lunes, 28 de agosto de 2017

El atlas de las nubes, de David Mitchell

En 1850, en plena fiebre del oro, Adam Ewing, un notario estadounidense, visita las islas Chatham, en la Polinesia, a bordo del Prophetess. En 1931, el músico Robert Frobisher encuentra el diario de Ewing en la biblioteca del anciano genio Vyv yan Ayrs, en Brujas; es allí donde compone su obra maestra, el sexteto de El atlas de las nubes, y escribe a menudo a su buen amigo Rufus Sixsmith para informarle de tales desventuras. En los años 70, en San Francisco, la periodista Luisa Rey descubre que el reactor nuclear de la isla de Swannekke podría tener graves problemas de seguridad. Solo el informe de un anciano ingeniero atómico, Rufus Sixsmith, premio Nobel de Física y ex-integrante del proyecto Manhattan, puede demostrar el peligro que conlleva poner en marcha esa central nuclear. Pero los intereses financieros y políticos más salvajes están dispuestos a asesinar con tal de evitar que dicha información salga a la luz ¿Qué importa que la central explote o contamine el planeta de manera mortífera? Lo primordial es lucrarse. Sonmi-451, un clon sintético del futuro explica su rebelión desde la prisión en la que está confinada. El joven Zachry, en lo que queda de las islas Hawai tras la caída postnuclerar del planeta, trasmite por tradición oral todo el conocimiento y las tradiciones de su tribu, exenta de tecnología pero con un vago recuerdo de la misma; después del desastre universal, el retorno a la naturaleza y el respeto por los semejantes es lo único que les mantiene a salvo. Adam, Robert, Luisa, Sonmi-451 y Zachry solo tienen en común un antojo en el omoplato, una marca de nacimiento con forma de violín, y la capacidad de optar por hacer lo correcto pese a que sean los únicos en oponerse a los monstruosos designios de los todopoderosos salvajes.

"Tumbado en el fondo de la canoa, veía balancearse las nubes. Las almas surcan las eras como las nubes los cielos, y aunque las nubes cambien continuamente de forma, color y tamaño, una nube siempre es una nube y un alma siempre es un alma ¿Quién sabe de dónde vienen las nubes y dónde estará el alma mañana? Nomás lo sabe Sonmi: el este y el oeste, la brújula y el atlas, sí señor, el atlas de las nubes."



Me gustan mucho las lecturas que requieren de la materia gris del lector para llegar a buen puerto; me gustan esos libros que te obligan a apuntarte frases; me gustan las novelas que te hacen reflexionar sobre la humanidad, pero sobre todo y por mi alma de historiadora impenitente, sobre la Historia del ser humano y su recalcitrante tendencia a la autodestrucción. Ofrece David Mitchell, en El atlas de las nubes, varias lecciones históricas que no hemos asimilado y aprendido todavía —de ahí nuestra tendencia a tropezar siempre con la misma piedra u otra parecida— y asombra la facilidad y la brillantez que tiene el autor para plantear, incluso cuando se trata de una novela de ficción, cuestiones universales. Una de las que más me ha gustado es su confrontación entre los conceptos de civilización y estado salvaje: dice uno de los personajes de Mitchell que salvaje es aquel que solo piensa en satisfacer sus deseos de manera inmediata, sin tener en cuenta nada más; mientras que civilizado es aquel que piensa a largo plazo, que medita antes de actuar y opta por la conservación y la supervivencia en el futuro; por eso, los empresarios capitalistas que solo piensan en su enriquecimiento inmediato sin tener en cuenta la conservación de planeta, son salvajes y, en cambio, la tribu maorí que dialoga sus conflictos, respeta la naturaleza, declara tabú atentar contra otras vidas o piensa en la tierra que legará a sus hijos y nietos, es la más civilizada del planeta.

