lunes, 30 de noviembre de 2015

La mano de la buena fortuna, de Goran Petrovic

Adam Lozanic vive en el Belgrado que apenas ha sobrevivido a los salvajes embates de la Segunda Guerra Mundial, en una pequeña habitación de alquiler en la que lee en voz alta todas las noches para deleite de los niños abandonados del apartamento contiguo y fastidio del vendedor de souvenirs que vive en el del otro lado. Durante un noviembre especialmente frío, Adam, estudiante de filología que se gana a duras penas la vida ejerciendo de corrector para la revista Nuestras Bellezas, recibe un día un extraño encargo: el de cambiar a placer del contratante un misterioso libro titulado Mi legado de un desconocido autor, ya fallecido, llamado Anastas S. Branica. Un libro que bien conoce la señora Natalia Dimitrijevic, una anciana que guarda puntillosamente todos sus recuerdos y que acaba de contratar como dama de compañía de lectura a la joven y enferma de tristeza Jelena. Jelena, que no tarda en acostumbrarse y coger cariño a las excentricidades literarias y memorísticas de Natalia, desea irse de su país; sabe que su lengua materna la mata de melancolía y por eso estudia inglés con ahínco. Adam y Jelena, que apenas coinciden en el invierno de su ciudad, encontrarán inesperadamente un escenario nuevo en donde refugiarse: el inmenso y hermoso jardín de Mi legado.

"Los libros son como esponjas. Aparentemente de tamaño insignificante, el tejido alveolar poroso es capaz de absorber un sinfín de destinos, de alojar incluso pueblos enteros ¿Qué otra cosa son los libros sobre las civilizaciones desaparecidas sino esponjas que dentro de sí condensaron épocas completas? Hasta la última gota de vida, hasta que ellas mismas empezaron a secarse, a petrificarse."


Muy recomendable la edición de 2007 de la editorial Sexto Piso, con traducción de Dubravka Sužnjević

Cuando un libro sin trama ni personajes, en el que solo aparece la descripción de un peculiar jardín y su casa, se convierte en el escenario por el que los lectores pueden pasearse a su antojo (y probar las delicias culinarias de una vieja cocinera) cualquier cosa puede ocurrir: familias de refugiados, investigadores botánicos, damas perdidas, estudiantes estupefactos, chicas con largos cabellos de aroma cariñoso... La novela de Goran Petrovic es un juego para los lectores, un guiño cómplice para todos aquellos tocados por la enfermedad incurable de la lectura, pero también una hermosa rúbrica para un siglo en el que Europa leía, leía sin freno, contagiada por la luz que sembró aquella primera Encyclopèdie de Diderot y d'Alambert décadas antes.

Lectores golosos, lectores exigentes, lectores puntillosos, tercos, maniáticos, obsesos; lectores selectos, lectores compulsivos, lectores juguetones, felices, enloquecidos, nerviosos... Todos los lectores del mundo están invitados a asomarse a la extraña historia de La mano de la buena fortuna en donde, más que en ningún otro libro ni con ningún otro autor, queda en evidencia que cada lectura es personalísima, peculiar y distinta según el lector, y que hay tantos libros como lectores que los lean. Pero también Goran Petrovic tiene la delicadeza de regalarnos en esta novela la idea de una literatura universal como un espacio seguro en donde los lectores pueden encontrarse, refugiarse, aventurarse, vivir. Sin embargo, no me atrevo a encontrar más explicaciones que este par de ideas porque La mano de la buena fortuna es un laberinto agradable, original y único en el que cada lector deberá encontrar su propio camino (totalmente distinto, estoy segura, a la ruta que yo he seguido). Sin duda, una lectura excéntrica y peculiar que cada uno de nosotros disfrutará de manera distinta.

Lector, avisado quedas de que esta es una novela en la que los personajes entran y salen de los libros y se encuentran en ellos, en sus lecturas.

