltera debería ser más libre de hacer lo que quisiera que una mujer casada."


Anthony Trollope (1815-1882) fue uno de los más destacados novelistas victorianos y uno de los primeros en considerar el oficio de escribir como un oficio, precisamente. Dotado de una prosa brillante, fluida y siempre salpicada de un estupendo sentido del humor, Trollope solía tratar en sus novelas sobre la importancia del dinero en la posición social, tema que protagoniza La señorita Mackenzie (1865). Sarah Manzano explica, en su magnífica introducción para esta edición de dÉpoca editorial, que Trollope era un gran retratista de la sociedad victoriana; amigo de Wilkie Collins, George Eliot o William Thackeray, en La señorita Mackenzie pueden entreverse puntos en común con algunas obras de Charles Dickens o de la misma Jane Austen (el lector reconocerá algunas frases que bien podrían haber sido escritas por esta autora como, por ejemplo, "Considero que el deseo de casarse es la disposición natural de una mujer a la edad de... digamos entre veinticinco y treinta y cinco años, y así mismo creo que es beneficioso para el mundo en general que así sea.").

Trollope toma partido como narrador en esta novela, se burla un poquito de su protagonista y comenta con el lector sobre lo acertado o desacertado de las opiniones, reflexiones y procederes de los distintos personajes. Pero es inevitable que el lector acabe rendido, ya en los primeros capítulos, a las ganas de ser feliz de Margaret Mackenzie, a su integridad, a su fortaleza, a su rebeldía pese a su condición de dama en 1865. Su retrato sobre la sociedad de la época, la city de Londres, las cuestiones legales, el desatino religioso (atención a los apuntes del puritanismo y sus pastores) y, sobre todo, la crítica social sobre la posición que otorga el dinero (o la falta del mismo) a nobles y gentiles británicos de la época despuntan entre las líneas de esta gran novela. 

"El dinero, que no todo lo puede, que probablemente no haga mucho, si uno reflexiona bien, puede hacer ciertas cosas. Paga diamantes y permite grandes banquetes. Pero los diamantes falsos y los banquetes que solo pueden aspirar a ser grandes sin conseguirlo, se encuentran entre las más despreciables imitaciones a las que el mundo se ha rebajado."

Margaret MacKenzie sufre sin medida, como toda heroína que se precie: primero sufre por su inexperiencia como dama repentinamente rica, después para decidirse entre pretendientes que solo quieren su dinero, más tarde como víctima desposeída, como mujer que defiende su honor con uñas y dientes ante la mentira y el libelo, y por último por amor. Y por mucho que Trollope se empeñe en que La señorita Mackenzie es un retrato de su época, una crítica social y una reflexión sobre las posibilidades de una solterona con y sin dinero, su sentido del humor (atención a la cena en Gower Street con "Aires de Grandeza", o la impresión de unos guantes amarillos) y cierto encantador e inevitable romance llevan a buen (y agradable) puerto al lector tras haberle mantenido en vilo durante toda la novela.  Sin duda, con esta imprescindible La señorita Mackenzie (hay que leer a Anthony Trollope, sí, sí) dÉpoca editorial estrena por todo lo alto la Biblioteca Trollope con la que ha prometido deleitarnos.

Lector, ¿cómo es posible que el lector actual del siglo XXI se sienta ininterrumpidamente intrigado durante unas 450 páginas con la historia de una solterona victoriana y sus vicisitudes sociales y personales? Pues esa es la magia de Anthony Trollope.

Este libro llegó a mis manos gracias al concurso de reseñas de El misterio de Gramercy Park que organizaron Rustis y Mustis leen y dÉpoca editorial, muchísimas gracias.


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La señorita Mackenzie

jueves, 26 de marzo de 2015

Pero... ¿quién mató a Harry? de Jack Trevor Story

Una hermosa mañana de verano, en la no tan apacible campiña inglesa (desde que la especulación constructora del señor Mark Douglas puso los cimientos de la urbanización Sparrowswick Heath), aparece el cadáver del pobre Harry. Abie, el hijo de cuatro años de la hermosa Jennifer, es el primero en toparse con el muerto, entre los helechos. Mientras esquiva las balas del nuevo capitán Albert Wiles, inexperto cazador con escopeta, va a avisar a su madre del hallazgo. No sin antes tropezarse con un conejo muerto y un nidito de amor clandestino. Jennifer no parece demasiado sorprendida por el hallazgo de su pequeño, pero más excepcional serán todavía las reacciones de sus vecinos porque, en el fondo de sus corazones, todos están convencidos de ser los autores de semejante crimen ¿Por qué?

