miércoles, 22 de febrero de 2017

La expedición de Humphry Clinker, de Tobias Smollett

Durante la primavera de 1770, Matthew Bramble, sus sobrinos, su hermana y un pequeño séquito de sirvientes emprenden un viaje de placer por el norte de Inglaterra y Escocia. El objetivo es mejorar la salud del hipocondríaco pero encantador señor Bramble, tomando las aguas en Bath y en otros lugares de peregrinación médica. Pero nada resulta como el buen señor había planeado: su insoportable hermana insiste en buscarse un marido a toda costa, su sobrina se desmaya continuamente por penas de amor, su sobrino está descubriendo la bondad de su naturaleza y él tiene muy serias dudas sobre la salubridad de los balnearios y la cordura de los habitantes de Gran Bretaña. A través de la correspondencia de estos cuatro personajes y de una doncella galesa, los Bramble llevan un excéntrico diario de su viaje desde Gloucester hasta Manchester, pasando por Londres, York, Inverary, Edimburgo y los hermosos paisajes de las Tierras Altas escocesas.

"—De modo que, cuando el hombre estaba enfermo e indefenso —dijo mi tío—, lo echasteis a morir a la calle.
—Pago el impuesto de pobreza —respondió el otro— y no tengo por qué mantener a vagos ociosos, sanos o enfermos; además, con su aspecto, habría sido una deshonra para mi casa.
—Habrás notado —dijo el caballero volviéndose hacia mí— que nuestro hospedero es un cristiano de corazón. ¿Quién se atreverá a censurar la moral de la época, cuando los hospederos dan estas muestras de humanidad?"


Tobias Smollett (Escocia 1721- Livorno 1771) publicó La expedición de Humphry Clinker tres meses antes de morir. Médico, historiador y escritor, Smollett fue cronista, junto con George Gissing, de la vida literaria de su época, la llamada Nueva Grub Street londinense de mediados del siglo XVIII. Apasionado de El Quijote —su traducción al inglés sigue siendo una de las mejores— y director de varias revistas literarias, su prosa era considerada basta, sin matices, por sus contemporáneos. Las novelas de Tobias Smollet son satíricas y algo conservadoras, huyen siempre de discursos moralistas y ofrecen una crónica divertida y crítica de su sociedad. 

Smollett era hipocondríaco, como su protagonista el señor Bramble, y en La expedición de Humphry Clinker refleja sus ideas sobre la justicia inglesa (según él, inexistente y corrupta), el horror que le producían las masas ("la turba es un monstruo") o el espanto que le causaba el lujo y el desenfreno de los nuevos ricos que han perdido la educación y el sentido de la proporción en una orgía constante de despilfarro y muestras de mal gusto. Por eso, en esta novela epistolar aparecen magistrados tontos, médicos ignorantes, especuladores enriquecidos de la noche a la mañana en busca de un marido aristócrata para sus hijas, injusticias continuas y el desatino de un asaltador de caminos ejerciendo de abogado defensor; Bramble escribe a su médico personal para quejarse de sus dolencias, de la insalubridad de los balnearios y de las ciudades o de lo ridículo que le parece que las grandes casas aristocráticas se codeen con tenderos, peleándose por hacerse con un té y un bollo gratis cortesía de un contrabandista.

En La expedición de Humphry Clinker el lector disfrutará de un agradable y divertido viaje con la familia Bramble, descubrirá las debilidades de cada uno de ellos, comprenderá la mirada crítica del autor hacia sus contemporáneos y se sorprenderá con la versatilidad de Clinker, todo un personaje donde los haya. La expedición de Humphry Clinker es un agradable viaje por las tierras británicas del siglo XVIII, durante el reinado del rey Jorge III y el ministerio de William Pitt, una crónica social satírica de la época, un retrato de una familia singular y una reivindicación de Escocia y sus habitantes en un momento en el que Inglaterra existía cierto sentimiento anti-escoces (eran considerados palurdos pese a que en ese siglo la Universidad de Glasgow era muy superior a Oxford y Cambridge, y Smollett, que había estudiado allí, tenía una formación en letras y medicina infinitamente mejor que la de sus colegas ingleses de Grub Street). 