Nota: No me resisto a compartir con los lectores la magnífica reflexión que ha hecho sobre esta novela Tryno Maldonado en LetrasLibres.com AQUÍ


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La mano de la buena fortuna

miércoles, 25 de noviembre de 2015

La muñeca de Kokoschka, de Alfonso Cruz

Dos días después de su cuarenta y dos cumpleaños, el señor Bonifaz Vogel empezó a oír una voz que procedía del entarimado del suelo de su tienda de animales y le subía desde las sandalias, y por las piernas, pidiéndole comida y un orinal. Una voz amiga que le acompañó durante los últimos meses de la guerra y que acabó por darle sabios consejos comerciales y procurarle el consuelo de enseñarle a rezar el abecedario en la lengua de Dios. La voz era del niño Isaac Dresner, un huérfano que salió huyendo de las balas de un soldado nazi y se escondió en el sótano de la tienda del señor Vogel buscando refugio para encontrar a un padre y a un hijo. Fuera de la tienda de canarios del señor Vogel, Dresden se deshace en llamas bajo las 4.000 toneladas de bombas incendiarias de los aliados y la frágil Tsilia Kacev deja atrás al pintor Ackerman y tropieza con el destino. El final de la guerra les encuentra así, cogidos de la mano, frente a la puerta de la tienda del señor Vogel, anodadados por la destrucción y el desamparo —porque ¿dónde encaja la monstruosidad humana?—, solos y unidos para siempre ante la atónita mirada de un soldado cualquiera.

"La cabeza de Pearlman, a pesar de haber quedado una enorme eternidad atrás, quedó presa para siempre al pie derecho de Isaac, a través de la cadena de hierro que une una persona a otra. Ése era el motivo por el que cojeaba levemente y lo haría durante el resto de su vida. Cincuenta años después, Isaac Dresner aún arrastraría con el pie derecho el peso de esta cabeza lejana."


Editorial: Rayo Verde
Ilustraciones: Elisa Ancori
Colección: Rayos Globulares
ISBN: 978-84-15539-90-2
Género: Novela
Publicado en enero de 2015
304 páginas

Alfonso Cruz (Figueira de Foz, 1971) es escritor, director de películas de animación, músico e ilustrador. En 2012 recibió el Premio de literatura de la Unión Europea. Es el autor de una antología de relatos y de las reconocidas novelas Jesús bebía cerveza, El pintor debajo del lavaplatos o la extraordinaria La muñeca de Kokoschka.

El artista Oskar Kokoschka, incapaz de recuperarse del abandono del amor de su vida, decidió construir una muñeca exactamente igual a su adorada amante. Sin embargo, pese a la exactitud de su fisonomía y a que le inventase incluso un pasado y una historia, Kokoschka acabó por destruir la muñeca; seguramente porque, como escribe Alfonso Cruz en esta novela, "Una persona no existe sólo por tener un cuerpo. Necesita tener vida social. Necesita la palabra, el alma. Necesitamos a los otros." Pero sobre todo porque, como decía la condesa triste, 

"Son los otros los que nos hacen vivir, especialmente los que nos aman".

La muñeca de Kokoschka es una historia que contiene muchas otras historias, historias que se superponen (como los retratos de Tsilia) porque el mundo está hecho de ángulos superpuestos. Es la historia de Isaac Dresner, que sobrevive a la Segunda Guerra Mundial, pierde a sus padres y a su mejor amigo, adopta al señor Vogel y acaba por abrir una librería permanentemente en quiebra a la que bautiza Humillados & Ofendidos. Pero también es la historia del señor Vogel, que oye voces y aprende a rezar, que no entiende por qué la gente compra pájaros mientras afuera llueven bombas, que sobrevive a toda su familia y se enamora de una condesa triste. Y la historia de Tsilia, y de Adele Varga y de su abuela Anasztázia Varga, del músico Mathias Popa que se convierte en escritor y es encontrado por Isaac Dresner... Personajes con sus propias vidas que se cruzan y dan vida a otros personajes (en el caso de Popa, literal y literariamente), vidas abriéndose camino pese al horror de Dresden en llamas, pese a la tiranía del patriarca Varga, pese a la muerte que a veces les pisa los talones.

La novela de Alfonso Cruz es asombrosamente hermosa, por su laberinto de historias dentro de la historia pero también por la infinita ternura de sus personajes, su indestructible pasión por la vida y ese sentido de sobrevivir sobre el Dresden del mundo. Destaca especialmente la magnífica narración de la primera parte, las bellísimas cartas de Isaac Dresner y de la condesa Zajac, los conceptos de vida y de destrucción que con tanta soltura maneja Cruz, y la monstruosidad de fondo que por siempre encarnará Dresden. Con un léxico rico, una arquitectura gramatical extraordinariamente bella y unas metáforas tan luminosas que el lector no puede dejar de leer desde el primer capítulo, justo cuando el señor Vogel empieza a oír voces que vienen del suelo de su tienda, La muñeca de Kokoschka es una pequeña joya que a ningún lector debería pasarle inadvertirla.

