lunes, 13 de octubre de 2014

Lectura conjunta de "Zaragoza": capítulos XVII a XXXII

El horror cae sobre Zaragoza, una ciudad invadida por la muerte y la barbaridad más descarnada y brutal de una guerra que no puede ser ganada. Pero pese a los miles de muertos que yacen por doquier sin recibir siquiera sepultura (tanto caídos en la batalla como los afectados por una terrible epidemia), pues todos los brazos útiles son necesarios para seguir la defensa de la ciudad, los supervivientes siguen gritando consignas de que antes muertos que rendidos. Los ejércitos franceses consiguen entrar en la ciudad pero tienen que disputarsela con los defensores casa por casa, calle por calle. Se inicia entonces una guerra espantosa nunca vista por Gabriel, una guerrilla a través de los tabiques de los edificios, de sus sótanos, de sus habitaciones. Y entre tanto horror y tanta muerte, ¿quedará todavía esperanza para el amor de María y Agustín? ¿Se salvará Gabriel de las balas, se escapará de las fiebres altas de la epidemia que asola la ciudad? Zaragoza está perdida, y aún así resiste.

"Por el Coso desfilan los últimos combatientes, aquel uno por mil que había resistido a las balas y a la epidemia. Son padres sin hijos, hermanos sin hermanos, maridos sin mujer. El que no puede encontrar a los suyos entre los vivos, tampoco es fácil que los encuentre entre los muertos (...)."


Seguramente sean estos últimos capítulos de Zaragoza los más oscuros y llenos de espanto y horror que ha escrito Benito Pérez Galdós entre los seis Episodios Nacionales anteriores. La descripción de la defensa final de la ciudad es desgarradora, brutal, espantosa. Gabriel afirma que incluso los propios franceses, al fin vencedores, al desfilar por las calles quedan horrorizados por tanta muerte y destrucción. Galdós no hace concesiones: más de 50.000 muertos, apenas ha sobrevivido un uno por mil de la población zaragozana. 

En plena carnicería, en la defensa ya desesperada del capítulo XVIII, no he podido menos que preguntarme ¿realmente era patriotismo y valentía o cabezonería suicida e irresponsable de unos pocos que arengaban al resto? Tanta masacre, tanto sufrimiento, tantos muertos ¿Dónde estaba el límite para rendirse? Muy tenue es el velo que traspasa Galdós en Zaragoza, pues aunque en sus primeros capítulos pone en evidencia la valentía y el patriotismo de los sitiados, poco a poco, a medida que la narración (y el horror) avanzan, el pesar por el despilfarro de tantas vidas hace mella en Gabriel.

¿Qué os han parecido estos últimos y tremendos capítulos de Zaragoza? A mí me gustaría destacar la locura que afecta a dos personajes: don José de Montoria, que sigue delirando sobre recuperar la ciudad gracias al arrojo de los valientes, pese a que ha pagado el mayor de los precios para un padre; y el tío Candiola, que sigue preocupadísimo por recuperar sus posesiones (incluida una vajilla y una palmatoria) y cuyo mayor pesar es que se le están muriendo aquellos a los que prestó dinero. Dos locuras totalmente distintas, pero locuras al fin y al cabo, delirios de locos que aligeran la carga dramática que soporta el lector con los capítulos finales de Zaragoza.

Sin embargo, y pese a su locura, fijaos en una de las frases de Jerónimo Candiola: "¿Y qué saca Zaragoza con llevar su defensa hasta el último extremo? A ver, ¿qué van ganando los que han muerto? Hábleles Vd. a ellos de la gloria, del heroísmo y de todas esas zarandajas (...) Concedo que haya alguna resistencia; pero no hasta ese bárbaro extremo."

11 comentarios :

  1. Sí, realmente en esta segunda parte se llega al horror más absoluto, a la locura y la desesperación. Eso sí, magníficamente contada por Galdós, que consigue que transmitirnos todo ese infierno.

    Yo también pensé en que si merecía la pena tanta resistencia, pero curiosamente, mi pensamiento más habitual era ¿qué falta hacía ir invadiendo países?

    ¿Todo esto por los delirios de grandeza de una sola persona? Si es que se puede llamar persona a quien siembra de muertes Europa para satisfacer sus ambiciones personales.

    Porque esto no fue un fenómeno natural, fue iniciado por un ambición imperial, por una persona dispuesta a matar a cientos de miles de personas para coronarse emperador, ni más ni menos.



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  2. Cómo disfruto siguiendo esta iniciativa vuestra, qué imprescindible es que me ponga al día con estos episodios Un besote.