Lector, un clásico inglés epistolar, a la altura del Tristam Shandy de Laurence Sterne, para revindicar al autor que influyó a escritores como R.L. Stevenson o Charles Dickens, y que parece haberse perdido un poco en el olvido a favor de Henry Fielding o George Gissing. 


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La expedición de Humphry Clinker (en papel)
La expedición de Humphrey Clinker (para Kindle)

viernes, 17 de febrero de 2017

Sorteo de un ejemplar de "El aviso de los cuervos", de Raquel Villaamil

¿Os apetece un sorteo fantástico y romántico? Pues no os perdáis este porque si os gusta la literatura fantástica El aviso de los cuervos os va a encantar. Os dejo información sobre el libro y después os explico las bases del sorteo.

Título: El aviso de los cuervos
Autora: Raquel Villaamil
Editorial: Roca Editorial
Fecha de publicación: 26 de enero de 2017
ISBN-10: 8416700516
ISBN-13: 978-8416700516


Sinopsis de la editorial

El aviso de los cuervos constituye un soplo de aire nuevo en el género de la novela de fantasía romántica.

Brigit regresa a su ciudad de nacimiento en búsqueda del único familiar que le queda, su abuela. De los escasos recuerdos que guarda, poco queda en la casi abandonada ciudad de Ballymote. Sus calles, casas y bosques esconden misterios que parecen retroceder a los tiempos en que de las leyendas surgió algo real, algo monstruoso.

Brigit tendrá que encontrar todas las respuestas, buscar entre sus pesadillas y descubrir la verdad en un mundo que ya no es el suyo, y que se rebela de entre las sombras cuando avisan los cuervos.

Biografía del autor

Raquel Villaamil nació en Madrid. De madre norteamericana y padre asturiano, estudió Arquitectura y en la actualidad es guionista de videojuegos.
Es autora de la serie Manhattan Beach, que ha sido traducida en Italia.

Bases del sorteo

Se sortea un ejemplar en papel.

El sorteo es nacional.

El último día para apuntarse será el 28 de febrero

Es requisito obligatorio ser seguidor del blog para participar (con esto tienes 1 punto)

Para participar, deja un comentario en esta entrada con todos tus puntos y los enlaces correspondientes.

Puntos adicionales

+3 por ser seguidor antiguo de Serendipia (hasta Rafi Ortega)

+2 Puntos por cada red social en la que anuncies el sorteo

+5 Si anuncias el sorteo en tu blog

Gracias por participar.

martes, 14 de febrero de 2017

Entre puntos suspensivos, de Mayte Esteban

No parece muy buena idea escaparse en un viaje en moto por los románticos parajes del Lago de Sanabria con el amor de tu vida cuando estás intentando olvidarle. Tampoco es el colmo de la sensatez compartir habitación en encantadoras posadas rurales, cruzar el Tera en primavera o asomarse a un faro asturiano, de la mano de alguien a quien deseas y amas desde siempre en contra de los designios del destino. Pero eso es justamente lo que comparten Javier y Paula cuando la desaparición de Mario, el padre de ella, les embarca en un viaje desesperado por encontrarle. Un viaje que se complicará con la tormenta de sus emociones y la incapacidad de ignorar el dictado de sus corazones pese a los miedos y los malentendidos del pasado. Y es que su historia es única entre miles, un amor verdadero que por fin parece haberse asomado al filo del precipicio y que debe resolverse de una vez por todas con un final... o un nuevo principio.

"—¿Qué quieres que seamos tú y yo? -pregunta ella. (...)
—Lo que fuimos, Paula. Lo que empezábamos a ser cuando lo dejamos y lo que somos a veces, cuando me permites entrar en esa fortaleza que te has fabricado."