"Hay siempre un lado positivo. Observe que el bigote de Hitler tenía su gracia en Charlot. Y el bigote de Charlot era abominable en un Hitler. Una misma cosa, si cambiamos el contexto, determina nuestra alegría o nuestra tragedia."

Lector, no existe mentira en la literatura.


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lunes, 23 de noviembre de 2015

Elvira, de Rubén Angulo Alba

Bajo un derrumbe de palés que le han dejado momentáneamente atrapado y maltrecho, un funcionario de archivos hila la cadena de acontecimientos, la fatídica historia, que le ha llevado hasta esa surrealista situación que ha puesto en riesgo su vida. Quizás porque por primera vez en todos esos años ha perdido la movilidad de su cuerpo, es su cerebro quien toma las riendas bajo los palés y descubre, despacio y con paciencia, toda la trama de infortunios y desidias que le llevaron a conocer a Elvira, la jefa del Archivo de Administración General de la Consejería, sito en uno de los pabellones de una institución psiquiátrica. Tan siniestro lugar de trabajo es el escenario —pronto se desvelará que le va como anillo al dedo— por el que Elvira despliega su reinado enloquecedor de acoso, misterio e insania. Aunque toda corte de reina loca tiene sus súbditos enfermos.

"La realidad está hecha de la misma sustancia que la pesadilla. Hay veces incluso que los sueños nos informan mejor de la realidad que los rostros hipócritas de las gentes, o al menos así lo veía yo por aquel entonces. Y no os engañéis, que soy consciente de que es propio del desgraciado el creer que todos comparten su desgracia, pero algún consuelo nos ha de quedar, ¿no?"


Rubén Angulo Alba vuelve a presentarnos a un protagonista anti-héroe en sus horas más bajas: un funcionario de archivos ridículo, morboso, pusilánime, cobarde, quejica e infantiloide. Un pobre diablo que no se reconcilia con su propia naturaleza y recupera algo de sensatez hasta que no está a punto de morir bajo una pila de palés. Y es entonces, justo en esa situación desesperada, cuando el personaje recupera su dignidad y su cordura, se reconoce víctima de un acoso sostenido, de una urdimbre de locura, y encuentra el camino para reconciliarse con el respeto del lector. "Yo soy el culpable de todo lo que me sucede".

Elvira es una historia de terror, de suspense psicológico, que provoca escalofríos incluso en el lector más templado. Seguramente porque la mayor parte de la trama sucede en el lugar perfecto para ello, ese pabellón psiquiátrico, pero sobre todo porque cada uno de los personajes que la pueblan tiene una mitad tenebrosa tan inquietante como rabiosamente realista. Y ahí está la clave del misterio, que esta historia podría ser completamente cierta, porque el lector ya sabe que la realidad casi siempre supera con creces a la ficción. El autor no necesita introducir ningún elemento sobrenatural en su trama porque el personaje de Elvira ya resulta lo suficientemente terrorífico por méritos propios.

Además de la buena construcción de sus personajes protagonistas y secundarios, Elvira se disfruta por la fluidez de su prosa (notablemente menos encorsetada que en la anterior novela del autor) y por la potencia de algunas de sus escenas más escabrosas. Probablemente juega en su contra la antipatía del lector por el prologuista y el protagonista, respectivamente, de este libro. Y, aprovechando la mención de este prefacio, añado un detalle que me ha gustado aunque no tenga mucho que ver con la historia: el impecable cambio de registro del escritor entre el prólogo y el resto de la novela. 

Lector, las historias más cotidianas esconden los peores monstruos.

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Elvira

jueves, 19 de noviembre de 2015

Guía del mal padre, de Guy Delisle

¿Qué haces cuándo tu hijo hace preguntas sobre la logística del Ratoncito Pérez o la personalidad del Conejo de Pascua? Pues mentir como un bellaco, por supuesto; al igual que cuando su hermana pequeña va a clase de natación y le aseguras que vas a estar todo el tiempo mirándola y animándola desde las gradas cuando en realidad te vas a tomar un café. Pero es que a veces, la medida de un buen padre está en saberse cómo pasar el nivel tres del bosque de las hadas de Zenda en lugar de compartir tus cereales especiales con esos mocosos que viven contigo.


Guy Delisle (Quebec, 1966) estudió artes plásticas en Canadá y su carrera profesional siempre ha estado ligada al mundo del cine y la ilustración. Tras recorrer medio mundo y publicar sus viñetas sobre sus excéntricos peregrinajes, se ha establecido en la localidad francesa de Montpellier, junto a su mujer y a sus dos hijos. Guía del mal padre quizás no sea tan exótica como sus cuadernos de viajes pero seguramente es la más conmovedora y universalmente divertida porque la relación paterno-filial se entiende en todos los idiomas. 