El atlas de las nubes es un magnífico juego de muñecas rusas en el que cada una de las historias encaja a la perfección en la anterior, en una sucesión temporal que requiere de la colaboración del lector para ir ensamblando las piezas del rompecabezas. Una narración fluida, llena de suspense y acción, con personajes carismáticos y universos tan probables que dan escalofríos, sobre las consecuencias de un gesto generoso o salvaje de un solo ser humano en la Historia de toda la humanidad. Una reflexión genial sobre el poder del conocimiento científico y sus malos usos: la ciencia, que sacó al homo sapiens del estado salvaje de los simios, será también la responsable de nuestra extinción a finales del siglo XXI. Un libro extraordinario que entrelaza con sorprendente verosimilitud pasado, presente y futuro de la humanidad.

"La ciencia seguirá inventando instrumentos bélicos cada vez más sanguinarios hasta que un día la capacidad destructora de la humanidad superará a la capacidad creadora y nuestra civilización se precipitará a la extinción (...). Nuestra voluntad de poder, nuestra ciencia y todas las facultades que nos elevaron del nivel de los simios al de los salvajes y de ahí al hombre moderno, ¡son las mismas facultades que acabarán con el homo sapiens antes de que termine el siglo!"

Lector, este es uno de esos libros que pese a haberse terminado en nuestras manos permanece mucho tiempo abierto en nuestras cabezas.

También te gustará: El año del diluvio; Medusa; Estación Once

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domingo, 20 de agosto de 2017

El café de los pequeños milagros, de Nicolas Barreau

A Nelly le gusta tomarse su tiempo, vivir despacio, medir con reposo todas sus decisiones. Vive en Paris y está a punto de terminar su tesis sobre las teorías de Virilio, un dromólogo que defiende que la humanidad se desorientó en cuanto consiguió viajar a la velocidad del avión. Nelly lleva más de un año enamorada de su director de tesis y sigue esperando el momento propicio para dar el primer paso y confesarle su amor. La oportunidad aparece cuando el profesor le pide que le acompañe a Nueva York para unas conferencias, pero a Nelly —debido a un trauma infantil— le aterra volar y decanta la invitación. Ese será el inicio de una serie de acontecimientos inesperados que llevaran a la tímida y temerosa parisina hasta nada menos que Venecia en invierno. Allí no solo disfrutará de la belleza de sus canales, piazzas y palazzos, sino que desentrañará el misterio de un pequeño y hermoso misterio familiar, y se demostrará a sí misma que es capaz de vivir sin el lastre de sus numerosos temores.

"Lo bueno de creer en las señales es que pueden orientarte en el desconcertante mapa de la vida. Lo malo de ellas es que reflejan nuestras propias deficiencias, y siempre justo cuando no estamos en condiciones de captar su mensaje orientador."


Editorial Suma
Fecha de publicación: septiembre 2017
Páginas: 347
Precio: 16,90 euros

Abre Nicolas Barreau su novela con esta cita de Lío en Broadway (Peter Bogdanovich):

"—Yo creo en los finales felices. Son lo único que me parece lógico.
—¿Entonces te gustan los cuentos?
—Todos necesitamos de vez en cuando una chispa de magia, ¿o no?"

Toda una declaración de intenciones. Pero eso es lo que nos gusta de las historias y personajes de Nicolas Barreau, esa ficción amable y simpática, esa hermosa luz rosa tan parisina que promete un final feliz y un viaje agradable. En El café de los pequeños milagros, el autor vuelve a regalar a sus lectores una historia entretenida, divertida y evocadora, con su prosa llena de candidez y promesas bonitas. Perfecta para desconectar del mundanal ruido y tomar, sin prisas (como le gustaría a Nelly), el tren de los más bellos recorridos.

"Pero, ¿por qué iba a interponerse la verdad en una bonita historia?"

El café de los pequeños milagros no solo trasmite con sencillez la alegría de vivir, el detalle cotidiano de los pequeños gestos como las llaves de la felicidad (entrar en un café agradable, visitar nuestra librería favorita, comer tarta de pera, beber un delicioso café, comprar ese bolso que tanto nos gusta para iniciar un viaje en tren, etc.), sino que además resulta de una cercanía sorprendente: ¿quién no ha sucumbido al mensaje de un libro antiguo? ¿quién no ha estado fantaseando durante meses con un amor no correspondido? ¿quién no ha llorado por perder algo que ni siquiera tenía? El lector se reconoce en Nelly, simpatiza con ella, la comprende, pese a que en todo momento entienda que está inmerso en un cuento de hadas, en una fantasía amable y una bonita historia de amor doble (Nelly recupera su amor propio además de encontrar el amor romántico).

