lunes, 29 de mayo de 2017

Afrofuturo(s), varios autores

Un interrogatorio policial intenta dilucidar la desaparición de grandes cantidades de inercio, el metal más caro del planeta, y entender por qué demonios el presunto culpable ha destruido un laboratorio entero por el camino. Una coreógrafa atrapada por la pasión del baile, pero también por una terrible maquinaria de sensores y de estrellas mediáticas que mueven a las masas, siente la soledad y el cansancio. A la luz de la luna, junto al mar, un científico escucha la transmisión del que posiblemente sea el último representante de la raza humana e intenta reconstruir sus momentos postreros. Una modificadora de conductas se hace preguntas aunque sabe que las respuestas no le van a gustar. Una chica peculiar, enganchada a las redes sociales, se encuentra en un bar con un chico que negocia con el archivo de cerebros humanos; aunque él parece el más raro de los dos, el lector no debería estar tan seguro. Cinco relatos de ciencia ficción para reflexionar sobre las posibilidades que nos depara el futuro.

"Cualquier vida no humana en la Tierra es de todo menos mansa, es una pulsión implacable de un eficaz oportunismo (...). En términos de vida, de esa anciana pero siempre adaptable máquina orgánica, ahora sé que los humanos no éramos más que una mota de polvo pasajera a los ojos de dios y, en tanto que mota liviana y molesta, duramos lo que un parpadeo."


Editorial 2709 Books
ISBN: 978-84-946937-0-0
Formato: ePUB
Tamaño: 146 KB
Fecha de publicación: abril 2017
PVP: 5,00 €

Afrofuturo(s) es una selección de cinco relatos de ciencia ficción de cinco autores pertenecientes al colectivo Jalada: Suleiman Agbonkhianmen Buhari (Descubriendo el viaje en el tiempo), Ivor W. Hartmann (La última transmisión), Sheree Renée Thomas (El dragón no puede bailar), Zak Waweru (Continuum) e Ytasha L. Womack (Para chicas digitales que beben tónica en el bar cuando Purple rain no basta). Jalada (1) significa biblioteca en swahili, y engloba a diversos escritores africanos dispuesto a romper tópicos estereotipos, incluso los literarios. Por eso precisamente, no es nada extraño que llamase la atención de la editorial 2709 books, que ha acertado publicando cinco relatos de la última antología de estos escritores, Afrofuture(s).

En Afrofuturo(s) el lector se va a encontrar con relatos de ciencia ficción peculiares, llenos de ingenio, de imaginación y con el toque personalísimo de cada uno de sus autores. Para aquellos que seguimos sin asomarnos lo suficiente a la literatura africana, esta lectura se nos antoja fresca y distinta; aunque las ideas argumentales son afines al género de la ciencia ficción clásica —viajes en el tiempo, distopías, tecnología futurista, etc.—, el punto de vista desde el que se abordan, sus personajes protagonistas, y los matices de la prosa de sus autores las dotan de un soplo de aire fresco y del don de lo inesperado. 

Aunque he disfrutado mucho de cada uno de los relatos y de las voces de cada uno de sus autores (tan distintos entre sí), mi favorito ha sido La última trasmisión, de Ivor W. Hartmann; seguramente por la belleza de sus paisajes en contraste con el dramatismo del audio que está escuchando Trom, y por la historia de desastre ecológico que, por desgracia, resulta al lector tan reconocible. Descubriendo el viaje en el tiempo, por su planteamiento policíaco y su sentido del humor, y Para chicas digitales..., por su proximidad tecnológica (adictos a las redes sociales), han sido mis finalistas a preferido.

"Es lo que tiene la locura tecnológica, que es redundante: nos da herramientas para hacer lo que hacemos."

Lector, una lectura de ciencia ficción, amena y genial, que te va a sorprender si le das una oportunidad. 