"-¡Capitán Wiles!- exclamó la mujer.
El capitán soltó los tobillos del muerto y se cuadró.
-Sí, señora- dijo él.
La mujer miró al cadáver. Después miró la escopeta del capitán (...) y dijo:
-¿Qué, de caza? (...)
-Sí -dijo-. Un pequeño accidente. Está muerto.
Recelosa y con un poco de asco, la mujer tocó el cadáver con la punta del pie.
-Sí, ya veo -dijo."



En el exuberante bosque que rodea la urbanización de Sparrowswick Heath nadie parece inmutarse por la presencia del cadáver de un desconocido excepto el atribulado capitán Wiles, que se cree culpable por accidente. Un vagabundo en busca de unas buenas botas, un artista generoso y a punto de enamorarse irremediablemente, un casanova sin remedio con las esposas de los demás, una hermosa viuda decepcionada con el amor, una simpática solterona dispuesta a darle una segunda oportunidad a los hombres... Los vecinos de Sparrowswick son excéntricos y lunáticos pero no se cortan ni un pelo a la hora de enterrar y desenterrar cadáveres según las circunstancias lo requiera.

Pero... ¿quién mató a Harry? es una pequeña muestra del mejor humor británico de mediados del siglo XX. Divertida, sardónica, salpimentada con humor negro, y bebiendo directamente de la esencia de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, es una novela llena de ingenio y de situaciones imposibles que harán reír al lector. Jack Trevor Story, en su inconfundible estilo mordaz, recrea la desventura de un cadáver en una comunidad cerrada y peculiarísima, mientras que entre palas, entierros y "desentierros", surgen amores, intrigas y reconciliaciones. Publicada en 1949, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock.

Lector, te gustará especialmente si eres un incondicional de la impecable flema británica.


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Pero... ¿Quién mató a Harry?

lunes, 23 de marzo de 2015

Nobles y rebeldes de Jessica Mitford

Cuando a los 38 años de edad, Jessica Mitford regresa a la casa de sus padres, tras diecinueve años de ausencia, se ve inmersa en los recuerdos de su infancia. En aquella casa se había sentido atrapada la mayor parte del tiempo, siempre anhelante de salir a un mundo en pleno proceso de cambio. Pese a que sus padres no le procuraron una educación convencional (creían que no merecía la pena que las mujeres estudiasen), su curiosidad y sus ansias de libertad pronto la hacen decantarse por las teorías socialistas y la llevan a devorar toda la literatura al respecto. Cuando conoce a su primo Esmond Romilly, uno de los sobrinos más díscolos y activistas del mismísimo Winston Churchill, Jessica queda totalmente deslumbrada por su aura de aventurero idealista y su contagiosa pasión por las causas justas.

"Y ya me dirán a cuántas familias son capaces de recordar con una hija que escribiera una brillantísima novela de juventud satirizando el fascismo (Nancy); otra que tuviera a Josef Goebbels de padrino de boda (Diana); otra que intentara suicidarse por amor al Führer (Unity Valkyrie); y otra más que planeara seriamente llegar hasta el Führer para descerrajarle un tiro (Jessica)."


Jessica Mitford (1917-1996), la sexta de siete hijos del barón David Freeman-Mitford, llegó a ser una reconocida periodista y activista social autodidacta. Con una biografía inesperada (por sus orígenes) que la llevó desde las brigadas internacionales de la guerra civil española hasta la lucha por los derechos civiles en primera línea, pasando por su firme y continuada oposición al régimen nazi y su exploración del partido comunista norteamericano, Jessica no fue ni mucho menos la más original de todas las hermanas Mitford.

"-Siempre que veo las palabras "la hija de un noble" en un titular -comentó mi madre con cierta tristeza-, sé que va a tratarse de una de vosotras, hijas mías."

Con una familia semejante, el lector no puede menos que reconocer que intrigar y divertir con un libro autobiográfico como Nobles y rebeldes tampoco tiene demasiado mérito. Es decir, la prosa de Jessica es ingeniosa, satírica y punzante pero hay que reconocer que muy mal tiene que contarse la historia para que la encantadora excentricidad y locura de estas Mitford no deleitase al lector. Dicho esto, Nobles y rebeldes es una lectura en clave de humor, pero también de profunda crítica social (y también autocrítica), de la Inglaterra de mediados de siglo y de la vida de la autora, siempre observadora y consciente del momento histórico de profundo cambio político-social que le tocó vivir.