Otro de los puntos que más se disfruta de esta novela es, sin duda, el hermoso recorrido por las calles de Venecia en invierno, antes de la vorágine de los Carnavales. Por la Venecia más conocida —la Piazza de San Marcos, Santa Maria de la Salute, el Rialto, los gondolieri— pero también por sus callejuelas más escondidas y por sus destinos menos turísticos: el Palazzo Ca´Rezzonico y su Museo del Setecento, la Accademia, el Lido, el Museo Fortuny... El lector tiene la sensación de que Nicolas Barreau se enamoró perdidamente de Venecia cuando estuvo allí, y contagia en la novela su visión de la ciudad en la misma medida en la que su prosa y los pasos de sus personajes trasmiten el cariño con el que recorren sus librerías, cafés y parques preferidos de París. 

"El tiempo no se detiene nunca. Solo nuestros recuerdos. Los tenemos para siempre."

Lector, un libro perfecto siempre que te apetezca soñar un poquito con los finales felices.


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sábado, 12 de agosto de 2017

Seis de cuervos, de Leigh Bardugo

En la ciudad portuaria de Ketterdam, hogar de ricos comerciantes, no existe barrio más peligroso que el Barril, ni cerebro criminal más brillante que el de Kaz Brekker. Apodado Manos Sucias, Kaz prospera entre el robo, la extorsión y el juego, mientras una antigua sed de venganza arde como el carbón en sus pupilas. Cuando se le ofrece la oportunidad de enriquecerse como nunca antes había soñado, decide arriesgarse pese a que la misión propuesta sea poco menos que un suicidio. Para acometerla reunirá a dos de sus más fieles colaboradores, a una Mortificadora Grisha, un antiguo soldado druskelle, un rehén inesperadamente valioso y todas sus reservas de ingenio y experencia. Si vuelven vivos al Barril puede que sea para dejar sus calles para siempre.

"El conocimiento de que tal vez no volvieran a verse, de que algunos o tal vez todos podían no sobrevivir a esa noche, era pesado en el aire. Un jugador, un convicto, un hijo fugado, una Grisha perdida, una chica suli que se había convertido en asesina, un chico del Barril que se había convertido en algo peor (...). ¿Qué los unía? ¿La avaricia? ¿La desesperación? ¿Era solo el conocimiento de que si alguno o todos ellos desaparecían esa noche nadie iría a buscarlos?"


Este verano me apetecía leer fantasía, así que le pregunté a Ana González Duque qué libros de este género me recomendaba y me dijo que La segunda revolución, de Costa Alcalá. Tras alucinar mucho con estos dos autores, le pedí más madera a Ana y me dijo que Leigh Bardugo le parecía una buena autora; pero ya sabéis qué pasa después de haber disfrutado tanto de un libro tan genial como el de Costa Alcalá: que el listón estaba muy alto. Me pasé por la biblio y me llevé Moriré besando a Simon Snow, de Rainbow Rowell (reconozco que me lo llevé porque me pareció un título genial, ¿por qué no habré publicado yo una novela con ese pedazo de título?) y Seis de cuervos, de Leigh Bardugo. La primera novela me pareció divertida pero la segunda, Seis de cuervos, me entusiasmó. Y me entusiasmó tantísimo como La segunda revolución, que ya es mucho decir.

Quizás conocéis a Bardugo por su trilogía Grisha (el primero de los libros se tradujo en castellano como Sombra y hueso) pero yo era la primera vez que leía a esta autora y me ha dejado boquiabierta. Seis de cuervos es la primera entrega de una bilogía (la segunda parte se titula Crooked kingdom, en castellano, ni idea) que destaca por su elegante prosa, su buena ambientación y la excelente construcción de unos personajes carismáticos y singulares. No solo son seis personas con habilidades especiales, más o menos marginados por la "honrada" sociedad de una próspera ciudad de comerciantes, sino que son seis caracteres complejos, bien matizados y tan fascinantes como la misión imposible que les han encomendado. El resultado es un libro que mantiene en vilo al lector no solo por el suspense de su trama o por sus espectaculares escenas de acción sino también por el pasado y las motivaciones de esos seis protagonistas. 