Con un sentido del humor algo negro en ocasiones (como las diversiones canadienses o el saco del boxeo) pero siempre dotado de un fondo de ternura y mucha socarronería, Delisle regala al lector casi doscientas páginas de viñetas con las desventuras cotidianas de un padre y sus dos hijos pequeños (niño y niña). Un bombón de libro que se termina en un suspiro y que se disfruta con una sonrisa en los labios y una carcajada por lo inesperado de algunos desenlaces.

Lector, imprescindible para los todos los padres del mundo.


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Guía del mal padre

lunes, 16 de noviembre de 2015

Número cero, de Umberto Eco

Colonna, un hombre en la cincuentena que siempre se ha considerado un perdedor por su manía de adquirir conocimiento ("Cuánto más sabe uno es que peor le han ido las cosas.") en detrimento de las titulaciones académicas oficiales, recibe un curioso encargo del periodista Simei: convertirse en el redactor jefe de Domani, un nuevo diario al servicio de un poderoso empresario. La paga es más que generosa porque el encargo es doble ya que además de sus labores en la redacción del periódico debe escribir un libro sobre cómo Simei creó el diario desde cero gracias a sus brillantes dotes periodísticas. Pero en abril de 1992 la crisis de los medios escritos es ya más que evidente, la televisión y la radio (los medios de comunicación online de masas no se generalizarían hasta el cambio de siglo) aportan una inmediatez contra la que resulta imposible competir. Por eso Simei apuesta por un análisis de las noticias, un enfoque de suposiciones, rumores, manipulación y casi invención de las noticias siempre a beneficio de su patrón. En la redacción, Colonna conoce al que será su equipo: Maia Fresia, una joven peculiar y con mucho encanto procedente del mundo de las amistades afectuosas del papel couchê; Romano Braggadocio, un fanático de las conspiraciones; Cambria, el de las preguntas inútiles; Palatino, el de los crucigramas; Constanza, un corrector en paro porque en 1992 ya ningún diario lee sus propios artículos; y Lucidi, de quien se rumoreaba que formaba parte de los servicios secretos y de información (para desesperación del pobre Braggadocio). Con semejante equipo, Simei y Colonna se proponen llevar a cabo doce números cero del nuevo periódico con la filosofía mercenaria de que "No son las noticias las que hacen el periódico sino que es el periódico el que hace las noticias."

"El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número te marcas unos titulones que le ponen a uno los pelos de punta: madre degüella a sus cuatro hijos, quizá nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio y, hala, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información."


Conocí a Umberto Eco en el primer curso de periodismo, cuando las teorías de la comunicación y la historia de los mass media nos hacían bostezar; hasta que llegaron Noam Chomsky y Eco. Chomsky era el lingüista por excelencia, enriquecedor y profundo, de estructuras casi arquitectónicas, como de constructor de la Sagrada Familia, te dejaba boquiabierta, pero Eco... Eco siempre era Eco. Divertido, directo, contundente y con esa manera tan clara de explicarse que hasta los alumnos de primero de periodismo éramos capaces de entenderle y sorprendernos gratamente por ello. Hasta que conocimos a Eco no tuvimos ni idea de lo que era un mass media de finales del siglo XX ¡Que genial hubiese sido conocerle en pleno fervor de los diarios online! Él que andaba preocupado, por aquel entonces, por la reinterpretación del papel de la prensa escrita frente a la inmediatez de radio y televisión.

Número cero no pretende ser un análisis del mundo periodístico, ni mucho menos, ni siquiera una reflexión sobre el quinto poder y sus profesionales. Sobre todo porque está ambientado en 1992 y además porque se trata de una novela de ficción, tocada por el socarrón sentido del humor tan característico de Umberto Eco, esa actitud de divertimento de un autor que cuando escribe ficción es porque disfruta con ello. Si bien es cierto que los protagonistas hablan con soltura de términos periodísticos muy de moda en la época —esos mismos que tan excelentemente nos explicaba Eco a los alumnos de periodismo— como el agenda setting, la reinterpretación de la prensa escrita vs la inmediatez de televisión y radio, la creación de noticias por acumulación e intención, etc., "la moraleja" final de la historia (que la tiene) no es ni mucho menos periodística sino muy humana. A mí casi me ha parecido una parábola sobre la crisis y la corrupción actual solo que explicada en 1992 porque, al fin al cabo, no hay nada nuevo bajo el sol y los europeos somos mucho de repetir nuestra propia Historia una y otra vez.

