miércoles, 10 de noviembre de 2010

Nocturn de Portbou de Jaume Benavente

Una estación de tren es un lugar de paso donde se entrecruzan historias y destinos, ¿pero qué espera allí Daniel si no tiene intención de viajar a ninguna parte? Daniel rememora los recuerdos de una Barcelona de mediados de los ochenta, a veces tenebrosa, donde conoció a Sofía Duran. Ella no era más que un enigma en la consulta de su médico, un interrogante como el nen del guix de aquel grabado de Peter Heym que tanto le fascinaba. El canódromo de Horta, la Avenida de la Luz, el incendio del Maritza, incluso Sofía y su pequeña jugadora de ajedrez, todo se va diluyendo y desaparece entre la niebla. Tiempo después, tras la caída del muro de Berlín, Daniel se traslada a Colera y más tarde a Portbou e inicia una lenta pero definitiva transformación. Reconciliado con sus pinceles, apoyado por su antiguo médico y amigo, y siempre pendiente la intrigante historia de Sofía y Alma, Daniel busca desesperado un sentido a sus inquietudes, a sus anhelos, a la incomodidad de su vida.


Bajo el seductor título de Nocturn de Portbou se despliega toda una novela de misterio, de inquietud y de búsqueda que atrapa al lector como un canto de sirena suave pero insistente. El protagonista, un hombre inseguro, casi gris, y con un pobre concepto de si mismo, se ve arrastrado por la historia fatalmente apasionada, escarlata, de una mujer y su entorno. El contraste evidente entre un tímido Daniel, aquejado de cierta apatía, y el torbellino de destrucción siempre en movimiento de Sofía Duran se convierte en el eje de una acción sencilla pero cautivadora que mantiene siempre en vilo la curiosidad del lector. ¿Por qué Daniel vela en la estación de tren? ¿Cómo ha llegado hasta ese punto? ¿Qué misterio esconde Alma? ¿Qué fue de Ferenc? La intriga sobrevuela siempre esta historia de cruce de caminos con poquísimo diálogo e impecable factura.

Lector, aquí tienes una novela para saborear despacio por su encantador tono intimista pero que te despertará la impaciencia de girar las páginas por sus inquietantes misterios.

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