martes, 29 de noviembre de 2011

Contra el viento del norte de Daniel Glattauer

Un error en una dirección electrónica inicia una curiosa correspondencia entre dos desconocidos. Emmi Rothner envía un correo a la revista Like para darse de baja de la suscripción pero en realidad llega hasta la bandeja de entrada de Leo Leike, un asesor de comunicaciones que le contesta educadamente para sacarla de su error. Sin embargo, con la llegada de las navidades y los mensajes masivos de felicitación, Leo no puede resistirse a la tentación de volver a contestar a Emmi y los e-mails empiezan a sucederse entre ambos. Él es un naufrago a la deriva de una relación incesante y tóxica, ella una mujer felizmente casada y con dos hijos, pero juntos son capaces de crear, siempre a través de las palabras, una isla común en donde el tiempo y espacio desaparecen para poder ser ellos mismos en cada coma, en cada acento, en cada exclamación. Palabra a palabra, quedan totalmente desnudos y a solas: "tú has convertido mi monólogo interior en un diálogo".

Si el lector abre Contra el viento del norte esperando encontrar una gran historia de amor quizás no le parezca tan original como debería porque la verdadera fuerza y emoción de este libro no radica tanto en el romanticismo como en la singularidad de sus palabras, de su escritura. Contra el viento del norte es, por encima de todo, un baile dialéctico tan bien tramado que hasta sus personajes y circunstancias se desdibujan para dejar paso a una contienda escrita deliciosa y precisa. Daniel Glattauer conoce el peso de cada una de las palabras que elige para sus protagonistas y sabe bailar con las construcciones gramaticales de una manera sensacional. El resultado es un libro de correspondencia electrónica en donde los personajes se conocen íntimamente y se hacen el amor a través de las palabras, sin caer en ningún tópico romántico o en cursilerías insoportablemente endulzadas. Glattauer consigue dar a Leo y a Emmi su propia voz, consiguiendo diferenciarlos en su manera de comunicarse (pensamiento, lenguaje y escritura son la esencia de la persona) y los hace únicos, libres, vibrantes para el lector (aunque con un pésimo gusto para los vinos). Destaca, de manera bellísima, llena de ternura y sencillez, la descripción de Emmi de sus inquietudes, sus sentimientos, a través de los ojos de los muebles que la contemplan y la acunan en la seguridad de su hogar. Esos muebles para los que a veces resulta una extraña soñadora sentada al teclado del ordenador para conjurar el insomnio terrible de ese viento del norte.

Lector, si hace tiempo que echas de menos un buen discurso inteligentemente dialogado y fresco, ha llegado la hora de que conozcas a Emmi y a Leo. Sus duelos más íntimos no te dejarán indiferente.

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lunes, 28 de noviembre de 2011

La juguetería errante de Edmund Crispin

Cuando el señor Spode, prestigioso editor, visita a uno de sus más famosos poetas, Richard Cadogan, lo encuentra haciendo prácticas de tiro de dudosa puntería en el jardín de su casa. Cadogan está aburrido y poco inspirado, según él necesita vivir alguna apasionante aventura que le devuelva a la vida. En contra de los consejos del prudente Spode, el poeta decide ir a pasar unos días a Oxford, pensando que una ciudad en la que todo es posible le abrirá las puertas de la emoción. Pero la hermosa Oxford siempre es impredecible y Cadogan tropieza con un asesinato imposible la misma noche en la que llega a la ciudad. Cuando explica a la policía que se ha encontrado el cadáver de una mujer en una antigua juguetería de la calle Iffley, los agentes le toman por loco: ni la juguetería está donde Cadogan asegura, ni existe cadáver alguno. Quizás ha llegado el momento de pasar por St. Chrispother y solicitar la ayuda del perspicaz, y poco convencional detective, Gervase Fen.
El verdadero nombre de Edmund Crispin era Bruce Montgomery (1921-1978), licenciado en Oxford y autor de varias novelas y cuentos sobre las aventuras detectivescas de Gervase Fen, un profesor de literatura inglesa del ficticio St. Christopher, que aterroriza el campus, y al resto de la ciudad, al volante de su automóvil Lily Christine III. La juguetería errante es uno de los mejores casos de Fen y está considerada como un clásico de la novela británica de detectives. Divertida, trepidante y misteriosa, esta novela destaca no solo por su interesante planteamiento de un asesinato imposible (al más puro estilo Agatha Christie) sino, sobretodo, por la excentricidad de sus particularísimos personajes y su gran sentido del humor. Cadogan y Fen son, sencillamente, geniales y sus diálogos oscilan entre una irónica disertación de literatura inglesa y el más enloquecido razonamiento policial (Fen llega a preguntarse "¿qué haría ese listillo de Holmes?"). La irrupción en escena de Gervase Fen en su coche, el absurdo robo de Cadogan, las reflexiones de un camionero, el encanto de un lánguido estudiante llamado Hoskins, un alcoholizado janeausteniano o las extraordinarias persecuciones finales, son algunos de los múltiples encantos de esta original historia.

