jueves, 25 de noviembre de 2010

Todo es silencio de Manuel Rivas

En Brétema, en una aldea arrullada por el Atlántico, nada ni nadie escapa al dominio de Mariscal. Ni siquiera tres muchachos, Fins, Brinco y Leda, que crecen a la sombra de los manejos de este contrabandista y han aprendido que incluso aquello que el mar devuelve a la tierra ya tiene dueño antes de tocar la orilla. Pasados los años, los tres amigos han tomado caminos distintos para conjurar o rendirse al determinismo terrible de Brétema aunque por eso mismo siguen unidos, porque llevan las palabras y los gestos del cacique tatuados a fuego en cada centímetro de piel. Ninguno de ellos puede ignorar que sus padres, cada uno a su manera, vivieron y murieron marcados por la huella terrible de Mariscal, que su inocencia, su pasado y su presente, su propio pensamiento es el resultado de tanto años de sombra.


Todo es silencio es mucho más que una historia triste de contrabando, una trama de corrupción y narcotraficantes amortiguada por la belleza de una narración sencillamente drámatica e hipnótica. Escrita con el apasionado ritmo de terciopelo clarividente que imprime Manuel Rivas a todas sus palabras, inevitablemente mecida por el Atlántico, se convierte en una historia de pérdida en donde lo que no se dice es protagonista en cada uno de los diálogos. En este sentido, resultan especialmente brillantes las conversaciones del médico y el maestro con sus omisiones intencionadas, las pausas entre las frases lapidarias de Mariscal y la contención de Brinco, ese no tener voz de Sira fuera del compás de algún fado, las ausencias de Fins o el caminar sin ruido de Nove Lúas por la arena de la playa. Algo alejada de la arquitectura de filigrana histórica de Los libros arden mal, pero no por ello menos merecedora, Todo es silencio seduce al lector por su buen ritmo en una historia francamente intrigante, pero también, por la belleza de sus palabras tejiendo escenas de espuma de mar, muchas veces entre la bruma. Como siempre, leer a Rivas es todo un placer.

Impregnada de misterio y encanto resulta la aldea en la que Rivas sitúa a sus protagonistas: A de Meus, en Brétema. Brétema, ese lugar imaginario de Galicia creado por la escritora Marina Mayoral, también significa "niebla" en gallego. Muy apropiado para unas páginas tan llenas de silencio, de sombra, de jirones nebulosos que callan lo que ocultan.

Lector, déjate conmover por esta historia sobre un silencio a gritos en la Galicia atlántica.

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