Nota: A destacar el estupendo (y arduo, me temo) trabajo de traducción de Alejandra Guarinos Viñals, que tuvo de vérselas con argot y jerga, y que superó con éxito la voluntad de los autores de traspasar fronteras y dialectos. 

(1) Para más información sobre Jalada, puedes leer este artículo de El País cultural


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martes, 23 de mayo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

Puede que Crozon, en la Bretaña francesa, sea el fin del mundo. Pero es un finisterrae con biblioteca. El bibliotecario, el señor Gourvec es un excéntrico bibliófilo con un fracaso matrimonial tan misterioso como su vida privada —su esposa le abandonó a las dos semanas de casados y nadie sabe por qué—, y una sección en la biblioteca para los manuscritos rechazados por las editoriales. Un verano, una editora de París y su pareja, un escritor inseguro y deprimido por el poco reconocimiento que ha tenido su última novela, viajan a Crozon para pasar las vacaciones. En uno de sus paseos en bicicleta, entran en la biblioteca del pueblo y descubren la sección de los libros rechazados. Divertidos y sin nada mejor que hacer, pasan la tarde revisando manuscritos. Pero, inesperadamente, encuentran una pequeña joya literaria, Las últimas horas de una historia de amor, un libro tan bello y delicado que merece ser publicado. La pareja se lanza a la búsqueda del misterioso autor de tan excepcional novela: Henri Pick, el pizzero del pueblo. El problema es que Pick está muerto y su familia jamás le vio leer o escribir en toda su vida.

"Según él, de lo que se trataba no era de que nos guste leer o nos deje de gustar, sino más bien de saber cómo hallar el libro que nos corresponde. A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar. Para lograr ese objetivo había desarrollado, pues, un sistema que casi podía parecer paranormal: al mirar en detalle la apariencia física de un lector era capaz de deducir qué escritor necesitaba."


Cuenta David Foenkinos que el señor Gourvec, bibliotecario de Crozon, sacó la idea de una sección para los libros rechazados por las editoriales de una novela que Richard Brautigan publicó en 1971, The abortion: an historical romance; una novela en la que aparece un bibliotecario que guarda todos los manuscritos inéditos que sus respectivos autores le han confiado después de rendirse ante el rechazo de las editoriales a publicarlos. Así nació la idea de la Brautigan Library (actualmente con sede en Vancouver), un hermoso cementerio de manuscritos que jamás serán leídos. Solo dos condiciones son indispensables para depositar los libros allí: que hayan sido rechazados por, al menos, una editorial, y que los lleve su autor en persona, como una especie de peregrinación en reconocimiento del fracaso. 

¿Cómo resistirse a una novela con semejante principio? Decía hace poco Mientrasleo que los lectores somos facilones ("un público relativamente sencillo de convencer"), que es ponernos delante una novela con la palabra libro o biblioteca o librería delante y que nos la llevamos a casa. Y tiene razón. Aunque en el caso de La biblioteca de los libros rechazados, además del tentador título y su sinopsis, me pudo el autor. Me gusta mucho leer a David Foenkinos, me encantó La delicadeza y Charlotte, me gusta su estilo, su ingenio y sus hermosísimas frases. En esta nueva novela, además, disfruté mucho con sus guiños sobre escritores y editoriales y con su sentido del humor al respecto del mundillo. 

No voy a explicaros mucho más de esta encantadora historia, con pueblecito bucólico, bibliotecario rarito y editora emprendedora en busca de un autor improbable, porque ya veis que tiene todos los ingredientes para encandilaros. Es una historia que se disfruta por sus pintorescos personajes y por la narración magnífica y peculiar (como siempre) de David Foenkinos, capaz de imprimir belleza en la descripción del gesto más cotidiano y de explicar con palabras que parecen nuevas sentimientos universales. 