Recomiendo al lector la reciente edición (noviembre 2011) de la editorial Impedimenta, un auténtico lujo por su agradable y brillante traducción, su impecable formato y una mimada edición (casi, casi) exenta de erratas. Es innegable que Impedimenta ha sabido conservar, con acertada elegancia y cariño, la esencia y el encanto de una novela inglesa escrita en 1946.

Lector, ajústate tu mejor flema británica y sigue los pasos, si puedes, del detective más excéntrico de Oxford en el caso más peliagudo de su carrera. Te divertirás.

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martes, 22 de noviembre de 2011

L'auberge. Un hostal en los Pirineos de Julia Stagg


El pequeño pueblo de Fogas, al pie de los Pirineos franceses, guarda pocas sorpresas para sus escasos habitantes. Hasta que Lorna y Paul Webster, un joven matrimonio inglés, deciden comprar el único albergue y restaurante del lugar para poner en marcha el negocio. Ilusionados, aunque con cierto vértigo por haber dejado todo lo que conocían en Manchester (casa, trabajo, amigos), los Webster se ponen manos a la obra para restaurar la hermosa casona y abrir cuanto antes. Pero en Fogas no lo tienen tan claro con sus recién llegados vecinos. Algunos creen que poner de nuevo en marcha el albergue y el restaurante beneficiará al pueblo con más turismo e ingresos, pero otros, con el alcalde a la cabeza, piensan que será la ruina más absoluta si consienten en que unos ingleses, con su espantosa manera de cocinar, reabran el único restaurante del pueblo. La guerra entre unos y otros solo acaba de empezar.
L’auberge. Un hostal en los Pirineos es una deliciosa novela que se degusta en un suspiro. Divertida, amena, simpática y salpicada de ternura, esta historia reconforta por su sencillez humana y su alegre sátira de la burocracia, los prejuicios y los tópicos. Julia Stagg sabe huir muy bien de las típicas descripciones románticas que los ingleses suelen idealizar sobre el paisaje, la cocina y el carácter francés (además de la Toscana italiana) y se centra en crear un tira y afloja de personajes tan bien construidos como interesantes. Por estas páginas se mueven con desenvuelta gracia una niña que sueña con ser acróbata y detesta el colegio, un gato llamado tomate, un fantasma gruñón, una devota feligresa con inquietudes socialistas, un toro llamado Sarkozy con tendencias escapistas, una granjera carbonizadora de comidas... Y una decena más de los extraordinarios y apasionados vecinos de Fogas. Lo más curioso de todo es que Julia Stagg es una autora inglesa que en la actualidad vive en los Pirineos franceses y regenta un pequeño auberge...¡donde también cocina para sus huéspedes! Cuánto de su estupenda primera novela estará basado en hechos y personas reales es una duda con la que el lector habrá de conformarse.
Lector, ten cuidado con las goteras, el escape de la caldera, los roedores okupas y la escayola de los techos pero pasa a l’auberge y ponte cómodo. Ya verás como los habitantes de Fogas acaban convenciéndote de que te quedes un ratito más.
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lunes, 21 de noviembre de 2011