Personalmente, me quedo con la prosa de Nancy Mitford, mucho más certera, elegante, inteligente y satírica. Cierto que Jessica hace gala de un estupendo sentido del humor británico y se aleja de cualquier tentación autocompasiva (su vida no fue precisamente fácil y hay que admirar su grado de compromiso con sus ideales) pero le falta algo de la mala leche de Nancy, de ese saber dar en la diana justo en el meollo de las cosas, y de su talento literario (en mi opinión, Nancy es la escritora de la familia). Como anteriormente había leído A la caza del amor, ya conocía de antemano la infancia y la originalidad de los Mitford en su casa familiar y sobre la educación de sus hijas, pero pese a esa ausencia de sorpresa ante la sátira paterna y la disparidad entre las hermanas, Nobles y rebeldes me ha arrancado más de una sonrisa en ese sentido, además de mi más sincera admiración.

Lector, un libro perfecto para acercarse a la original familia Mitford y, en concreto, conocer a Jessica, una incansable activista por los derechos civiles con una escala de valores morales muy alejadas de la clase social y estamento noble en el que se nació y creció.

También te gustará: A la caza del amor

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Nobles y rebeldes

jueves, 19 de marzo de 2015

Flotando en la palma de la mano de mi madre, de Ursula Hegi

Hanna Malter es una niña que vive en el pequeño pueblo de Burgdorf, a orillas del Rin, en la Alemania de una postguerra de la que nadie quiere hablar, ni siquiera en los libros de Historia del colegio. Su padre es un paciente dentista y su madre una joven y salvaje pintora que suele salir a nadar durante las tormentas y cuyos cuadros tienen "los colores equivocados" según la hermana del párroco local. Hanna corre libre por las calles de Burgdorf, juega con sus amigas, escucha atenta los cotilleos de Trudi Montag, la propietaria de la biblioteca circulante, se baña con su madre en la poza y asiste a la bendición anual de vehículos que hace el pastor Herr Beier. Hanna no entiende por qué su vecino Mathias esconde una tristeza culpable, o por qué Rolf, el hijo de Frau Brocker no encuentra ninguna fotografía de su padre, un soldado norteamericano que se fue de Alemania antes de que él naciese. La vida de los adultos es complicada, llena de códigos y gestos secretos que ella todavía no puede interpretar.

"Cuando mi madre entró en el décimo mes de embarazo dejé de moverme en su matriz. Una mañana se despertó con una sensación de absoluto silencio que la arrancó de unos sueños poblados de música de flauta y de pájaros de colores, sueños que no había tenido nunca antes de estar embarazada, sueños que volvería a tener cuando, dos años más tarde, iba a quedarse embarazada de mi hermano."


Flotando en la palma de la mano de mi madre es una mirada teñida por la nostalgia a la niñez de una niña alemana que no ha oído hablar jamás de la guerra ni de Hitler, y que ningún niño de su clase, ni de clases inferiores a la suya, se llama Adolf, pese a haber sido un nombre muy popular en generaciones anteriores.

"En nuestras clases de Historia no se pronunció nunca el nombre de Adolf Hitler. Nuestros profesores se explayaban a gusto con los antiguos griegos y romanos, se abrían camino lentamente hacia Atila el Huno, hacia Enrique VIII y sus seis esposas, hacia el káiser Guillermo y hacia la Primera Guerra Mundial. De allí saltábamos de nuevo a los antiguos griegos y romanos."

Rodeada de personajes peculiares, Hanna va contando su historia a pinceladas, retocando el retrato de una infancia feliz pese a estar rodeada de adultos con cicatrices y heridas. Ursula Hegi escribe con una cadencia sostenida y recrea la atmosfera tristona de un pueblo que ha seguido adelante sin acabar de resolver sus cuentas pendientes. Y aunque no destaque por la riqueza de su léxico ni por la musicalidad de su prosa, la autora retrata con eficacia (un poco seca, a veces) la vida de Burgdorf a través del encanto de la mirada de una narradora que todavía no ha traspasado el umbral de los adultos. Una historia que tiene mucho de biográfica.

"En apariencia, Burgdorf era un pueblo de grandes virtudes, pero era porque se echaba tierra encima de todo tipo de transgresiones. Era un pueblo en el que abundaban los fingimientos y donde muchos adultos, tras cometer faltas terribles, se fabricaban vidas respetables."

Lector, una historia cuyo encanto reside en la peculiaridad de los personajes que la pueblan vistos a través de la hermosa mirada de Hanna.