Todo genial hasta que llegué al epílogo, una insoportable explicación, tramposa y fea que tergiversa todo el sentido bucólico y armonioso de la novela para que cerremos el libro bastante cabreados ¿Por qué ese epílogo pestoso, David? No me esperaba esa jugarreta tan poco delicadeza

Lector, de como una idea peculiar da a luz una historia que te encantará leer. Excepto el epílogo. No lo leas. Y, si lo haces, es bajo tu propia responsabilidad.


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La biblioteca de los libros rechazados (en papel)
La biblioteca de los libros rechazados (para kindle)

martes, 16 de mayo de 2017

El color del silencio, de Elia Barceló

Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969.  Junto con Carlos, su pareja actual, Helena irá en búsqueda de respuestas a las terribles preguntas que la han acechado durante toda su vida. Viajará a Rabat, a la antigua mansión de su familia, La Mora, y se adentrará de nuevo en los frondosos jardines que han resguardado, durante años, con recelo, un oscuro y silencioso secreto familiar, el mismo secreto que parecía hablar, desde hace mucho tiempo, a través del color y de las sombras de sus cuadros.

Sinopsis de Roca editorial


La hermosísima portada es un diseño de Sophie Guët sobre una pintura de la artista Lita Cabellut

Roca editorial
ISBN: 9788416700783
Colección: Novela
Páginas: 480
Fecha de publicación: 4 de mayo de 2017

Ayer por la tarde tuve la suerte de charlar un ratito con Elia Barceló en el Hotel Alma, de Barcelona, donde la escritora estuvo atendiendo a los medios de comunicación con motivo de su nueva novela El color del silencio, de Roca Editorial. Conocía y admiraba a Elia por sus libros de ciencia ficción y fantasía y por ser pionera en España de este género: Elia Barceló abrió camino a muchas escritoras de fantasía juvenil cuando todavía no existían los Crespúsculos ni los Harry Potter. Ella no se da por aludida, dice que todavía queda mucho por delante, que de cada diez escritores, reconocidos con importantes premios o galardones del público y la crítica, apenas dos son mujeres (y una de ellas suele estar muerta). En todo caso, y aunque os recomiendo mucho que leáis alguna de sus obras de género fantástico, os recomiendo sobre todo que no dejéis pasar El color del silencio, una estupenda novela realista de la autora, recién publicada hace un par de semanas y que ya va por su tercera edición. Ojalá tenga la acogida de los lectores que se merece porque es extraordinaria por muchos motivos. 

Me moría de ganas de preguntarle por un acontecimiento que me dejó boquiabierta al leer El color del silencio porque lo desconocía por completo y me sorprendía la poca información que hay al respecto sobre el mismo: la misteriosa muerte del general Balmes en julio de 1936. Elia me dijo que había tropezado con ese acertijo cuando su marido, historiador, se lo señaló durante la lectura del libro de Ángel Viñas, La conspiración del general Franco, y que decidió que fuese el punto clave de su novela. No voy a desvelaros más sobre este punto pero sorprende que en el siglo XXI todavía sea tan grande la desmemoria histórica y la censura, la falta de ganas de saber qué ocurrió (o de reparar en la medida de lo posible lo que ocurrió), tal y como comentaba Elia Barceló en este magnífico artículo de Eldiario.es 

Cuestiones históricas aparte, otro de los puntos fuertes de El color del silencio es su atípica protagonista, Helena Guerrero. Su singularidad reside en que tiene 68 años y un carácter de armas tomar (¡qué bien la describe su apellido). Elia comentaba que no buscó expresamente a Helena como un personaje tan antipático pero que le salió así. Estaba un poco harta de que en occidente a las mujeres se las invitase/empujase a retirarse de la vida pública y de sus profesiones cuando rebasaban la edad de los 50 años. Decía que tanto en el cine como en la literatura se volvían invisibles; no solo las escritoras y actrices sino también sus personajes: la mayoría de protagonistas son jóvenes, guapas y perfectas. Pues Helena es mayor, es bestialmente sincera y cae mal en una primera impresión (atención a la valentía de Elia Barceló al apostar por una protagonista con la que, probablemente, el lector no empatice). Sin embargo, a medida que avanza la novela y el lector va conociendo más a Helena comprende a la perfección ese tormento de silencio, de dolor no expresado, de preguntas sin respuestas, que la han marcado durante toda su vida como la sombra de sus pinturas. 

