jueves, 17 de abril de 2014

Napoleón en Chamartín, de Benito Pérez Galdós (Reseña de Loquemeahorro)

Madrid, diciembre de 1808, Napoleón Bonaparte en persona, al frente de un ejército de más de trescientos mil hombres, se acerca a la capital dispuesto a que su hermano José vuelva al trono de España. 

Le ha obligado a esto La Descomunal batalla de los invencibles gabachos contra los ratones del Retiro, que llevó al Asalto terrible que dieron los ratones a la galleta de los franceses y terminó con La vergonzosa fuga del tío Copas.

Y mientras ¿Madrid está preparada? La triste respuesta es que no: faltan armas, munición, infraestructuras y soldados; y lo que es más triste, una lucha interna por el poder de los que están al frente de la ciudad hace imposible la organización de una buena defensa.

Los voluntarios no faltan, y que conste que nada les falta si no es fusiles, aunque tranquilos porque llevan todos unos palitroques grandes que les caen a las mil maravillas.

Lo único que sobra en las calles es patriotismo y sospechas, porque ahora cualquiera puede ser acusado (con pruebas o sin ellas) de espía de los franceses, en cuanto "el río suena". Porque como dicen muchos (antes y ahora) A mí no me consta, pero al son que me tocan, bailo. Y si el son que tocan es el linchamiento, pues se lincha y punto.


En medio de esta locura, a nadie le importa que un chico cualquiera, un adolescente huérfano y sin dinero, pierda las esperanzas de conseguir reunirse con su novia, después de que se haya descubierto que era la hija natural de una familia de la más alta nobleza.

A nadie menos a los lectores de esta primera serie de Los Episodios Nacionales que seguimos, libro a libro, tanto la Historia "con mayúsculas" de España como la de Gabriel e Inés, y la de los muchos personajes inolvidables con los que nos reencontramos: la intrigante Amaranta, el seductor Mañara, el calavera de Don Diego, o a los que vamos conociendo, como la bella y temperamental "La Zaína", el juicioso padre Castillo, y Don Roque, el vecino libertario del protagonista, que lee todos esos periódicos y panfletos en los que se habla de un nuevo concepto: el democratismo.

Palabra que luego desapareció para presentarse de nuevo al cabo de medio siglo, aunque reformada en su forma y tal vez en su significación.

Extraño ambiente el del Madrid expectante, entre el miedo y el entusiasmo, entre la formación militar acelerada y las nuevas ideas, como la francmasonería. Claro que junto a debates serios habían surgido logias más dudosas. Así algunos iban de noche a una reunión de masonería incipiente del género tonto y a otra del género cómico fúnebre, en el que el "fúnebre" lo ponía un esqueleto. 

Y así se nos presenta la vida nocturna del "señorito andaluz" Don Diego de Rumblar, que al llegar a Madrid, luego que esparcía su ánimo en aquello del esqueleto, iba en busca de entretenimientos más agradables.

Y en esos entretenimientos más agradables conoce a la Zaína, una de tantas mujeres que en aquellas noches acogían a diversos hombres en sus casas, a las que iban tanto atraídos por estas bellezas de barrio como para beber y organizar timbas. 

Hasta en casa de alguna se decía que iban hasta reyes, aunque Gabriel nos asegura que vio a altos nobles, no digo lo mismo de príncipes y reyes, pues de estos no recuerdo más que los de copas, bastos, oros y espadas.

Casi más extraña es la mezcla de panfletos, poemas y libros que se presentan en esos días, en los que se mezclan escritos serios, con libelos de títulos tan hilarantes como "Deprecación de Lucifer (...) asusta el ver entrar tantos malvados franceses en el infierno" y "Napoleón rabiando, casi-comedia".

Otros se ven capacitados para leer el futuro, como el que firma la "Carta de un filósofo lugareño que sabe en qué vendrán a parar estas misas".

Pero llega un momento en que poco importan las logias, los panfletos y las diversiones nocturnas, lo importante es que llega Napoleón, y aunque el ánimo entre los voluntarios que lo esperan no decae, y hasta esperan que si hacen una incursión hasta el cercano pueblo de Fuencarral, podrán echarle mano para llevarle a Madrid sobre un asno foncarralero.

O quién sabe si no lo sorprenderán intentando pasar desapercibido disfrazado con el traje de un payo (pueblerino) huevero.

¿Lo conseguirán? ¿O serán arrasados, porque al fin y al cabo Napoleón ha hecho siempre la guerra de mala fe

Desde luego, qué hombre este Napoleón, mira que hacer la guerra de mala fe...

Si después de tanto texto en cursiva, copiado tal cual de este quinto Episodio Nacional, y de los títulos (al parecer reales) de los patrióticos papeles que circulaban en aquel entonces por el país, no os he convencido de que es un libro lleno de sentido del humor y de inteligencia, os diré que también tiene momentos sumamente emotivos, y que contiene una de las declaraciones de amor más tiernas que he leído jamás, uno de los actos heroicos más inolvidables y uno de los finales más emocionantes que os podáis encontrar.

Y para acabar solo dos cosas: una que José Bonaparte era abstemio, como se explica en este libro, y otra que tenéis que conocer al Gran Capitán porque...

¡¡El Gran Capitán no se rinde!!

16 comentarios :

  1. Decididamente, me pongo a ello. Me ha encantado tu reseña. Los "Episodios Nacionales" son una asignatura pendiente que no se puede dejar pasar más.
    Un beso.

