jueves, 17 de junio de 2010

Cartas de J.R.R. Tolkien. Selección de Humphrey Carpenter

Humphrey Carpenter, con la colaboración de Christopher Tolkien, recogió en este volumen parte de la correspondencia escrita por el propio J.R.R. Tolkien. En estas cartas, impregnadas del espíritu y el pensamiento del genial profesor de Oxford, Tolkien comenta con sus hijos, amigos y editores sus experiencias cotidianas, sus opiniones sobre la guerra o la literatura, sus dificultades y alegrías con el proceso de escribir sus novelas y un sinfín de cosas más. A través de estas líneas, el lector comprende cómo fue parte de la vida de Tolkien, cómo sufrió por tener que vivir dos guerras espantosas (en la I Guerra Mundial estuvo combatiendo en la batalla del Somme y perdió a varios amigos, en la II Guerra Mundial colaboraba en la vigilancia durante los bombardeos a Gran Bretaña y tuvo a dos hijos en el frente), su obsesión por revisar constantemente sus escritos, su fascinación por las lenguas y el lenguaje, su relación con alumnos y colegas...

Son exquisitos retazos de su propia vida, escritos de su puño y letra, con una clarividencia extraordinaria y, pese a las dificultades de la época, trufadas con un gran sentido del humor y una energía contagiosa. Tolkien odiaba Francia y la cocina francesa, disfrutó de la complicidad de C.S. Lewis durante toda su edad adulta, con quien se reía incluso de su médico personal o "inútil curandero", disfrutaba leyendo fragmentos de sus obras preferidas y de sus propios escritos a sus amigos en el T.C.B.S. (iniciales de Tea Club and Barrovian Society, porque se inició tomando el té clandestinamente en la Biblioteca de la Univesidad, aunque estaba prohibido), en el Coalbiter ("comedores de carbón" porque leían junto a la chimenea) o en el posterior Inklings, fumaba en pipa y adoraba los chalecos de colores,...


Este compendio de Carpenter recoge cartas fascinantes como la respuesta de Tolkien a unos editores alemanes que, interesados en traducir El Hobbit a su idioma en el verano de 1938, le piden al profesor que les demuestre su ascendencia aria. Tolkien les dice, que no comprende a qué se refieren porque ni él ni sus antepasados son arios, es decir, que no hablan ni indo-iraní, ni indostano, ni persa, ni gitano, ni ningún otro dialecto afín, "Pero si quieren averiguar si soy de origen judío, sólo puedo responder que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo". En otra de las cartas, dirigida a sus editores ingleses, les ruega encarecidamente que si la edición americana de El Hobbit precisa de ilustraciones que por favor no sean de "influencia Disney", que tanto aborrece.

Pero sobretodo destacan, por su sensibilidad y encanto, las decenas de misivas que envía a su hijo Christopher cuando éste está fuera del país preparándose como aviador para entrar en combate contra la Alemania nazi. Con él no sólo comparte cariño y preocupación por la guerra, sino que además le confía sus esperanzas y temores en la gestación de su gran obra literaria, El Señor de los Anillos. Christopher ha leído los cuentos y leyendas de su padre desde la infancia, ha crecido con El Señor de los Anillos y El Silmarillion, y Tolkien comprende que las ha escrito para él más que para ningún otro. A su hijo le confía su rechazo a una guerra en la que, pese a estar convencido de que Gran Bretaña está del lado correcto, se está destruyendo la naturaleza con el motor de combustión interna (tala de árboles, contaminación, bombardeos, etc.) y se está combatiendo con unas armas tan nocivas y malvadas como el propio mal que se combate. "Porque estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo. Y (según parece) lo lograremos. Pero el precio es, como sabrás, criar nuevos Saurons y lentamente ir convirtiendo a Hombres y Elfos en Orcos" . Una visión que resultó profética con el lanzamiento de las bombas nucleares y el posterior desarrollo del escenario político mundial.

Lector, cuando un soldado americano se rió del acento de Oxford de J.R.R. Tolkien, éste le contestó que a él le parecía que los americanos hablaban inglés como si pasasen una esponja de agua sucia por su idioma. Después de eso, se fueron a tomar un "inmundo café" y se hicieron bastante amigos. Si El Señor de los Anillos es una de las grandes obras atemporales de la literatura, este compendio de cartas de su autor es una pequeña joya muestra de su ingenio y clarividencia.

4 comentarios :

  1. Debió ser hace millones de años (mas de 20) que no leía este libro, en aquel tiempo me había acabado el señor de los anillos por primera vez leyéndome solo los párrafos que empezaban por guion tras el segundo tomo.

    Me dejo fascinado, aquellas cartas, aquel humor e ironía, el pensar en las cosas que este hombre había vivido y visto me hizo coger de nuevo parte de los pasajes que me había saltado del señor de los anillos (las catorce paginas de la descripción del bosque negro) y disfrutar e imaginar como se vería el bosque negro con los ojos de Tolkien.

    Un libro mas que recomendable, porque hasta cierto punto te parece ser testigo de la manera mas indiscreta posible de la vida de un genio.

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  2. Pues sí, es cierto. Este libro se disfruta en muchos sentidos pero también es verdad que se hace muy especial esa ilusión de establecer cierta complicidad con el profesor Tolkien, casi como si pudieras estar presente en una de sus lecturas entre "amigotes" en el "Bird and baby".

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  3. Pues yo estoy buscando este libro y no hay Manera, sabeis de algun ejemplar que se venda? Gracias
    ludacay@gmail.com

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  4. david, busca en librerías de segunda mano, es la única opción porque la editorial lo tiene descatalogado. Mira también con librerías de segunda mano online, tipo Iberlibro o semejantes. Suerte!

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