En la novela también se refleja el sentimiento de rechazo (o hartazgo) que me explicaba Elia sobre la discriminación de género: el menor reconocimiento artístico y económico de Helena por ser mujer, la dependencia de Blanca de su marido, lo chocante de una relación sexual o amorosa entre una mujer mayor y un hombre joven, etc. Así como temas sociales que en nuestro siglo siguen bajo el sello de una poderosa censura, como el alzamiento franquista, la guerra civil y la posterior dictadura, o casos sobre los que los medios de comunicación actuales han pasado de puntillas, como los bebés robados por intermediación de religiosas.

El otro personaje extraordinario que acapara por méritos propios protagonismo en El color del silencio es Gregorio (Goyo) Guerrero. Gregorio es padre de Helena, un capitán del ejército español en Tetuán que se une a la sublevación del general Franco convencido de que es lo correcto, de que solo así salvará su país. Elia Barceló comentaba sobre este personaje que en su momento le había sorprendido lo mucho que llegó a empatizar con él pese a sus convencimientos, tan ajenos a los suyos. Pero es que Goyo está totalmente seguro de que obra para bien, de que es un héroe en la sombra, un patriota, alguien que debe hacer el trabajo sucio para salvar a su país; pese a que por el camino va perdiendo a su esposa, a sus hijas, su moralidad y el sentido de su propia vida.

El color del silencio es una novela que se disfruta por muchos motivos. Además de por sus extraordinarios personajes, por su documentación/investigación y puesta en escena de la Historia de España del siglo pasado y por la reivindicación de una figura femenina desacostumbrada, me ha encantado la alternancia de sus hilos geográficos y temporales (Canarias 1936, Rabat 1969 y actualidad) y un detalle muy especial que le da a la novela un toque peculiar y genuino: las fotografías y cartas antiguas que Helena encuentra de su familia, testimonio del pasado que transporta al lector casi por obra de magia a aquellos otros tiempos del pasado. Le decía a Elia lo mucho que me habían gustado esas cartas y fotografías, la importancia de describir vestidos y peinados, música, atmósfera, para envolver al lector, cuando me dijo "Claro, yo compré el libro de Ransom Riggs (El hogar del Miss Peregrine para niños peculiares) cuando todavía no era famoso solamente por las extrañísimas fotografías que lo acompañaban". Le dije que me pasó exactamente lo mismo, como ya sabéis. Los documentos gráficos contribuyen a crear un mundo único para el lector.

Como imagináis fue un placer conocer en persona a una escritora como Elia Barceló: inteligente, curiosa, atenta, gran lectora y segura de sí misma. Desde aquí le doy las gracias por su tiempo y la agradable charla. Ahora os toca vosotros descubrir la que muy posiblemente sea su mejor novela realista.

Lector, no voy a decir eso de "el mejor libro del año" porque está muy manoseado y lleva a controversias. Pero sí que te voy a decir que vale mucho la pena no perdérselo, por todos los motivos que te he explicado. Palabrita.

Si quieres hacerte con un ejemplar, consulta la página del libro en Roca editorial: AQUÍ

lunes, 8 de mayo de 2017

Nuestra casa en el árbol, de Lea Vélez

María, Michael y Richard vuelven a la casa de su infancia, en Hamble-le-Rice. Llegan en barco y van tardísimo a un entierro pero el tiempo en el Hamble nunca trascurre del mismo modo. Los tres hermanos, vueltos al hogar, recuerdan episodios de su infancia de la mano de Richard, que ha recogido en varios cuadernos las vivencias de aquellos días con la ayuda de los diarios de su madre. Fueron tres niños felices allí, en la casa de su abuelo, esperando a que mamá les construyera su propia casa en el árbol. Ana había esperado iniciar una nueva vida en Hamble-le-Rice con sus tres hijos superdotados, cansada de la reticencia del colegio español, mortificada por sus propios recuerdos de la escuela, profundamente triste por la reciente muerte de David, su marido. Los cuatro juntos, a la orilla de un río con mareas dobles, construyen su propio universo particular en donde todo es posible, incluso la libertad.