"Evitar conversaciones o dejarlas en puntos suspensivos no conduce a ninguna parte. Tú y yo vivimos colgados de ellos, volviendo a caer siempre en lo mismo. Continuamos nuestra historia hasta que nos volvemos a atascar, pero en lugar de arreglarlo, lo dejamos correr, por si acaso se soluciona solo. "

Entre puntos suspensivos es la historia de Paula y Javier de adultos, esos dos chicos que nos encandilaron con su naturalidad y su desparpajo, que nos hicieron sonreír y enamorarnos, en Su chico de alquiler; es el reencuentro de dos personajes que deben decidir de una vez por todas si es mejor olvidarse el uno al otro en lugar de seguir haciéndose daño mutuamente. La gracia de todo esto es lo bien que nos lo cuenta Mayte Esteban, su simpatía, su sentido del humor y la luminosidad de su narración, capaz de transportarnos con tanta paz a la naturaleza norteña en primavera en esta road movie literaria tan agradable:

"(...) el pueblo es bonito y tranquilo, un remanso de paz que está situado en un lugar privilegiado, rodeado de una naturaleza que explota en primavera en un verde intenso. Que huele a calma y a ritmo suave."

Destaca en esta novela —además de la habitual buena sintaxis de su autora— unos diálogos que caracterizan a la perfección a sus personajes porque reflejan con precisión sus caracteres, una trama ágil y entretenida, un ejercicio sentimental redondo y un buen clímax dramático. Me han gustado especialmente las situaciones más divertidas (¡los despistes de Paula!) y unos flashbacks muy bien medidos por la autora, en perfecta coherencia y continuidad con su novela anterior. Pero sobre todo me han convencido los protagonistas y la química que hay entre ellos, piedra angular de esta historia. La narración en presente y el detonante de la trama en las primeras páginas trasmiten con efectividad e inmediatez, de manera que el lector se queda atrapado en la historia de Paula y Javier desde que abre el libro.

En fin, que me lo he pasado en grande viajando en una Suzuki GSR roja desde el Lago de Sanabria hasta San Martín de Castañeda, visitando el faro de Cabo de Peñas y contemplando pastar a Adelina en Luanco. 

Lector, Entre puntos suspensivos es un libro-vacación, de esas lecturas en las que te embarcas y te vas porque quieres saber qué demonios les pasa a sus protagonistas, dónde diablos está Mario el desaparecido (y por qué ha desaparecido) y disfrutar del paisaje, las risas y el camino.

El blog de Mayte Esteban: El espejo de la entrada


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miércoles, 8 de febrero de 2017

Patricia Brent, solterona de Herbert George Jenkins

La hermosa e inteligente Patricia Brent lleva algunos años en Londres, trabajando como la secretaria personal de un político de pocas luces agobiado por la ambición desmedida de su detestable esposa. Patricia disfruta de una vida sosegada, sin sobresaltos ni anhelos de ningún tipo, aunque a veces la pensión en la que vive se le torna demasiado vulgar y opresiva. Una noche sorprende a dos de sus vecinas más metomentodo comentando su condición de solterona solitaria y sufre un ataque de indignación que la lleva a inventarse una cita para cenar en el Quadrant con un imaginario prometido. Corren los años de la Primera Guerra Mundial y el azar quiere que Patricia se invente un novio coronel de permiso en Londres. Lo que la chica no puede siquiera sospechar es que la cita de esa noche solo va a ser el principio de una rocambolesca —y a menudo desternillante— historia de mentiras y malentendidos que dejará su orgullo mucho peor parado que la ofensa de que le tengan lástima por solterona.

"—La tía Adelaide es el único miembro de mi familia que sigue vivo, como ella misma se define —dijo Patricia—. Si por mí fuera, no estaría viva ni sería mi pariente pero, por desgracia, es ambas cosas, y mañana a las cinco y media acudirá a la pensión Galvin para recibir una explicación completa de mis actos.