Aclarado este punto, creo que Número cero es una novela para pasarlo bien. Desde las anécdotas académicas de Colonna y sus ejemplos periodísticos —atención a la magnífica carta de Julio César de la página 61—, hasta el paseo nostálgico por las calles más bohemias de Milán, pasando por la delirante historia conspiratoria de Braggadocio (una excusa para demostrar que nada ha cambiado desde la última crisis histórico-social-económica y que las sociedades seguimos conformándonos con lo poco que tenemos, incluso cuando la crisis también es moral y la corrupción escandalosa, mejor no preguntar y encerrarnos en casa con futbol y pizza (panem et circences)), por no hablar de la gracia de leer desde el futuro sobre la utilización de los móviles o la aceptación social de los homosexuales. Aunque eso sí, reconozco, lector, que al igual que ocurre con los admiradores de Woody Allen, esta es una de las novelas de Umberto Eco que, por peculiar, más apreciaran quienes más le quieren y le conocen. 

"La gente tiene una memoria corta. Les voy a proponer un ejemplo paradójico: todos deberían saber que Julio César fue asesinado en los Idus de marzo, pero las ideas al respecto son confusas; buscamos entonces un libro inglés reciente en el que se reconsidere la historia de César y con eso sacamos un titular de impacto, "clamoroso descubrimiento de los historiadores de Cambridge. César fue asesinado verdaderamente en los Idus de marzo". Contamos la historia de nuevo y ya tenemos una noticia pistonuda."

Lector, el amor verdadero es para siempre pero no se libra de estar ciego así que no te fíes de esta reseña. Eso sí, no busques un thriller de conspiraciones como los de Dan Brown o clases magistrales de periodismo, porque no van por ahí los tiros. 

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Número cero

jueves, 12 de noviembre de 2015

Hombres buenos, de Arturo Pérez-Reverte

Un reputado escritor, letra T de la Real Academia de la Lengua Española desde hace doce años, posa su mirada sobre los 28 tomos completos de La Enciclopedia en las nobles estanterías de la biblioteca de la Academia. Curioso se pregunta cómo fue posible su adquisición a finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, un rey que pese a la Inquisición no dejaba de favorecer ciertas políticas ligeramente ilustradas y esperanzadoras en aquella España absolutista que jamás abrazó el siglo de las luces europeo. Aunque el la Enciclopedia de Diderot, d'Alembert y Le Breton estaba en el índice de libros prohibidos de la Inquisición, Carlos III dispensa a la Real Academia de la Lengua Española para la adquisición de uno de sus escasísimos originales en 1780. Para tal arriesgada empresa, la Academia envía a París a dos hombres honestos, dos hombres buenos, capaces de afrontar tamaña empresa por el bien de la razón y la ciencia, en feliz cruzada contra el oscurantismo y la omnipresencia aterradora de la Inquisición. Uno de ellos es Hermógenes Molina, el bonachón bibliotecario de la academia, experto en clásicas, excelente traductor y hombre de sincera fe pero con el firme convencimiento de que el bien debe lograrse en este mundo; el otro, el almirante de marina Pedro Zárate, ilustrado, caballero, bregado soldado y hombre de temple extraordinario. En contra de tamaña empresa, dos firmes opositores que harán lo posible por perjudicar la misión de esos dos hombres y que la Enciclopedia no pise jamás territorio español: un ultra conservador, Manuel Higueruela, y un librepensador de pacotilla convencido de que el único que debe traer las luces al país es su excelsa persona, Justo Sánchez Terrón. Cuando el buen Hermógenes y el imperturbable Pedro Zárate salen de Madrid camino del espléndido París pre-revolucionario, la aventura comienza.

"Por la ventana de la alcoba, con sólo levantar los ojos, el bibliotecario alcanza a ver el convento de las Trinitarias, que está al extremo de la calle. Y no hay ocasión en que mire por esa ventana, concluye, que no se sienta inundado de melancolía. La rancia, deprimida e inculta nación que tanto necesita ideas que ilustren su futuro resume buena parte de sus dolencias endémicas tras aquellos muros de ladrillo. Miguel de Cervantes, el hombre que más gloria dio a las letras hispanas y universales, yace ahí mismo, en una fosa común."