"Opino que una casa hecha para todos igual no puede funcionar, sobre todo si los niños son intrépidos e inteligentes (...). Los mismos principios de una casa en el árbol pueden aplicarse a la educación."


Para todos aquellos que seguís a Lea Vélez en las redes sociales o que habéis leído El jardín de la memoria, ya estaréis familiarizados con la autora y sus circunstancias: Lea es viuda y madre de dos niños superdotados (disculpad la etiqueta). Y para todos aquellos que disfrutamos cuando inicia una entrada en facebook escribiendo "Entra el de nueve y me pregunta: mami, ¿crees que sería posible inventar un chip que se implantase en el cerebro de los bebés para que aprendiesen todo lo que supuestamente se aprende en la escuela?" esta novela es un regalo. Una historia de imágenes y metáforas preciosas sobre la libertad, sobre la infancia y sobre el derecho de todos los niños a ser reconocidos como personas singulares; pero también una historia sobre aprender a vivir de nuevo.

Leer Nuestra casa en el árbol es disfrutar del ingenio de Lea, de sus juegos de palabras, de sus "no soy literal" y de las adorables excentricidades de sus personajes (originales y únicos, seguramente porque están inspirados en niños reales). Pero lo que más me ha gustado de Nuestra casa en el árbol es la crítica observación sobre la educación reglada a la que sometemos a nuestros hijos. Ana, la protagonista, que también fue una niña de altas capacidades, todavía recuerda los sinsabores de su escolarización; y quizás por ello sufre por partida doble el dolor de sus hijos de tener que ir al colegio a copiar "Pilar pela el pomelo" cuando en casa le están preguntando por el Big Bang, la extinción de los dinosaurios, el origen de la vida, la densidad planetaria o la falta de atmósfera en el espacio. 

"-¿Y a qué vas al colegio?
-Yo voy al colegio a llorar."

La protagonista no quiere comprar una casita prefabricada y podar las ramas del árbol para que encaje allí. Prefiere respetar la singularidad de su árbol, las preferencias de sus hijos, y construir una casa a medida, que no encaje por la fuerza de la poda sino que se adapte a la originalidad del árbol y de los pequeños. Los niños van al colegio para que se les pode sus mejores ramas con la finalidad de que a todos les quepa el mismo kit de conocimientos superficiales, apunta Lea en estas páginas.

La absurdidad de los mecanismos escolares y su nulo respeto por las inteligencias múltiples, por la imaginación o la diversidad de capacidades de los alumnos, se conjuga con el otro elemento omnipresente en esta luminosa historia: la libertad. En Nuestra casa en el árbol encontramos personas que buscan la libertad, personas que han nacido libres y siguen indómitamente libres, personas que encuentran la libertad al sumergirse en la naturaleza del Humble y personas que ni siquiera se han planteado alguna vez el concepto de libertad. Libertad de amar, de viajar, de pensar, de vivir, de estar triste, de llorar... Por eso los críticos literarios hablan de que los protagonistas de esta nueva novela de Lea Vélez encuentran refugio en su propia Arcadia. 

Lector, nos advierte Lea que cuando un niño nos dispara con el dedo debemos morirnos (y si nos morimos fabulosamente, mejor). 

Nota: Debería haber leído El jardín de la memoria o Nuestra casa en el árbol antes que La cirujana de Palma para conocer mejor a la autora, su sentido del humor, su ingenio y sus jocosas sátiras. Lector, si todavía llego a tiempo: deja para el final a la cirujana, ya entenderás por qué.


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