Seguramente os ha pasado muchas veces que tenéis la intuición de que un libro os va a encantar antes incluso de abrirlo por primera vez. Eso fue lo que me pasó con Patricia Brent, solterona, de Herbert George Jenkins (1876-1923), y no solo por las estupendas reseñas que había leído al respecto en vuestros blogs, o por su portada y su sinopsis, sino porque el señor Jenkins había sido durante mucho años el editor de uno de mis escritores fetiche, P.G. Wodehouse. Intuía que un editor con el suficiente sentido del humor y el entendimiento necesarios para reconocer el talento y la gracia de Wodehouse debía tener una pluma tan ingeniosa como su cerebro. Y cuando por fin abrí esta preciosa edición de dÉpoca Editorial y leí la introducción de Ana Belén Alonso González (Qué leería Jane Austen), confirmé que estaba en buenas manos pues ésta mencionaba a mi querida D.E. Stevenson, a Barbara Pym y a Elizabeth Gaskell y a sus ilustres personajes solterones como espejo de Patricia Brent. 

Patricia Brent, solterona es una encantadora comedia romántica, british hasta la médula y con tanto charming que enamora. Divertida, ligera, simpatiquísima y llena de personajes cómicos, esta historia sobre las peripecias de Patricia y su cabezonería te roba el corazón y confirma los orígenes de esa literatura feelgood que tuvo su época dorada justo en un marco bélico similar al de esa segunda década del siglo XX. Sus puntos fuertes son las divertidas caricaturas que Jenkins realiza de sus personajes, sus ágiles diálogos cargados de humor inglés o su estupendo sentido de la casualidad en los engranajes de la trama; y, por supuesto, la romantiquísima historia de amor. Comparada con las novelas de P.G. Wodehouse me ha parecido que la historia de Jenkins tenía un ritmo más comedido, una ironía más diluida y menos complejidad en la intriga, pero sin duda sus personajes eran igual de excéntricos y su optimismo muy similar. A favor de Jenkins diré que se deja llevar más a menudo por la ternura (¡El señor Triggs!) y el romanticismo, y el impecable —e implacable— mayordomo de Lord Bowen, Peel, es un prototipo estupendo para nuestro querido Jeeves (Patricia Brent, solterona se publicó por vez primera en 1918).

Lector, una estupenda comedia romántica clásica británica para olvidarse del frío invierno.


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Patricia Brent, solterona

lunes, 6 de febrero de 2017

Los Inklings, de Humphrey Carpenter

En mayo de 1926, en uno de los cónclaves de la Universidad de Oxford, C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien se encuentran por vez primera. Lewis es profesor de literatura inglesa en el Magdalene y Tolkien de anglosajón en el Exeter, y la primera impresión que tienen el uno del otro no es demasiado buena; "Necesita un par de bofetadas", le confiesa Lewis a un amigo al respecto del profesor Tolkien. Pero a medida que coinciden en diversas cenas y reuniones de trabajo, su buena conversación y sus intereses comunes les acercan paulatinamente hasta sentar las bases de una amistad que habría de durar hasta el fin de sus días. En 1927, Tolkien funda el club de los coalbiters, donde se reúne con Lewis y otros colegas del departamento con la pasión común de la mitología nórdica para traducir del islandés sagas literarias de esta índole. Ese fue el núcleo de escritores y pensadores que más tarde se convirtió en los Inklings: Hugo Dyson, Neville Coghill, Charles Williams, Owen Bardfield, Charles Wren, Colin Hardie, Warnie y C.S. Lewis, Tolkien... Los jueves por la noche se reunían en las habitaciones del Magdalene de Lewis y se leían los unos a los otros su últimos poemas, sus relatos, los capítulos de El señor de los anillos... Los Inklings no fueron una corriente literaria, ni siquiera sus respectivas obras recibieron la influencia de sus compañeros, pero constituyeron uno de los núcleos literarios más extraordinarios de la década de los años 40 y 50 del siglo XX, y contribuyeron a cambiar y a desarrollar los estudios de anglosajón y literatura británica con un criterio tan brillante que ha llegado hasta nuestros días.

"Desde que empezó el trimestre he pasado una época maravillosa leyendo un cuento infantil que ha escrito Tolkien (...). Leer su cuento de hadas ha sido un poco desalentador, ya que está escrito como nosotros dos hubiéramos deseado escribir (o leer) en 1916; es decir, cuando uno siente que no está inventando nada, sino describiendo el mundo cuya llave tenemos nosotros."