Con voluntad galdosiana o sin ella —que eso solo lo sabe el autor—, Hombres buenos, de Arturo Pérez-Reverte, bien podría ser un Episodio Nacional Cero. No solo porque se enmarca inmediatamente antes del primero de los Episodios de la primera serie, Trafalgar, sino porque recoge con cristalina intención el espíritu de Galdós de retratar esas dos Españas de cuyos fantasmas -a nuestro pesar y para nuestro castigo- todavía no nos hemos librado. Porque aunque con Carlos III el país vivió una época de cierta esperanza, todo se vio truncado con la omnipresencia de la Iglesia y su Inquisición, que frenaron sin piedad las nuevas ideas, la apertura, la brisa de ciencia y de razón, y España se perdió la oportunidad de ser un país con una historia nacional algo más feliz y menos tenebrosa. La Inquisición controlaba absolutamente todo, desde el conocimiento que se impartía en la Universidad hasta las ideas de los pensadores y filósofos (miedo, exilio, pena de muerte, etc.). Por eso ni la Ilustración ni las ideas de libertad de la revolución francesa germinaron nunca a este lado de la frontera europea.

"Sin libertad no hay prosperidad."

A través de las conversaciones de dos hombres buenos, Zárate y Hermógenes, Arturo Pérez-Reverte retrata la actualidad española de finales del siglo XVII, esa dualidad entre Iglesia vs Razón, el dilema de si el progreso debe venir a través de la fe o de la razón. Pero también fantasean sobre la España que podría haber sido, la España posible, sin el oscurantismo de la Inquisición, con fronteras permeables a la Enciclopedia, símbolo de esta revolución de las luces. Pueblos groseros hay en todas partes, reflexionan los dos académicos camino de París, lo importante es una nación de élites cultas.

A estas alturas de nuestro siglo reseñar una novela de Arturo Pérez-Reverte puede parecer superfluo a muchos lectores, seguramente porque todos conocemos al autor y hemos leído unos cuantos de sus libros, y a ver quién viene a discutir sobre su buen hacer como periodista y como escritor. Pero quizás coincida el lector en señalar que el señor Pérez-Reverte, como contador de historias, no siempre nos convence de igual manera y por eso he disfrutado especialmente de Hombres buenos; porque me parece una de las mejores novelas de su autor. La encrucijada histórica del momento, la magnífica alternancia entre las líneas argumentales del presente del escritor (muy divertida) y del pasado (Hermógenes y Zárate), el continuo debate entre luz y oscuridad, ese toque de aventuras clásicas, los carismáticos personajes que protagonizan estas páginas o los escenarios parisinos de finales del XVIII, son solo algunos de los puntos fuertes de una novela que se disfruta de principio a fin por la pasión y la voluntad histórica que ha puesto en ella su autor.

Lector, una de las mejores novelas de ficción (o no tan ficción) de Arturo Pérez Reverte.

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lunes, 9 de noviembre de 2015

Allí donde el viento espera, de Maia Losch

Ana empieza a estudiar Filosofía en la universidad de Montevideo cuando ya ha cumplido los 49 años. Hace tiempo que no sabe quién es ni lo que quiere, se ha perdido por el camino. Sus hijas son mayores y viven en Israel, y su marido, Ezequiel, con quien ha compartido incluso su infancia, hace tiempo que le resulta más un viejo amigo que no un compañero o un amante. Un día cualquiera, Ana sufre un accidente de coche que le provoca una terrible crisis nerviosa. Descansando en el hospital se da cuenta de que lleva siglos siendo antipática y gruñona, que está enfadada con la vida misma, que nada es lo que parece, que es incapaz de tomar decisiones. Cuando vuelve a casa nada y todo ha cambiado: Ana se permite, por primera vez en muchos años, recordar a su madre, una emigrante judía que huyó de Polonia justo antes de la invasión nazi. Quizás para reencontrarse a sí misma Ana deba reconciliarse con ese amor materno trágicamente perdido. 

"Sentí envidia; yo también quería ser capaz de neutralizar todo pensamiento que no tuviese relación al acto inmediato que me ocupara a cada instante (...). Pero eso no funcionaba para mí, como no funciona para la gran mayoría de las mujeres que conocí a lo largo de mi vida. Mi atención se encuentra generalmente disociada y es capaz de convivir a un mismo tiempo, distribuida entre la tierra, el cielo y el infierno, el pasado, el presente y el futuro."


