martes, 28 de febrero de 2012

La niña que iba en hipopótamo a la escuela de Yoko Ogawa

El primer vehículo en el que llevaron a Tomoko fue un lujoso cochecito de bebé regalo de su tía, el segundo, fue la bicicleta de su padre. Ahora tiene doce años, conserva el cochecito y la bicicleta, pero su padre ha muerto y su madre tiene que irse a estudiar a la ciudad, por lo que la deja al cuidado de su tía. Tomoko sabe que jamás olvidará el año que vivió en la casa de Ashiya, una enorme mansión de estilo occidental cerca del mar y las montañas, con tantas habitaciones como objetos preciosos y los restos de un zoo en el jardín. Una casa acogedora y cálida por el cariño de sus habitantes: los tíos, la abuela Rosa, la señora Yoneda, el señor Kobayashi... Pero sobretodo la prima Mina, ese ser medio feérico, liviana como un suspiro, siempre al borde de una crisis de asma, tan pálida pero tan llena de energía y de vida. Mina, su mejor amiga, su sorprendente secreto, que le enseñó los tesoros más preciados de sus cajas. Esa niña frágil e inteligente, con los bolsillos llenos de cerillas, que iba en hipopótamo a la escuela.


Tras encandilar a los lectores con La fórmula preferida del profesor Yoko Ogawa ha vuelto a retratar con innegable acierto la magia de la amistad y la infancia con esta estupenda novela, La niña que iba en hipopótamo a la escuela. Tierna, luminosa, sencilla, evocadora, la prosa de la autora dibuja con los colores más brillantes y suaves la amistad entre dos niñas que vivieron un año que fue único porque, sencillamente, estaban juntas. Especialista en construir personajes con la rotunda clarividencia de apenas dos líneas, siempre a través de la precisión de sus gestos, sus miradas, sus dones, Ogawa crea toda una galería de deliciosos protagonistas unidos por el amor, el respeto y el cariño, en donde la casa y el hipopótamo Pochiko también tienen su papel. El centro de todo es la amistad de Tomoko y Mina, envuelta en la mirada evocadora del recuerdo y fielmente trasmitida desde los ojos de una niña. Las galletas bolo, los refrescos Fressy, la final de voleibol, el chico de los miércoles, la lluvia de estrellas... Todo un universo infantil lleno de magia y ternura, con la extraordinaria Mina transformando cada instante en algo único como una singular hada de las cerillas. Sin duda, una novela para disfrutar desde su precisa escritura hasta el más pequeño detalle de su encantadora historia y sus inolvidables personajes.

Lector, abre este libro y deja de Yoko Ogawa te hechice con la pureza y la dulzura de una amistad infantil que edificó todo un mundo.

También te gustará: La fórmula preferida del profesor; 35 kilos de esperanza; Lo que perdimos

8 comentarios :

  1. Tengo muchas ganas de leer este libro, más después de haber leído La fórmula preferida del profesor que me encantó, a ver si lo consigo
    besos

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  2. Me llamaba mucho la atención el título del libro, y después de tu reseña definitivamente me lo apunto, 1beso!

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  3. Tatty: yo soy incapaz de dedicir cuál de los dos me gustó más, lo cierto es que los dos son estupendos por razones diferentes. Disfruté mucho con ambas lecturas, espero que te pase lo mismo.

    Tizire: ¡yo también me animé a leerlo por el título! Aunque primero conocí a la autora por "La fórmula preferida del profesor" y como me gustó mucho, me animé con este y es precioso ¿A qué el título merece la pena? Me encantan las novelas con títulos originales, prometen mucho.

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  4. No he leído ninguno de los dos así que me los apunto y ya decidiré cuál de los dos empiezo a leer, porque parece que pueden merecer la pena. Un beso

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  5. A mí también me gustó mucho. Los recuerdos infantiles siempre son muy tiernecitos y, con tantas cosas alucinantes en la familia de Mina, te lo lees sin darte cuenta.
    La abuela alemana, la asistenta que ganó el viaje, Pochiko... Y, como bien dices, casi creo que el Fressy me lo bebí yo, en lugar de haberlo leído :)

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  6. Tengo una asignatura pendiente con la literatura japonesa, por lo que cuando leo reseñas como ésta, de libros que me apetecen mucho tener, me da un coraje que ni te cuento.

    Un beso.

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  7. Una vez más veo que coincides con Isi y casi me reconcilio con esta autora después de nuestra ruptura en "Perfume de hielo".

    bss

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  8. Pilar: en mi opinión, no importa en qué orden los leas. A mí los dos me encantaron por igual, soy incapaz de elegir uno por encima del otro. Creo que te gustarán. Besos.

    Isi: Sí!!! El Fressy!! ¿No te pasa con algunos olores o sabores que te recuerdan a cuándo eras peque? A mí me pasa con las galletas "chiquilín". Hacía como cien años que no las comía y el otro día me ofrecieron una y me recordaba un montón a las tardes en el parque jugando con mis amiguitas. Me gusta mucho Ogawa por su don de evocar las cosas. Tiene una delicadeza muy especial.

    Kayena: pues mira, ahora que lo dices, creo que Yoko Ogawa es la única autora japonesa que he leído por el momento. Es que no me he estrenado con el famoso Murakami, ni nada, y eso que dicen que está genial. Bueno, del resto no lo sé, pero de Ogawa te aseguro que te encantará. Besos.

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