Humphrey Carpenter, biógrafo de J.R.R. Tolkien y editor de sus maravillosas Cartas, se aproxima a los Inklings en este libro a través de la vida de C.S. Lewis, el otro pilar que mantuvo este club de literatos y lingüistas dando guerra en el Magdalen del siglo pasado. Los Inklings no solo recrea con sentido del humor y sencillez la situación de las licenciaturas de letras en el Oxford de entreguerras, sino que además aporta un retrato vivaz e inteligente de los profesores que marcaron la diferencia durante varias décadas. 

Los Inklings se disfruta por la aproximación a las figuras y las biografías de C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien o Charles Williams, pero también por la consolidación de su amistad, de sus debates, de sus dudas religiosas y literarias, de su voluntad para escribir aquello que siempre anhelaron leer; son las circunstancias y la amistad de unos escritores que crearon desde cero la mitología y los mundos fantásticos que hubiesen querido encontrar en sus libros de infancia y adolescencia, pero desde una perspectiva adulta marcada por su realidad académica y moral más actual. Los críticos no se ponen de acuerdo a la hora de señalar a los Inklings como una corriente literaria, ni de si constituyeron una influencia fuera de sus círculos universitarios, o incluso encontrar vestigios de esa influencia entre sus respectivas obras. Pero, movimiento literario o no, estilos concretos o no, influencias o no, los Inklings constituyeron un club de escritores excéntrico y extraordinario que marcó profundamente la historia de la universidad de Oxford del siglo XX y la literatura fantástica británica de su época.

Lector, para fangirlear mucho-mucho.


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miércoles, 1 de febrero de 2017

Crónica de una cacería de troles, de James McBryde


En agosto de 1899, tres médicos ingleses, James McBryde, M.R, James y W.J. Stone, son enviados por el Museo Fitzwilliam a tierras escandinavas con la misión de capturar un trol vivo. La expedición se adentra en los horizontes más bellos de Dinamarca con la única voluntad de dar caza a la criatura para poder estudiarla en Londres pero también para causar sensación en una sociedad que a las puertas del nuevo siglo estaba ávida de descubrimientos científicos. El problema es que los tres cazadores improvisados no tienen más que su ingenio y su sentido del humor inglés para soportar las condiciones de la aventura, aunque sus intentos por aprender danés —están convencidos de que los troles se comunican en esta lengua— es más que loable.

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M.R. James era profesor en la facultad de medicina de Cambridge cuando James McBryde empezó a estudiar allí obligado por la tradición familiar. Ese fue el principio de una amistad que habría de perdurar hasta la muerte de McBryde, truncando la carrera de un prometedor e ingenioso ilustrador. Llevado por la nostalgia y el cariño, M.R. James recogió los dibujos y el texto que su amigo había realizado durante una de sus excéntricas expediciones a Dinamarca, y lo publicó con el título de Crónica de una cacería de troles.

La historia funciona magníficamente bien con las ilustraciones, comparten protagonismo, y se destaca por ser divertidísima, original y encantadora. Está escrita en forma de entradas de diario, como bien corresponde a una expedición de esta envergadura. No sé vosotros pero yo me imaginaba a tres ingleses, impecablemente vestidos a la rígida moda de 1899, enfangados y exhaustos, perdidos, en medio de los páramos daneses; consultando su reloj de bolsillo, maldiciendo con exquisita educación por el lamentable estado de sus botines y parando para tomar el té. Me ha encantado esta Crónica de una cacería de troles, por su sentido del humor y la gracia de las ilustraciones pero sobre todo por el derroche de imaginación de tres hombres adultos que fueron capaces de jugar a cazar troles en una expedición científica real del Museo Fitzwilliams.

Lector, para admiradores del espíritu de J.M. Barrie y Lewis Carroll, capaces de ver prodigiosas criaturas en los parajes más insospechados. 


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Crónica de una cacería de troles