Título: Allí donde el viento espera
Autor: Maia Losch
Editorial: Sinerrata
Colección: Sintemporánea
Año: noviembre 2013

Allí donde el viento espera es la profunda reflexión de una mujer madura que se demuestra a sí misma que es capaz de aprender a vivir de nuevo, incluso a los 50 años. Una historia profundamente femenina en la que destaca la brillante evolución de su protagonista y la sorprendente puerta al pasado que abre, sorprendentemente después de tanto tiempo, a raíz de un accidente aislado (porque "nada es lo que parece", como no se cansa de repetir Ana). Destaca, brillante y hermoso, el recuerdo de la madre de Ana, delicada, sensible, superviviente del nazismo para ahogarse en medio de la dureza de su marido y sus hijos varones. Una historia cargada de ternura que contrasta poderosamente con el presente caótico y gris de la protagonista. 

Maia Losch (Montevideo, 1971) vive en Israel desde los 25 años y Allí donde el viento espera es su primera novela. Su prosa resulta vívida, muy directa, y su mejor baza es la construcción de unos personajes tan reales que quizás lo sean. De hecho, me ha gustado adivinar ciertos trazos autobiográficos en esa vuelta a los orígenes culturales de Dalia y Clarisa, las dos hijas de Ana. No sé si al lector le sucederá lo mismo, ni si la autora ha escrito nada más que la ficción, pero me he quedado con ganas de saber más sobre esa emigración por motivos de memoria histórica (como historiadora, siempre me han interesado mucho ese tipo de movimientos migratorios y culturales); y eso que la historia de la madre de Ana ya es, en ese sentido, extraordinaria.

Lector, no importa lo gruñona que te parezca Ana al principio, escúchala porque tiene una gran historia que contarte.


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Allí donde el viento espera

viernes, 6 de noviembre de 2015

El paso de la hélice, de Santiago Pajares

David es un editor madrileño al que se le da bien sacar lo mejor de sus escritores y acompañarles o darles un empujoncito cuando lo necesitan. Por eso mismo, porque se le dan bien los autores, su jefe, el dueño de la editorial Khoan, decide que es el candidato perfecto para llevar a cabo una misión de la mayor importancia: encontrar a Thomas Maud, el magistral autor de La hélice y convencerle de que le entregue los dos manuscritos inéditos que faltan para completar la saga de cinco novelas de que consta su afamada obra. Los libros en cuestión han sido récord de ventas y constituyen el pilar de salvación de la pequeña editorial de Khoan. No solo son afamadísimos best seller y han conquistado el corazón de lectores y críticos, sino que además las novelas han sido traducidas a casi todos los idiomas y ya se han vendido los derechos para la película. La dificultad para Khoan reside en que la identidad de Thomas Maud es un misterio, siempre ha sido así, y lleva cuatro años de retraso en la entrega de las dos últimas novelas de la saga. Khoan envía a David a Bredagós, un pequeño pueblo de la Vall d'Aran, a buscar al misterioso escritor pues la única información que ha conseguido recopilar sobre el mismo durante esos años ha sido que probablemente viva allí, que tiene seis dedos en su mano derecha, que es zurdo y que (esto le encantará a Isi) escribe todas sus novelas en una Olympia SG 35/33. David se lanza a la aventura de encontrar a Maud a la vez que intenta salvar su maltrecho matrimonio, descubre algunas verdades incómodas sobre él mismo y la vida que lleva en Madrid, e intenta responder a la pregunta de qué es más importante para la literatura, si el libro o el escritor. 

"Las piernas nos ayudan a andar y los libros a desarrollar nuestra mente. Tan importante es encontrar tu propio paso como los libros que llevas dentro."


Desde el planteamiento de su punto de partida —un prota editor, la búsqueda de un escritor misterioso, un pueblecito perdido en los Pirineos— El paso de la hélice es una novela que tiene muchos puntos para gustar al lector empedernido, para atraparle desde sus primeras páginas. Y así sucede. Pero no solo por este buen argumento de partida o por el carisma que desprenden sus protagonistas, sino sobre todo, por la buena prosa de su autor, Santiago Pajares. Pajares escribe con una sencillez pasmosa, con una sinceridad que hace fácil lo más complicado, con tanta fluidez y tan poco ornamento pretencioso o barroquismos varios (ninguno, de hecho) que hasta al lector se le olvida de que está leyendo en lugar de tomándose una cerveza con un amigo que le está contando una historia.