Los ojos amarillos de los cocodrilos de Katherine Pancol

Joséphine siempre ha sido el patito feo de la familia. Experta medievalista, ratón de biblioteca, dulcísima esposa y bondadosa madre de dos hijas, es continuamente menospreciada por su hermosa y rica hermana y por su cruel madre. Pese a su débil autoestima, Joséphine llega a un punto límite; no puede seguir soportando al vago de su marido Antoine, que además le está siendo infiel con una joven peluquera. Al borde del abismo, Joséphine echa a su marido de casa y se embarca en la mayor de sus aventuras: vivir su propia vida con valentía. A su lado, sus no siempre dóciles hijas y su estupenda y misteriosa vecina Shirley. Pero con el tiempo, Joséphine encontrará aliados inesperados y una fortaleza de ánimo que ni siquiera llegó a sospechar. Pasado, presente y futuro se entrelazan entre sus dedos mientras va tejiendo, despacio y con paciencia infinita, a la nueva persona en la que se está transformando.
Lo más curioso de Los ojos amarillos de los cocodrilos es que sin ser una gran novela mantiene al lector fiel a sus páginas. No presume de grandes personajes, ni de una suculenta trama, ni siquiera de una literatura extraordinaria, pero Katherine Pancol sabe medir tan bien el tempo de su narración, la dosificación de misterio y suspense, la sensación agradable de positividad, que atrapa en su lectura pese a la ausencia de brillantez. Con una prosa sencilla y directa, muy entretenida, y unos diálogos ágiles y efectivos, aunque casi nunca impactantes, Pancol explica la historia de una mujer que, pese a sus carencias afectivas y al maltrato que ha recibido de casi todos sus seres queridos, decide ser feliz. Quizás ese sea el mayor atractivo de esta historia, la exaltación de lo cotidiano, de una protagonista gris y cotidiana. Quizás, ése sea el mensaje que mantiene al lector pegado a este libro con una sensación de bienestar y la promesa de un final feliz y positivo: no es necesario ser un personaje de leyenda ni realizar grandes épicas para convertirse en verdaderos héroes. Porque, sin duda, Joséphine es una heroína capaz de las cosas más difíciles y valientes: cambiar su vida a fuerza de voluntad.

Lector, aquí tienes una historia agradable que te tratará bien siempre que no le exijas demasiado.

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jueves, 3 de noviembre de 2011

Serendipia en Premios Bitacoras 2011

¡Serendipia entre los 36 mejores blogs culturales de Premios Bitacoras 2011. Muchas gracias a todos por vuestros votos, en especial a los seguidores de Hacktimes.

Un abrazo a todos los lectores y gracias.

Nos seguiremos encontrando aquí, aquí mismo, en Serendipia.

Criadas y señoras de Kathryn Stockett

En 1962, en Jackson, Misisipi, la segregación racial no se puede tomar a la ligera si eres negro y quieres conservar tu casa, tu trabajo e incluso tu vida. Aibileen y Minny son dos buenas amigas de color que desde la infancia, y al igual que sus respectivas madres, se han dedicado a servir de criadas para las familias blancas de Jackson. Aibileen ha criado a diecisiete bebés blancos y los ha adorado con toda su alma hasta que la educación racista de sus familias abría un brecha insalvable entre ella y todos sus niños. La paciencia de Minny ha llegado a su límite tras tanta injusticia y le resulta imposible confiar en ningún blanco. Las políticas del presidente Kennedy, la lucha por los derechos civiles y Mather Luther King pugnan por cambiar las cosas, incluso en Misisipi, pero la sociedad blanca de Jackson sigue aferrada a sus creencias segregacionistas. En medio de este momento de cambio, Skeeter, una chica blanca, vuelve a la plantación de sus padres tras acabar la universidad. Perdida, desorientada, asqueada por el trato de sus amigas a sus criadas, recibe el pequeño empujoncito de una editorial de Nueva York: ¿y si escribiera un libro sobre la experiencia de las criadas negras de Jackson? Todo parece imposible hasta que Aibileen se cruza en su camino y le abre la puerta de su casa, de su historia, de su amistad.

Criadas y señoras es una historia bien pautada, llena de ternura y de sentido del humor, que resulta original por sus personajes y sus voces pese a tratar sobre un tema tan recurrente en la literatura y en el cine como las relaciones interraciales en el Misisipi del siglo XX. Aibileen, la verdadera alma de esta novela, es una mujer inteligente y extraordinaria, capaz de cambiar las cosas de manera consciente pese a no ser más que una criada para blancos. Su amor por Chiquitina, sus esfuerzos por educarla en la tolerancia y el respeto, son la verdadera esperanza de cambio que germina por entre las páginas de esta pequeña gran historia. Su contrapunto humorístico (indispensable para no hacer de este libro un terrible drama) lo pone su amiga Minny, con su arranques verbales, sus geniales prontos, y su patológica desconfianza haciendo de contrapeso a su infinita bondad. Criadas y señoras es un libro sobre la amistad imposible entre unas mujeres que escribieron de su puño y letra, con riesgo de su propia vida (y no sólo de la exclusión social), uno de los capítulos más valientes de la Historia de Estados Unidos. Kathryn Stockett se revela como una extraordinaria contadora de historias que sabe mantener el misterio, el ritmo y la emoción desde el principio hasta el fin de esta encantadora novela repleta de personajes tan bien construidos como las tres protagonistas, y tan especiales como la madre Skeeter, el Senador, el editor del diario local de Jackson o la siempre invisible Constantine.

Lector, acércate un poquito, sin miedo, y Aibileen te susurrará al oído las historias más emocionantes y dónde hallar la esperanza más recóndita.