Leigh Bardugo hace gala de una habilidad extraordinaria al dosificar la información sobre cada personaje, desvelando el pasado de cada protagonista a pequeños sorbos. Este buen pulso narrativo evita saturar al lector con una montaña de datos sobre la mochila emocional de cada protagonista a la vez que mantiene eficazmente el suspense: el lector no puede dejar de preguntarse por qué el personaje reacciona como lo hace en el hilo narrativo presente o qué circunstancias le han llevado a sentirse así. En mi opinión, es un equilibrio literario difícil de conseguir con la fluidez y naturalidad con la que lo hace Bardugo. El protagonismo de estos personajes tan arrebatadores unidos a los excelentes giros de la acción hacen de Seis de cuervos una novela de referencia en el género fantástico pero también en el de la narrativa contemporánea.

Lector, esta sí que es trepidante y auténtica.


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Seis de cuervos

lunes, 7 de agosto de 2017

Cómo ser un gatete, de Kitty Pusskin

Ser un gatete está muy bien: tienes un montón de tiempo libre para dormir, eres la monada de la casa, puedes practicar a hacer el ocho entre las piernas de tu humano, afilar las uñas con sus mesas y sillas, y calcular el momento exacto en el que necesita levantarse para enroscarte en su regazo. Si tienes alguna duda sobre cómo reaccionar con indiferencia a la ausencia de tu humano (porque no eres un perro), o desobedecer sus órdenes (insisto: no eres un perro), morder cables, competir contra el ordenador o el mejor lugar donde vomitar tus bolas de pelo, este es tu libro.

"Schrödinger es conocido como físico cuántico, pero también era otra cosa: un mal hombre. Un hombre muy malo, en realidad. Créeme, no puede salir nada bueno de un gatete encerrado en una caja que contiene un frasco de veneno, una fuente de radioactividad y un contador Geiger.

Si alguna vez se te acerca un científico, recuerda que el experimento del gato del Schrödinger no es una paradoja: es un motivo para llamar a la protectora de animales. Cualquier situación en la que estés vivo y muerto al mismo tiempo no puede terminar bien."


ISBN: 9788416700592
Colección: No ficción
Páginas: 148
Fecha de publicación: 22-06-2017

Cómo ser un gatete (la guía definitiva para vivir entre humanos y conseguir triunfar siempre) es un libro simpatiquísimo e ingenioso que conquistará a todos los lectores que conviven con gatos y a los que todavía no lo hacen pero les han entrado unas ganas terribles de llevarse uno a casa después de leer estas páginas. Se trata de una lectura divertida, muy feelgood y con mucho encanto, escrita por una gata, Kitty Pusskin, desde su experiencia como felino. Lejos de considerarse una mascota, Kitty reconoce que la mayor virtud de los humanos es que proporcionan comida y protección, pero no escatima ocasiones para animar a sus colegas a desafiarlos, arañarlos o desconcertarlos con su indiferencia natural.

Me lo he pasado en grande con Cómo ser un gatete porque derrocha tanto cuquismo y feelgood como promete su título, su portada y su autora. Que levante la mano el lector que no necesita de vez en cuando olvidarse del mundo humano y disfrutar de la compañía de nuestras pacientes mascotas. Observarnos a través de los ojos de nuestro gato, con nuestras locas costumbres y nuestras estúpidas reacciones, no solo es divertido y simpático sino que también nos ofrece una pequeña guía sobre el cuidado y la psicología de estos animales.

Lector, el adorable equivalente libresco a ver vídeos de gatetes en Youtube.

También te gustará: Mi familia y otras especies en extinción; Todas las criaturas grandes y pequeñas

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