Pero además de la agradecida prosa del autor, de las luces y sombras de su protagonista, de los tira y afloja con Silvia, su esposa (muy buena la encrucijada vital, real como la vida misma), los encantadores y muchas veces excéntricos secundarios habitantes del pueblecito de Bredagós, el cambio de ritmo de vida en ese rincón idílico de los Pirineos y la aventura detectivesca de encontrar al misterioso Thomas Maud (autor de proporciones míticas), Santiago Pajares sabe compartir un buen puñado de reflexiones sobre literatura y vida (a veces un poquito a lo Eloy Moreno) que salvan las distancias con el lector por habitar lugares comunes de nuestra cultura y condición actuales. En este sentido, quiero destacar el capítulo de los árboles ataúd o las reflexiones de Esteban respecto a su compañera de vida. 

"—Demasiada tristeza en este mundo.
Lo dijo en voz alta, sin apenas darse cuenta.
—Ya sabes algo que mucha gente no llegará a comprender jamás. (...) Puedes llorar con tranquilidad, David. Tenemos una estúpida tendencia a ocultar lo que nos hace más humanos.
—Lo siento, no quería molestar.
—No molestas. La gente llora. Podemos apartar la vista, pero eso no secará las lágrimas."

Personalmente, lo que más me ha encantado de esta novela ha sido la divertida búsqueda de Thomas Maud, por supuesto, y Bredagós, con su ritmo de vida y sus peculiares personajes. Me ha sobrado (aunque advierto que esto es cuestión de gustos, no de calidad literaria, y ya sabéis que soy una blandita) todo el hilo argumental de Fran, Elsa y Marta, sin el cual creo que la novela habría tenido más encanto y fuerza, y la obsesión que parecía rondar a Santiago Pajares de que todos estos personajes acabasen encajando perfectamente entre sí. Agradezco al autor el esfuerzo por no dejar cabos sueltos, pero habría preferido prescindir completamente de algunos de ellos. 

Lector, una novela singular y atractiva, narrada sin florituras y con el poderoso gancho de la búsqueda de un mítico escritor oculto en las brumas del más misterioso anonimato.

No os perdáis la estupenda entrevista que Mientrasleo le hizo al autor:
Entrevista a Santiago Pajares


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martes, 3 de noviembre de 2015

La librería a la vuelta de la esquina

¿Recordáis una película de Ersnt Lubitsch de 1944 titulada The shop around the corner (El bazar de las sorpresas)? ¿Recordáis el bonito homenaje que se le rendía en Tienes un e-mail (Nora Ephron, 1988)? La pequeña y encantadora librería de Meg Ryan tomaba su nombre de la versión de Lubistch, ¿la recordáis? 


¿Podéis cerrar los ojos y entrar allí? Pues si ya estáis dentro de ese pequeño espacio atiborrado de buenos libros y las recomendaciones más estupendas de vuestros libreros preferidos, comprenderéis al instante el espíritu del libro que con tantísima ilusión os presento hoy: La librería a la vuelta de la esquina, una rendición incondicional a esos espacios que para los lectores recalcitrantes siempre serán refugio contra las tempestades del mundo. 


La librería a la vuelta de la esquina es un libro de relatos de varios autores con el magnífico prólogo de Mientrasleo. Todas las historias tienen un único nexo en común: el protagonismo de una librería. En estas páginas, escritas con cariño y certeza, podéis encontrar los relatos de Belén Barroso, Ana Bolox, Javier de Ríos, Alejandro Gamero, Rebeca C. Garin, Ana González Duque, Mónica Gutiérrez Artero, Aránzazu Mantilla, Desirée Ruiz Pérez y JAP Vidal.

Os dejo la sinopsis:

"Diez autores y once relatos rinden un espléndido homenaje a librerías, libreros, libros y lectores. Policíacas, misteriosas, románticas, fantásticas, realistas... historias extraordinarias con el protagonismo indiscutible de una librería siempre única, como la imaginación de quien la describe y la habita, de quien la dota de personajes y llena sus estantes de libros raros y maravillosos para que el lector se pasee por entre sus prometedores estantes. Por estas páginas transitan encantadoras investigadoras, clásicos que cobran vida, libreros excéntricos, herencias librescas, detectives suspicaces, acertijos de siglos pasados, palabras mágicas que conjuran hechizos olvidados, James Joyce, Hemingway, una dragona y hasta el mismísimo señor de las tinieblas. 

Entra, lector, ponte cómodo y respira sin prisas el aroma de la literatura bajo el tenue polvo de sus estantes. Traspasa el umbral de estas librerías, eres más que bienvenido."

Espero que abráis este libro con la misma ilusión con la que los autores lo hemos escrito.

Podéis comprarlo en digital aquí a precio promocional de lanzamiento:
La librería a la vuelta de la esquina

Y atentos porque, si todo va bien, en Navidades tendremos el libro en papel.