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  3. Y yo disfruto recordando estas magníficas novelas de Galdós. Gracias!
    Besotes!!

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  4. Fíjate que he leído mucho Galdós pero está me da pánico.

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  5. Ay, yo también lo pasé muy mal al ver que se malgastaban vidas para nada, ¿de verdad pensaban que podían rechazar al ejército imperial? Vale que al principio, tras haber ganado en el primer sitio, se pudieran sentir pletóricos y listos para aguantar hasta el final, pero llega un punto en el que aquello ya no podía sostenerse.
    Aún así, me encantó que los franceses tuvieran que conquistar habitación a habitación, disputándose terribles batallas "en la cocina" o en cualquier sitio de la casa. Nos cuenta muy bien el miedo de Gabriel al oír que pican aquí o allá, y que no sabía dónde estaba el enemigo.

    En cuanto al tío Candiola, madre mía, ¡qué personaje! Pero si cuando se enteró de que Agustín la pretendía, ¡¡solo se preocupaba por si el chico había podido robar algo de la que entraba a hurtadillas en la casa!! Ayy la verdad es que le da un toque extravagante al episodio, aunque solo sea para que le odiemos un poco.

    Y Montoria diciendo que si no les faltaba todavía ninguna pierna era porque habían sido unos cobardicas jejejeeeee. Qué dos patas para un banco :DD

    En fin, ha sido un episodio emoncionantísimo, aunque sí, muy oscuro. Pero te prometo que mantuve la esperanza de ganar a los franceses hasta el último momento!!

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  6. Ayyy pues cuanta miseria trae la guerra, que en unos personajes saca lo mejor (Montoria queriendo animar y ver hasta en muletas) y lo peor de otros (Candiola y su hija que me cayó muy mal cuando fue a interceder por su padre, sin ver que era un traidor ¡pobre Agustín! que pena me dió en esa escena). Y nada, que tambien me pregunto qué necesidad de ganar territorios a ese costo tan terrible.
    Yo quiero que me expliquen como sacaron a los franceses de ahí ¿o eso se resuelve en los demás episodios???
    No sabía que sería tan sangriento...de haber sabido quien sabe si me hubiera animado.
    Saludos a todos,
    Ale.

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  7. Qué razón tienes, Isi, Montoria y Candiola son dos extremos de una misma locura, al final. Y sus hijos claro... terminan como terminan.

    Ale, por favor, no decaigas y sí, en el resto de los episodios nos cuentan cómo siguió y al final acabó (tarde o temprano) la guerra.

    Ya sé que es sangriento (este, otros no lo han sido tanto) pero es taaaan apasionante! Como dijiste una vez ¡ojalá en tu país (en todos los países) alguien hubiera escrito la Historia... así de bien!

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  8. Ale, qué alegría que te hayas animado también a leerlo :)
    Yo estoy con Loque: todos los países deberían tener un Pérez Galdós que les contara su historia de esta forma tan amena. La verdad es que a estas alturas de los episodios yo ya echo de menos que no los haya de épocas anteriores :)

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  9. ¿Te imaginas? Poder leernos toda la Historia de nuestro país, contada de una forma tan amena y apasionante.

    Tenemos mucha suerte los españoles (o cualquiera interesado por nuestro país) con Galdós. Vale que no lo sepa mucha gente, pero así es.

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  10. Tremendo episodio el que nos ha dejado Galdós. Conocía el desenlace del segundo sitio de Zaragoza, pero don Benito consigue recrearlo con tal maestría que duele. La primera parte de la novela podría dar la sensación de que poco encontraríamos más allá del entorno bélico para abrazar la historia de Agustín y Mariquilla. Pero ni siquiera tal aventura amorosa tiene protagonismo cuando los cadáveres inundan la ciudad aragonesa. Cuando leí los primeros dieciséis capítulos critiqué la falta de noticias sobre Amarante e Inesilla; tras finalizar el episodio creo que no era el momento de recuperarlas. Simplemente, la guerra estaba haciendo estragos, por lo que no era la hora de tirar por otros derroteros. ¡Grande Galdós!

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  11. Jesús, no puedo estar más de acuerdo, de hecho lo pongo en mi reseña, que este no es el episodio de Inés, ni siquiera el de Gabriel, sino el de Zaragoza y todo su dolor.

    La historia de Mariquilla y Agustín termina siendo la más desoladora, cuando la guerra, la muerte y la desesperación se imponen, no hay sitio para el amor.

    Y sí, qué grande Galdós, no es lo mismo decir "El segundo sitio de Zaragoza acabó con la toma de la ciudad y la muerte casi cuatro quintas partes de su población", que leerse Zaragoza y sufrir con ellos.

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