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  2. Me ha gustado mucho tu resumen. La verdad es que con los Episodios estamos descubriendo una historia que no me esperaba. ¿Por qué no darán las clases de historia para que resulten tan entretenidas?, y eso que a mi la asignatura de historia me gustaba.
    A mi también me llamó mucho la atención lo de qué Pepe Botella, era abstemio.
    Un saludo.

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  3. Jane Jubilada: No lo dudes, lo vas a pasar genial, son libritos de tan solo 200 páginas, te los ventilas en un pis-pas, mientras te preguntas cómo se pueden decir tantas cosas en tan pocas páginas.

    Y qué bien escritas!!!


    Mariuca Bolaños: Muchas gracias, a mí también me gustóm mucho la tuya. Yo tuve bastante suerte con mis profesoras (siempre mujeres) de Historia, pero también tuve alguna petarda que no entendía que Historia es la asignatura más divertida, y si no, que se lo pregunten a Don Roque, a Pujitos, a Don Celestino o a cualquiera de los personajes a los que ya queremos tanto.

    Sí, sí, Pepe Botella no es que no fuera un borracho, es que no probaba el vino!!

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  4. Buenísima reseña, y una vez digo que debí apuntarme, pero vamos, que los episodios están al alcance de los lectores, solo tenemos que ponernos :-) Un beso!

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  5. Meg Muchas gracias, de verdad. Tú, si quieres, un día te coges Trafalgar y vas viendo qué tal.

    Te aseguro que cuando te quieras dar cuenta, lo habrás terminado (apenas llega a las 200 páginas), y te preguntarás qué tal le irá a Gabriel en Madrid, pasarás al siguiente y así... poco a poco...

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  6. La reseña desde luego que invita a leer. Los Episodios Nacionales son mi asignatura pendiente. Besos.

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  7. Francisco: No lo dudes, te gustarían mucho, son amenos, cortitos y siempre estás preguntándote ¿qué va a pasar ahora?

    Lo que pasa es que tienen mala fama, como de deberes de clase, como de Vacaciones Santillana.

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  8. Qué reseña :D
    Me ha encantado ese final con el que nos has mandado directamente de vuelta al libro con ese gran hombre que es el Gran Capitán.
    Veo que has subrayado medio libro, jejee (yo también!), y es que no tiene desperdicio ni una línea.
    Ya sabes que me ha encantado este episodio por estar más centrado en Gabriel; lo he encontrado muy emocionante :)

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  9. Isi: Gracias, realmente subrayé medio libro porque cada frase merecía la pena ser anotada.

    A mí también me gustan más los capítulos en los que más se habla de las idas y venidas de nuestro querido Gabriel, siempre me ha ido más la peripecia particular que la colectiva, aunque con Galdós, me gustan las dos cosas.

    Ay, qué ganas de saber lo que va a pasar!

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  10. Yo me quedé en el anterior, Bailén. A ver cuando continúo.

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  11. Para mi padre, Galdós era Dios y Los episodios la Biblia. En mi casa había dos ediciones diferentes: esa con la bandera de España en la portada y otra de lujo en un solo tomo de piel roja y fino papel de seda. Razones de sobra pues para que me negara a leerlos. Con el tiempo si he leido a Galdós pero nunca le entré a los episodios. De este verano no pasa.

    Un abrazo

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  12. Me gusta Galdós, pero no sé si me atrevería con estos episodios. No me atraen demasiado: a pesar de que Napoleón hiciese la guerra de mala fe, de que haya una declaración de amor fetén y que el final sea emotivo como pocos, nada no hay manera. Y no es porque en tu entrada no los hayas dejado bien, que se nota que los has disfrutado, es esa época histórica que la tengo como un poco atragantada.

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  13. Pues mira que a mi Galdós me encanta pero los Episodios...cuando veo esa colección de tochotes de historia....pero se que es cuestión de tiempo, lo dejo para lo último, y después de leerte veo que puede ser divertido y todo.

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  14. El niño desgraciaíto Si te van más las batallas, te gustará menos que Bailén, si te van más las intrigas, este es genial.

    No lo dejes, ya sabes que se ventilan estos libros en muy pocos días y merecen la pena.

    Uno: Sabio hombre tu padre, pero es verdad que esas ediciones han hecho mucho daño a Galdós, porque parece que te vas a tener que leer 1.500 páginas seguidas una detrás de otro, y que van a ser un peñazo patriotiquero, y nada más lejos de la realidad (ni de la Coruña).

    Isabel Hernández Pues si tú ves que no te va, nada, sobre todo si ya conoces (y disfrutas) a Galdós en sus obras más maduras, como Tormento, La Desheredada, Fortunata y Jacinta... es que hay tanto Galdós, que cada uno puede escoger el suyo y disfrutar igualmente.

    Sonja: Debería estar prohibido venderlos en recopilaciones de esas de 15 libros seguidos, tú (si quieres) cógete un día Trafalgar (200 páginas) y si te gusta, otro día (al cabo del tiempo) te lees el segundo. Nosotros lo estamos haciendo así, y estamos tan felices. Y si ya conoces a Galdós... qué te voy a decir que tú no sepas.

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  15. Muy buena reseña, Mónica!! Qué delicioso episodio con las andanzas de Don Diego, la simpleza de Vuestra Paternidad el Padre Salmón, esa retahíla de publicaciones de largos títulos imposibles de recordar... Buenos, muy buenos momentos nos ha regalado Don Benito. En mi caso he agradecido mucho la poca batalla. Ah, y pobre el Gran Capitán!
    Besines, Mónica!

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  16. Ni me fijé que no era la reseña de Mónica. Pues en los dos casos en donde dice Mónica léase Loque.
    Más besines,

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