viernes, 24 de junio de 2011

La casa de Riverton de Kate Morton

A las puertas del nuevo milenio, la anciana Grace Bradley recibe una noticia inesperada: una joven directora de cine desea que visite los decorados de la película que está rodando sobre el drama acontecido en la mansión Riverton. Grace había servido como doncella en la casa de Riverton desde principios del siglo XX hasta finales de los años 20, siempre fiel a las hermanas Hartford. Volver de nuevo a la majestuosa casa, abre la puerta de unos recuerdos que durante décadas ha decidido mantener a buen recaudo. Sin embargo, Grace sabe que su secreto no debe morir con ella y decide dejar testimonio de aquella parte de su vida para que su nieto Marcus, un conocido escritor inmerso en el dolor por la reciente muerte de su esposa, comprenda el por qué de tantos años de silencio. Grace siempre quiso a los Hartford, desde la primera vez que los sorprendió en la habitación de los niños susurrando sobre el Juego hasta la última noche en la que las dos hermanas asistieron a la muerte del poeta.
La casa de Riverton es una sólida novela ambientada en un momento sociocultural de enorme cambio como fue la Inglaterra de entreguerras. Magistralmente documentada y con una vibrante credibilidad histórica, Kate Morton traslada con facilidad al lector a las primeras décadas del siglo XX, cuando el modelo aristocrático victoriano (y su servidumbre) se estaba hundiendo y las mujeres reclamaban un rol más activo en la sociedad. Con personajes carismáticos y bien definidos, estupendos diálogos bien adaptados a la época y una impecable prosa, la autora consigue reflejar de manera muy atractiva aquel doble mundo de las mansiones habitado por los señores (arriba) y por los no siempre tan invisibles miembros del servicio (abajo). El hilo conductor es la memoria de la protagonista, Grace, quien crea un juego de luces y sombras, de suspense y melancólica tristeza, con su alternancia vital entre el presente y sus recuerdos de un mundo que se derrumbaba. Además del encanto de los personajes y del misterio que flota a lo largo de toda la novela, Morton trasmite con eficacia el horror de la I Guerra Mundial y sus secuelas, una guerra distinta a cualquier otra hasta la fecha y que cambió el mundo tal y como lo conocían. En este sentido, destaca la escena de Lady Ashbury quejándose, en 1919, de los pocos hombres jóvenes que quedan para llenar los bailes de sociedad, o la vuelta de Alfred aquejado de psicosis de guerra tras haber combatido en el terrible matadero que fue la batalla del Somme. En resumen, se trata de una historia muy interesante tanto por su argumento en si como para disfrutar de una buena recreación de la época de entreguerras y el profundo cambio que se estaba gestando en la sociedad británica: la llegada del capital norteamericano (con sus ideas sobre banca, política, cadenas de montaje) para maridar con un título nobiliario inglés que le diese prestigio, el self-made de la clase obrera, el fin de la servidumbre, la inquietud de la mujer por formarse y ser independiente, la moda de los alocados años veinte, las calles de Londres llenas de tullidos de guerra,...

Lector, sumérgete en la historia de Riverton con una buena taza de té. Te parecerá estar en la cálida cocina de la señora Townsend, saboreando uno de sus famosos brioches bajo la atenta vigilancia del señor Hamilton.

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