También te gustará: El jardín de Dachau; La fabulosa historia de Henry N. Brown; La ladrona de libros

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lunes, 16 de marzo de 2015

El rompecabezas del cabo Holmes, de Carlos Laredo

En los acantilados de Cee, cerca de Finisterre, un viejo marino encuentra el cadáver desnudo de una bella y joven mujer. José Souto, cabo de la Guardia Civil de Corcubión, se hace cargo de la investigación de semejante hallazgo y sus primeras pesquisas apuntan a que la chica era una modelo que navegaba junto al empresario madrileño Julio de Val en el barco privado de este último. Souto, a quienes todos en el puesto de mando llaman afectuosamente "el cabo Holmes" por el tesón de sus investigaciones, recaba información para elaborar una posible teoría de naufragio. Pero las piezas del rompecabezas no encajan con esa teoría: la identificación de la modelo resulta ser un fraude, el pedazo de casco del barco hallado a la deriva no es del yate de Julio de Val, y el empresario todavía no ha aparecido ni vivo, ni muerto, ni secuestrado. Con la ayuda de Julieta,  la hija de de Val, y la sorprendente intervención de un peculiar detective privado, Holmes profundiza en las pesquisas de un misterio en el que todos parecen mentirle y ser culpables de diferentes delitos.

"Un hombre admirado e, incluso, odiado, como Julio de Val, no iba a morirse de una aburrida enfermedad como cualquier desgraciado. Los empleados de Empresas de Val estaban encantados y hasta agradecidos de que el presidente hubiera tenido el buen gusto de escoger un final espectacular, con yate y modelo desnuda incluida, en la Costa de la Muerte y, seguramente, después de una pantagruélica mariscada. De algo tenían que presumir."


Título: El rompecabezas del cabo Holmes
Autor: Carlos Laredo
Editorial: Sinerrata
Colección: Sinrastro
Género: Policíaca
Año: febrero 2012
ISBM: 9788493976859 ePub 9788493976866 mobi 9788493976873 IBD

El rompecabezas del cabo Holmes es la primera novela protagonizada por José Souto, el intrépido cabo de la Guardia Civil de Corcubión. Carlos Laredo inicia las aventuras de su investigador protagonista con un caso de inmejorable apertura misteriosa: la aparición de una hermosa joven muerta, un naufragio misterioso y toda una trama de engaños alrededor de las empresas de Val y sus directivos. 

Algo más pausada en su ritmo narrativo que la posterior La decepción del cabo Holmes, Laredo teje con paciencia los detalles de la trama maquiavélica de los empresarios de Madrid y presenta con carácter y mucho encanto a su investigador protagonista y su entorno extraordinario (nada menos que la espectacular Costa da Morte gallega). Con este doble hilo narrativo, la historia consigue fluir con seguridad ante la atención de un lector que progresivamente va tomando conciencia de que todos los personajes alrededor del desaparecido Julio de Val parecen culpables, y de que Souto tiene el tesón, la paciencia y la perspicacia para llegar al fondo del misterio por mucho que intenten torearlo o menospreciarlo por ser un guardia civil de provincias. 

"-Ten paciencia, mujer. Holmes es gallego y ya sabes que los gallegos tienen que dar muchas vueltas antes de soltar algo."

Otra interesante contraposición entre estos dos hilos narrativos (Madrid y Galicia), bien alternados por un narrador omnisciente para dotar de ritmo y suspense a la trama y no resultar tramposo en la dosificación de la información para con el lector, radica en la naturaleza de sus protagonistas: la sordidez e inmoralidad de Julio de Val, su yerno y todo su entorno (ladrones, sobornos, consumo de drogas, prostitución, mafias, chantajes...) versus la integridad y la sencilla escala de valores intelectuales del cabo Holmes (pese a que él, como guardia civil, vive muy de cerca los problemas criminales de su entorno: tráfico de drogas, asesinatos, robos, etc.).

El resultado es una novela policíaca distinta y amena, muy agradable de leer por el carisma de su protagonista (incluso por personajes secundarios tan interesantes como el detective Julio César Santos) y por la investigación de un caso que presenta novedades y giros, sin trampas pero con habilidad narrativa. Sin olvidar el atractivo de la proximidad histórica y cultural de la novela con el lector: el hermoso paisaje de la Costa da Morte, los juzgados saturados por el reciente caso del Prestige, la indignación ante la sordidez de ciertos empresarios, etc. De diálogos ágiles, en ocasiones ingeniosos y divertidos (como los de Santos con Julieta, por ejemplo), y una solvencia narrativa que contribuye a una explicación clara y fluida de los hechos, El rompecabezas del cabo Holmes es una excelente primera novela de una saga que esperamos que tenga por delante una larga vida.

Lector, no importa en el orden que leas las novelas de Carlos Laredo sobre el cabo Holmes, las disfrutarás de todas formas.

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